Luis Manjarrez, guerrero ciego del folclor vallenato

-El fallecido verseador dejó miles de versos regados en el universo del folclor y una carga de recuerdos que sostienen principalmente sus 10 hijos y 33 nietos-

Por Juan Rincón Vanegas @juanrinconv

A Luis Enrique Manjarrez Solano, ni las tinieblas con algunas claridades que se asomaban en sus ojos lo pudieron derrotar. Solamente lo hizo la muerte contra quien luchó durante más de un mes. Todo sucedió la madrugada del pasado 29 de mayo.

De esta manera el guerrero ciego del folclor vallenato se despidió  para siempre dejando el más grande renombre al ser un verseador fiel de esos que sus pensamientos se estacionaban en la piqueria para derrotar al rival con quien subía a una tarima, así fuera su propio hermano.

Precisamente Alcides Manjarrez, quien acumula en su memoria cientos de añoranzas llora la partida de su hermano, ese que lo animó a entrar en el universo de la piqueria donde solamente se vence al rival a punta de versos.

A la hora de la entrevista estaba llorando y cuando su voz volvió a escucharse, expresó. “No existen palabras para describir lo que siento ante la muerte de mi hermano Luis, quien fuera un guerrero del folclor vallenato. Es un momento de oscuridad en la vida y con dolor hay que aferrarse a los recuerdos donde él aparece sonriendo y haciendo lo que le gustaba”.

Cuenta que algo que lo conmovió en la despedida de su hermano en las afueras del cementerio del corregimiento de El Hatico, Fonseca, La Guajira, fueron los versos que le dedicaron algunos repentistas y más la interpretación de la canción ‘Mi hermano y yo’.

Sacando fuerzas en medio del inmenso vacío y de la tristeza inocultable, aseveró. “Esa canción me recordó tantos episodios que vivimos juntos en distintas ciudades y pueblos de Colombia donde íbamos a concursar. Ese canto es real porque pasamos muchas veces triste, así la gente dijera que todo era alegría. Nadie sabe la carga de sufrimientos, pero también es cierto las alegrías que brindábamos”.

Unión de los hermanos Manjarrez

Las historias vividas las tenía en la punta de la lengua indicando que la razón de sus victorias en distintos eventos se debió gracias a la unión de los dos. “Él era muy optimista y cuando en algunas oportunidades me daba rabia por los fallos adversos pensando que era el ganador, me decía que los obstáculos no eran más que un condimento para el triunfo. Me hacía reír con otra frase que nunca se me ha olvidado. Si te caes siete veces, levántate ocho”.

Luis Enrique Manjarrez, nació en Fonseca, La Guajira, el 19 de agosto de 1953, y en la estadística festivalera sumó 138 victorias en más de 40 años de competencia en distintos eventos, siendo la primera en 1978 en el Festival de Compositores de San Juan del Cesar y dos años después en el Festival de la Leyenda Vallenata, derrotando a su propio hermano, quien después lo superó ganando tres coronas en 1983, 1984 y 1993, respectivamente.

La confraternidad de los dos hermanos también se ponía de presente cuando ganaban porque tenían el compromiso de darle parte del dinero a su progenitora Edita Felicia Manjarrez Fragoso, una guajira valiente que fue ejemplo de fe, constancia y amor a su familia. Ella se dedicó a trabajar haciendo carbón para vender y sacar adelante a su numerosa familia. Pasaba largos ratos en el horno.

Ya metido de lleno en la piqueria Alcides contó sobre las veces que le tocó enfrentarse a su hermano. “Nunca nos pusimos de acuerdo, sino que cada uno sacaba lo suyo, pero sin ofendernos. La mayoría de veces era pensando en ganar como muchas veces sucedió, y claro la gran  ganadora era mi mamá quien recibía su dinero producto de nuestros versos. Ella falleció el cinco de octubre de 2017”.

La insistencia de Luis para que su hermano Alcides se dedicara a versear fue constante porque primero tenían un conjunto vallenato, y después se decidieron por la piqueria.

Al respecto Alcides el verseador veloz de la rima precisa que lleva excelentes mensajes como muestra de lealtad, amor al folclor y al adversario, manifestó. “Al principio quería continuar tocando y cantando en las parrandas, pero después me convencí que la piqueria era la línea. Gracias a Dios me ha ido bien. Siempre viví agradecido con mi hermano con quien batallé hasta que Dios se lo llevó”.

En el diálogo abierto y sincero Alcides Manjarrez contó que la última vez que habló con su hermano fue vía celular para comentarle que el cantante Edilson Brito, estaba interesado en grabarle la canción ‘Porque ya estoy viejo’. Ese tema lo había grabado en la década del 90 el cantante Galy Galiano y aparece a nombre de José Antonio Crespo. “Quería que hiciera valer sus derechos de autor, pero lo noté fregao, no con el mismo ánimo y me preocupé. Después hablaba con su señora Delfina Isabel Aroca Villalba, quien me contaba su proceso médico hasta que Dios se lo llevó”.

El amor de su vida

De otra parte Delfina Isabel Aroca, la mujer que conquistó el corazón de Luis Manjarrez, habló para expresar el dolor que sentía por su ausencia y la manera como le abrió la puertas del amor al verseador.

“Hace 38 años lo conocí en Fonseca donde fui a trabajar desde mi tierra El Difícil, Magdalena. Me lo encontré en la calle y al poco tiempo nos enamoramos porque me gustó su manera de tratar y lo detallista que era. Ese bello amor de cuyo fruto nacieron 10 hijos y se extendió a 33 nietos, solamente la muerte lo acabó”, dijo muy afligida.

De inmediato comenzó a citar esos gratos momentos que les otorgó la vida estando juntos y entre ellos el nacimiento de sus hijos que fue nombrando lentamente. “Carmen Cecilia, Damaris del Carmen, Álvaro Enrique, Eliécer Enrique, Onelvis Isabel, Diana Milena, Luis Manuel, Deivis Katiana, Yeilis Leonor y Deilis Leonor. Su alegría por el nacimiento de cada uno de sus hijos era inigualable y la unión familiar nuestro mayor tesoro”, así definió Delfina Isabel su amor con Luis.

 

La piqueria más larga

Luis y Alcides, los hermanos Manjarrez se enfrentaron muchas veces en una tarima, pero hay una historia fuera de lo común. Todo sucedió en el Festival de los Laureles de Distracción, La Guajira, donde el jurado declaró un empate.

Así lo narra Alcides. “Al llegar a la final el jurado nos puso verso libre y empatamos. Después en décima y lo mismo. Nos regresamos a verso libre e igual. Ante el largo tiempo de versear y viendo que el jurado no tomaba una decisión tomé el micrófono. Hablé para decir que a mi hermano le dieran el primer puesto y a mí el segundo. El jurado estuvo de acuerdo y ganó mi hermano mayor que siempre me agradeció por ese gesto único en la modalidad de piqueria”.

El recorrido de los acontecimientos se movía en su memoria tan rápido como él arma un verso, lo que provocó que hablara sobre las inquietudes de su hermano.

“Nunca se quedaba quieto y además de versear, componer y tocar acordeón; cogió algodón, hacía bloques de cemento y muchas actividades del campo”, dice con nostalgia. Todo estaba dicho en la escena de aquella tristeza herida donde aparecieron dos hermanos que se quisieron con el alma.

Para cerrar, Alcides le regaló a su fallecido hermano un verso sentido de esos que rompen con lágrimas la barrera del silencio estando escondido en los requiebros del corazón.

“Qué triste esta despedida, hoy se marcha mi hermanito, dejándome aquí solito, a luchar en esta vida. Yo lamento tu partida, y ahora quien me da la talla, mi talento se desmaya, de gran improvisador, cuando estábamos en lo mejor, te llama Dios y me falla”.

 

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