Crónica. Urumita sigue prendida en el corazón pueblerino de Silvestre

-En el viaje a su tierra el artista armó una gran parranda vallenata donde estuvieron invitados los Reyes Vallenatos José María ‘Chema’ Ramos y José María ‘Chemita’ Ramos, padre e hijo-

Por Juan Rincón Vanegas – @juanrinconv

Silvestre Francisco Dangond Corrales es un artista que nunca ha dejado de ser pueblerino, aunque se vista con ropa muy fina y viva en Estados Unidos. Él, tiene a Urumita pegada en el marco de su corazón, y de esa manera es muy difícil desprenderlo, como las calagualas que proliferan en ese territorio guajiro.

Allá, en ese rinconcito de ensueño, Silvestre nació el lunes 12 de mayo de 1980, por eso, frecuentemente añora su niñez y esos tiempos donde la nostalgia tiene el poder absoluto de pasearse por su memoria sin pedir permiso.

Por estos días, una canción de su autoría es la más escuchada, y la que ocupa el espacio designado por el pentagrama de su alma, teniendo un título donde quiere saber con exactitud sobre el tiempo de la verdad; a la par de la melodía entrega consejos y directrices que debe seguir su familia para que en la posteridad nunca lo olviden.

Se trata de ‘Si yo supiera’, un canto donde el sentimiento está en primera fila y el artista reflexiona sobre lo que puede pasar si se muere mañana.

Inspiración melancólica

Al entrar a conocer a fondo sobre el mensaje directo de la inspiración, manifiesta que no sabe por qué ese canto se le atravesó en el pensamiento. “No es que me arrepienta, pero lo escrito, escrito está, y hasta cantada, pero tiene mucha profundidad y está llena de sentimientos. Ha caído bien porque es una realidad de la vida y ni modo de obviarla. Llega cuando nadie la espera”.

Viéndolo lleno de vida a sus 38 años, y con el triunfo cabalgando a su lado, un seguidor del artista recordóla célebre frase de Diomedes Díaz: “La muerte tendrá que esperar. Tendrá que esperar”…

La apertura de los versos para la mencionada obra musical es cuando le dicen que había muerto su colega Martín Elías, y le encimaron que un pastor evangélico anunció que le iba a pasar lo mismo.

Enseguida, por su memoria aparecieron esos recuerdos cuyo epicentro es su tierra Urumita, y comenzó el paseo. Sin parar, anota que está viviendo el presente, dedicado a su arte, llevando alegrías a distintas partes del mundo y complaciendo a esos miles de seguidores que hacen parte de su entorno artístico.

“Quiero seguir viviendo los momentos que me regala la vida al lado de todos, cantando, que es lo que me gusta, y más cuando veo el agradecimiento general alo que hago, eso sí, teniendo a Dios en primer lugar. Dios es mi guía, mi amparo y fortaleza”.

La canción ‘Si yo supiera’ ha despertado alegrías, recuerdos y una realidad que al interpretarla llama la atención por su sinceridad y el amor del artista a ese terruño donde Dios lo trajo al mundo a través de sus padres William José ‘El Palomo’ Dangond Baquero y Dellys Corrales Rojas, quienes querían que su vástago fuera arquitecto, pero en el camino de la vida el canto le construyó la mejor maqueta.

El mismo Silvestre graficó esa obra musical en una sola frase. “Eso es lo que se vive, piensa y siente”. De esa manera lo cantó: “Si yo supiera que me voy a morí mañana, busco a la novia que tanto quise, junto a mis padres y les doy un beso, voy a Urumita y armo un bochinche, y al que le debo lo dejo en cero”.

De inmediato cerró el capítulo con la más grande sinceridad, producto de esos años donde pasó vicisitudes que luego enmarcó en alegrías propias de su estilo de vida. “El día que me toque partir me voy feliz”, fue su conclusión.

…Y cuando la felicidad se toma el cuerpo de la cabeza a los pies, tranquilamente puede llegar la hora del adiós y no hay reloj que pare ese momento.

Recuerdo en vivo

Cuando las vueltas de ese aire musical eran constantes, y la letra llamaba a la comprensión y meditación, Silvestre Dangond le hizo un videoclip a la canción, una apuesta llena de evocaciones donde personas y lugares aparecen en tiempo real.

El rodaje tuvo diversas connotaciones, donde se muestra desde todos los puntos cardinales las costumbres y vivencias de esa tierra donde nació la canción ‘La gota fría’ de Emiliano Zuleta Baquero.

El artista se paseó durante tres días por las calles de su pueblo. Parrandeó con los Reyes Vallenatos, José María ‘Chema’ Ramos y José María ‘Chemita’ Ramos, padre e hijo, y destacó la labor de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata para posicionar el folclor; jugó, se encontró con sus amigos, disfrutó de la gastronomía y hasta lloró, precisamente en el sitio donde quiere que sean llevadas sus cenizas.

Allá su paisana, la querida vieja María Atencio, lo conmovió y le hizo recordar las palabras dichas al interpretar su más sentida canción en el lanzamiento de su producción musical ‘Esto es vida’, que se realizó en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’.

“Si yo llego a partir, me quiero volver útil, como dijo Diomedes, después de muerto. A mí que me entierren en Urumita, que me cremen, que me lleven al cerrito de Pedro Vence, que el alcalde que esté de turno haga un caminito en el cerrito y que la gente vaya allá a visitarme. Que eso se vuelva un sitio turístico y le produzca platica a la gente humilde de allá de mi pueblo. Por favor, se los pido de todo corazón”.

Además, pidió que no le hagan estatuas, monumentos, ni homenajes, sino que le cambien llantos por canciones donde aparezca su propia historia, la que narra su grandeza, amor, nobleza y todas las dificultades, penas y glorias.

En medio de su canto hace una parada, y con el corazón en la mano le pide a Dios que por favor le cambie la fecha y le deje criar a sus hijos que son la mayor razón de su existir.

Esta canción tiene los más grandes trazos bordados con hilos de color rojo, el propio del Silvestrismo, reflejados en cada paso del artista que un día salió de su tierra para elevar en lo más alto la cometa del folclor. Esa misma que hoy vuela guiada por los vientos que soplan en sentido favorable hasta caer en la pista del recuerdo donde alguien a voz en cuello dirá: “Si yo supiera”…Y enseguida se arma el bochinche.

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