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Por Juan Rincón Vanegas  - @juanrinconv
 
En esta ocasión el acordeonero y compositor Emiliano Zuleta Díaz no estuvo en Barranquilla para quedarse, sino para cumplir con una misión del corazón. Esa misión lo llevó hasta el cementerio Jardines de la Eternidad, donde visitó la tumba de Álvaro José ‘Joe’ Arroyo, ese amigo que siempre tiene presente, a pesar que han pasado cinco años desde que ‘El Centurión de la Noche’ se despidió de la vida.
Desde su salida de Valledupar, Emilianito fue armando el crucigrama de los recuerdos, donde la palabra ‘olvido’ no aparece en el diccionario de su memoria, pero en cambio tiene muy frescos esos detalles que los unieron en el campo musical y de la verdadera amistad.
“La afinidad con el Joe desde que nos conocimos fue como el pentagrama, donde caben las notas precisas, y cada uno, a su manera, destacaba el talento. Era una persona muy detallista, y cuando coincidíamos en las presentaciones nos abrazábamos y conversábamos mucho. Nos llamábamos frecuentemente”, comienza diciendo Emiliano Alcides.
Fija su vista al cielo, se encuentra con una nube viajera de esas que hacen su recorrido sin parar, y enseguida relata: “Joe fue único, grande como cantante, compositor y arreglista. Era de esos seres musicales cuya virtud traspasaba todas las barreras. Pasarán cientos de años y será un artista insuperable. Definitivamente era un fenómeno del folclor colombiano, como en el caso del vallenato que no tienen comparación mi hermano Poncho, Jorge Oñate y Diomedes Díaz”.
De un momento a otro tomó su acordeón, se lo llevó al pecho, se sentó en la tumba y con todo el sentimiento reflejado en sus lágrimas expresó: “Joe, mi amigo querido, mi amigo del alma”. Bajó su cabeza por varios segundos, y siguió susurrando: “Joe, hoy he venido a regalarte esa canción que tanto te gustaba, ‘Mi acordeón’, la que aplaudías y cantabas algunos versos”.
Marcó la introducción, y tocado por todas las nostalgias juntas cantó:
 
Yo tenía un tema en mi pensamiento
para hacer una composición
pa' dedicársela a mi acordeón 
que está conmigo en todo momento.
Así como Alejo Durán
hizo una bonita canción
a su pedazo de acordeón
para hacer el primer festival.
Eso me llenó de emoción
y eso me ha llenado de orgullo
desde cuando vine a este mundo
tengo amores con mi acordeón.
 
Todos los presentes en el sublime acto guardaron silencio porque asistían a la más grande muestra de cariño de Emiliano Zuleta Díaz, el hombre que se ha paseado con su inspiración por todos los rincones de la geografía vallenata, y que cumplía una promesa, que le puso más grande el alma debido al peso de la tristeza.
 
‘Yo soy el folclor’
 
Emiliano contó la historia que lo llena de orgullo porque pudo grabar con Joe Arroyo una canción vallenata, exactamente, un merengue.
Se trata de ‘Yo soy el folclor’, de la autoría del compositor Luis Cujia Álvarez, quien con esa inspiración ganó el sábado dos de mayo de 1998 el concurso de la Canción Inédita en el 31º Festival de la Leyenda Vallenata.
Emiliano empieza a narrar: “Joe Arroyo escuchó la canción, le gustó de inmediato y decidió grabarla en una de sus producciones musicales titulada ‘Joe en Sol Mayor’, y tuvo a bien convocarme para que lo acompañara. Gustoso acepté”.
Para Emilianito moldear con su acordeón la voz del Joe Arroyo fue algo sensacional. “La verdad fue que a Joe esa canción de ‘El viejo moderno’, como conocíamos al compositor guajiro Luis Cujia, le encantó de entrada. Fue un amor a primera oída. Recuerdo que estábamos en la grabación de nuestro disco ‘La trampa’, año 1998, llegó Joe a los estudios y acordamos todo sobre la canción”.
El acordeonero se emociona y comenta que Joe Arroyo de tanto cantarla, ya se la sabía. La grabó sin mucha demora, y hasta regaló un saludo: “Y vengo con Emiliano, con el acordeón tocando. Para Valledupar, de parte del Joe. Esto viene con cariño”.
 
Yo soy el merengue soy el cantor
y soy del folclor original
de todos los aires soy el mayor
y soy la alegría del Festival.
Y soy el que tengo la razón
para hablar de los aires musical
y me paro en raya del folclor
a ver quién me va a hacé tambalear.
 
El célebre compositor volvió a ponerse triste. “Cuando Joe Arroyo murió yo iba para Estados Unidos, lo lloré con sentimiento y con el alma. Uno, porque fue mi gran amigo; dos, porque fue un extraordinario artista, y tres, porque se murió de esa manera y, para que entiendan su grandeza, no supo ni morirse, porque todos creemos que está vivo, y porque sus canciones no pasarán de moda”.
Anduvo de un lado a otro por la tumba del artista cartagenero, buscando en su memoria el lugar donde lo conoció. Al acordarse, dice que fue en la Caseta Matecaña de Barranquilla, donde le escuchó cantar esas canciones que hoy lo tienen convertido en una leyenda del folclor nacional.
 
Golpes del destino
 
A su regreso a Valledupar, Emilianito Zuleta Díaz siguió exaltando la grandeza del Joe Arroyo, ‘El Centurión’, y solamente frenó su relato cuando en el bus comenzó a proyectarse la película ‘Golpes del destino’, que narra una historia similar, pero en imágenes.
“Cumplí mi cometido, cosa que me hace estar a paz y salvo con el hombre que regó alegrías a través de sus bellos y pegajosos cantos y que nos dejó la enseñanza de su perseverancia para alcanzar el triunfo”.
Al cierre de la entrevista, le pregunté sobre la canción que más le gusta de Álvaro José Arroyo González. El músico vallenato se queda pensativo debido a tantos éxitos, y responde: “Del Joe me gustan muchas canciones, pero la que me llena por la carga de sentimientos y agradecimientos es ‘En Barranquilla me quedo’”.
 
Del caribe aflora
bella, encantadora
con mar y río
una gran sociedad.
Barranquilla hermosa
yo te canto ahora
con gratitud y amor
del cantor al pueblo que adora
a la nobleza y sentir
de su gente acogedora
a mi patria chiquita
que me apoyó.
 

-Es el padre del cantante Farid Ortiz, quien se ha desempeñado en distintos oficios, llegando hasta ser alcalde en 1974 del municipio de Chiriguaná, Cesar-

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv

No más se sentó en la puerta de su casa los saludos no cesaron para el hombre que durante una cantidad de años se ha dedicado a brindar sus conocimientos médicos a los habitantes del corregimiento de La Loma, municipio de El Paso, Cesar.
La historia de su vida es tan larga como sus 86 años, que ha sabido vivir al lado de varias mujeres que le han regalado 23 hijos. “Es mi gran fortuna”, dice Gerardo Emilio Ortiz Sierra, nacido el miércoles 26 de febrero de 1930 en La Jagua de Ibirico, Cesar.
De un momento a otro y ante las preguntas dibuja en su mente cientos de recuerdos que va contando detalladamente. Comienza diciendo que se desempeñó en varias ocasiones como Inspector de Policía de La Jagua de Ibirico, docente por 19 años, Concejal en seis ocasiones del municipio de Chiriguaná y dos ocasiones Inspector de Policía en La Loma.
Su mayor logro político fue ser Alcalde del municipio de Chiriguaná durante varios meses del año 1974. “Imagínese tantos profesionales brillantes en ese territorio y me escogieron para desempeñar ese importante cargo. En ese tiempo El Paso, pertenecía a Chiriguaná”, anota Gerardo Ortiz.
Dejando a un lado la política ingresa al campo de la medicina donde se ha desempeñado a cabalidad teniendo la más grande aceptación.
“Todo llegó de la mano de Dios porque desde niño me gustaba la medicina y a mi casa llegó a vivir uno de los mejores pediatras de la Costa Caribe, el médico Ernesto Tiziano Mier Rojas, y sin pensarlo lo acompañaba a todas partes y de esa manera aprendí. Él, viendo mi interés me enseño muchas cosas. Aprendí a inyectar y a poner suero, en fin todo lo de enfermería”, relata el viejo Gera Ortiz.
Con el paso del tiempo era un experto en el arte de la medicina y comenzó a defenderse solo, creando fama en toda la región donde era consultado. De esa manera dice que tiene el récord de haber salvado de la muerte a 57 niños que ya habían sido desahuciados.
Hace varios años comenzó a estudiar lo referente a la medicina natural donde también se desempeña con lujo de detalles. “Gracias a Dios me ha ido bien en este campo que dos médicos me llevan a sus hijos para que los atienda”.
De Gerardo Ortiz, también se destaca su faceta como compositor vallenato y dice que cuenta con muchas canciones, siendo la más reciente una dedicada al campo que está abandonado.

Listado de hijos

Gerardo Ortiz, tiene una memoria privilegiada y recuerda diversos hechos sucedidos en su vida como funcionario público y médico del pueblo. Para conocer sus destreza en este campo se le pregunta por el nombre de sus 23 hijos, pero enseguida anotó que lo podía dar con los nombres de las siete progenitoras.
Cuando se le dijo que no era necesario, sin más preámbulos comenzó: Gerardo, Mery, Cristóbal, Carmen, Cesar, Telmira, Crisóstomo, Carlos, Calixto, Besaida, Luis, Edgar, Santos, Farid, Leticia, Senith, Edith Marqueza, Maribel, Edgar Emilio, María del Rosario, Wilfrido, Damaris y Siwil.
Cuando terminó expresó que eran el motivo de su vida y la mayoría son profesionales. “Mis hijos me salieron buenos y no me canso de decir que son mi gran fortuna”. Enseguida anotó que le habían fallecido dos hijos.

El amor sagrado

Al dar un recorrido por diferentes aspectos de su vida, hizo un repaso por el amor, donde dice que también se graduó con todos los honores. “El amor es una de las cosas más sagradas del mundo, al amor no lo manda nadie y nadie ha definido de donde nace”, es su reflexión.
Su compañera Erma Martínez Parra, lo mira de reojo, y él al verla comenta: “Ella, me ha aguantado todas las perrerías porque me ama. Vivo con ella hace 54 años”.
Erma sonrió, y sin preguntarle expresó que “Desde que el hombre sea bueno y cumpla con sus deberes no hay motivo para rechazarlo. Los celos no iban mucho conmigo porque yo era y sigo siendo la reina de Gera”.
El viejo medico del pueblo no esperaba esa inyección de amor verdadero y solamente atinó a decir: “Que palabras tan bonitas y más recibirlas a mi edad cuando estoy por encima de todo”.
El abrazo no faltó entre Gerardo y Erma, porque ellos están convencidos, así los años estén pasando a lista, que son ‘Prisioneros de amor’, como lo dice Farid Ortiz: “Que linda condena tengo yo, sus brazos son rejas del amor”.

Recetando

El viejo ‘Gera’, no se cansa de recetar y siempre acierta porque llega directo a la causa del mal de su paciente. “Mi experiencia me lleva a acertar y la persona queda feliz y me recomienda”. Sigue disertando sobre el avance de la medicina y expresa que ahora dan muchas vueltas para dar con el problema de salud de la persona.

De repente hace una parada en la charla y habla del homenaje que le harán por estos días en el 26º Festival de Canciones Samuel Martínez, de La Loma. “Esto no lo esperaba, pero es de mi agrado y lo voy a recibir tomando valeriana para estar bien calmado y no chocar con las emociones del corazón”.
Agacha su cabeza, se acomoda sus anteojos, piensa un largo rato y enseguida le da gracias a Dios por su familia y por ser un hombre bueno, noble y que se ha ganado el cariño de todos.
Enseguida llama a Erma, su compañera, y le dice que debe tomarse la foto con él, porque ha sido la mujer que nunca se ha cansado de sobrellevar sus alegrías, sus tristezas y los diversos quebrantos de su cuerpo.
En esa foto quedaron reflejados esos dos seres que han traspasado la barrera del tiempo, que han aprendido a interpretar la vida y cuyo amor a pesar de los escapes del corazón se esconde dentro de una rosa perfumada.

Valledupar, julio 14 de 2016 - Boletín Informativo No. 047

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata anuncia que hasta el 25 de julio estará abierta la convocatoria para la creación del afiche promocional del 50º del Festival de la Leyenda Vallenata, IV Rey de Reyes, que se realizará del 26 al 30 de abril de 2017 en homenaje a Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona.

En esta convocatoria podrán participar pintores, publicistas, ilustradores, diseñadores gráficos, artistas plásticos y profesionales afines, de todo el país, con máximo dos propuestas, y el ganador recibirá un premio de 3.000.000 de pesos.

El afiche deberá estar relacionado con la continuidad y permanencia del 50º Festival de la Leyenda Vallenata, el IV Rey de Reyes y los homenajeados. Igualmente, en cada pieza se evaluarán aspectos como el manejo del color, la composición, la proyección y el impacto visual.

Las propuestas se reciben en las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, ubicadas en el Parque de la Leyenda Vallenata "Consuelo Araujonoguera", Valledupar.

El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina Araujo, al respecto indicó que “esta convocatoria publica que hacemos es la invitación para que se unan a esta causa folclórica, cultural y musical que desde Valledupar se proyecta para Colombia y el mundo. Esperamos que nos presenten muchas propuestas para el afiche del 50º Festival de la Leyenda Vallenata”.

Las bases de la convocatoria se encuentran en la página oficial de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata: www.festivalvallenato.com

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Durante cuatro horas y 20 minutos en Jardines de la Eternidad de Barranquilla se le rindió la más sublime y musical despedida al dos veces Rey Vallenato Julio Cesar Rojas Buendía, quien durante toda su vida se dedicó a sacarle notas a su acordeón hasta llegar a la cima. Además, supo extender sobre la tierra la estirpe de los Buendía, todos del mismo nombre, Julio, pero que en esta oportunidad no estaban condenados a ‘Cien años de soledad’, sino a llevar el vallenato auténtico por todo el mundo.

En ese tiempo de tarde gris y tristeza a flor de piel, los minutos no contaban, sino solamente los recuerdos que narraban sus familiares, artistas, seguidores y amigos.

El Rey de la monarquía vallenata se despidió como lo merecía, y que nunca se imaginó que fuera a tener tantos regalos de lágrimas, de flores, de cantos, de versos, de décimas, de decretos de exaltación y un Acuerdo por parte de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata donde lo pone como gran adalid del folclor que con sus coronas y su arma sonora, el acordeón, conquistó muchos reinos.

“Julio Cesar Rojas Buendía queda inscrito para siempre a través de su amplia obra musical, por su amor al vallenato auténtico y por su grandeza, en las páginas de la historia del Festival de la Leyenda Vallenata donde sus aportes fueron fundamentales para ser hoy grandes en el concierto nacional e internacional”, destaca el acuerdo.

 

Dechado de virtudes musicales 

En el acto religioso el sacerdote John Jairo Betancourt, se extendió dando a conocer las virtudes de este hijo del folclor vallenato.

“Julio Cesar ganó dos veces la corona de Rey Vallenato en Valledupar. Él, fue un dechado de virtudes humanas y musicales y cumplió con su misión de alegrar la vida con su acordeón y su talento. Muy bien lo invitaba Gabo, a sus tertulias porque le agradaba su nota clásica, y su manera de ser. Julio Cesar, partió, pero deja su legado que principalmente deben continuar sus hijos”.

El desfile desde la capilla hasta el jardín 48, lote 347, fue conmovedor porque la figura del Rey Vallenato aparecía en pancartas, y las notas de los acordeones no cesaban. En medio de todo se escuchaba con mayor frecuencia ese canto inolvidable, ‘Pena y dolor’ que él grabara con el cantante Ricardo Maestre.

Era verdad, todos buscaban un calmante para disipar un poco la pena y el dolor por la partida del Rey Julio Cesar, quien del que menos esperaba, su corazón, al que con denuedo cuidaba, lo traicionó.

Eso sucedió poco tiempo después de alejar de su pecho el acordeón al que le sacó sus últimas notas para interpretar la canción ‘Mercedes’, y precisamente cantando su autor Adolfo Pacheco Anillo, en el marco del XV Festival Distrital de Música de Acordeón celebrado en Barranquilla, y que fue en su honor.

Era el momento de la despedida final de un Rey Vallenato que llegaba al cielo para unirse a sus colegas Alejandro Durán, Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, Calixto Ochoa, Luis Enrique Martínez, Alberto Pacheco, Julio de la Ossa, Rafael Salas y Elberto ‘El Debe’ López.

 

Mi gran amigo 

Las canciones con el acordeón llorando y las voces tristes se hicieron sentir en gran cantidad, especialmente por el joven Carlos Alberto Narváez Fontalvo, quien ejecutó el son ‘Levántate María’, uno de los preferidos del Rey Vallenato Julio Cesar. Esa canción hizo que el momento fuera más sublime y el dolor se reflejara en todos los rostros.

Cuando se iba a darle cristiana sepultura, Julio Mario, quien le sigue los pasos a su papá en el acordeón, expresó pocas palabras de agradecimiento, y enseguida con todo el sentimiento tocó y cantó algunos versos de la célebre canción ‘Mi gran amigo’. 

Tan bueno y tan noble como era mi padre,

y la muerte infame me lo arrebató,

esos son los dolores y las penas tan grandes,

que a sufrir en la vida le pone a uno Dios. 

En el acto estaba el compositor de esa canción, Camilo Namén Rapalino, quien lloraba cuando las notas marcaban esa historia triste, y al final se limitó a decir:” Ese fue el mismo dolor que sentí cuando mi padre nos dejó. Cómo olvidar que se jugaba conmigo, y yo me jugaba con él”.

Cuando cesaron los cantos y el silencio sepulcral se adueñó de ese sagrado lugar, se presentó el momento preciso para que el Rey Julio Cesar llegara a su nuevo reino, el reino de los cielos…

Valledupar, junio 20 de 2016 

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, lamenta el deceso del Rey Vallenato, Julio Cesar Rojas Buendía, quien ganó la corona en dos ocasiones, 1983 - 1994, y destaca su entrega a la música que lo hizo grande en el concierto folclórico-cultural.

Julio, se distinguió por ser un auténtico defensor de esa música que llevaba en el alma y que supo cultivar hasta sus últimos días.

Precisamente horas antes de partir de la vida se presentó en el cierre del Festival Distrital de Música de Acordeón, llevado a cabo en Barranquilla, y que se realizó en su honor interpretando tres canciones al lado del maestro Adolfo Pacheco. Los temas fueron: ‘El tropezón’, ‘El viejo Miguel’ y ‘Mercedes’.

El folclor vallenato está de luto por la partida del hombre que supo darle gran trascendencia a los paseos, merengues sones y puyas, que fueron su mejor alimento desde los trece años cuando aprendió a interpretar el acordeón. También porque llevó a distintos escenarios está música y fue un excelente competidor en el Festival de la Leyenda Vallenata.

Paz en la tumba del acordeonero y compositor Julio Cesar Rojas Buendía, quien sobresalió como Rey Vallenato dejando su impronta musical que queda para la historia.

Hoja de Vida Musical del Dos Veces Rey Vallenato

Julio César Rojas Buendía nació el 29 de julio de 1959 en San Agustín, corregimiento del municipio de San Juan  Nepomuceno, Bolívar; dejó cuatro hijos: Julio Alejandro, Julio Alfonso, Julio Mario y Julio César. Recientemente obtuvo el grado de abogado a través de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla.

Entre el viernes 17 y el domingo 19 de junio le habían rendido un homenaje en el marco del Festival Distrital de Música de Acordeón, donde se presentó en varias ocasiones y contó la historia de su vida que fue bien fructífera a favor de la música vallenata. 

Durante varias oportunidades compitió en la categoría de acordeoneros profesionales del Festival de la Leyenda Vallenata: en 1980 ocupó el segundo lugar, detrás del Rey Elberto ‘El Debe’ López; en 1981 fue finalista, el Rey fue Raúl ‘El Chiche’ Martínez; en 1982 logró el tercer puesto, el Rey fue Eliécer Ochoa; en 1983, con solo 23 años, se coronó Rey del Décimo Sexto Festival, luego de vencer en la final a glorias como Ovidio Granados (segundo) Emilio Oviedo  (tercero), Andrés Landero y Náfer Durán (declarado fuera de concurso) En compañía del cajero Danny Castilla y del guacharaquero Ramón Bertel, interpretaron el paseo ‘Olvídame’ (Leandro Díaz), el merengue ‘El cordobés’ (Adolfo Pacheco), el son ‘Pena y dolor’ (Alejo Durán) y la puya ‘Cuando el tigre está en la cueva’ (Juan Muñoz); el jurado lo conformaron Gabriel García Márquez, Enrique Santos Calderón, Miguel López, Leandro Díaz y Rafael Rivas Posada.

En 1987 fue semifinalista en el concurso Rey de Reyes, el Rey fue ‘Colacho’ Mendoza’; en 1993 fue finalista en el concurso tradicional, pero fue eliminado porque su cajero, Luis Reyes, utilizó una caja con parche sintético, el Rey fue Alberto Rada.

En 1994 obtuvo  la corona por segunda vez, después de derrotar en la final a Ciro Meza y a Freddy Sierra, ante el jurado que conformaron Calixto Ochoa, Adolfo Pacheco, Elisa Castro, Darío Pimienta y Hernando Herrera. Con el cajero Luis Reyes y el guacharaquero Edwin Machuca, tocaron el paseo ‘Olvídame’ (Leandro Díaz), el merengue ‘La penita’ (Leandro Díaz), los sones ‘Pena y dolor’ (Alejo Durán) y ‘Ojos negros’ (Julio Rojas) (éste último lo interpretó en el momento del desempate con sus rivales), y  la puya ‘La mujer buena’ (Julio Rojas).

En 1997 participó en el concurso Rey de Reyes, segunda década, pero no llegó a la final, el Rey fue Gonzalo ‘El Cocha’ Molina.

En 1978, cuando el compositor Octavio Daza ganó el concurso de canción inédita con su paseo ‘Río Badillo’, la obra la cantó Armando Moscote con el acordeón de Julio Rojas.

Como actor tuvo el privilegio de debutar al lado de Darío Gómez, Rony Laitano, ‘Mingo’ Martínez y Divina Rosa Londoño, en ‘Cheverísimo’, programa ícono del humor  ‘costeño’.

Su discografía se resume así: grabó 20 producciones musicales: Gustavo Bula (1978, un álbum); Lizardo Bustillo (1980, un álbum); Ricardo Maestre (1983-1987, cinco álbumes); Miguel Herrera (1988 y 1989, dos álbumes); Joaco Pertuz (1990 y 1993, dos álbumes); Luis Vence (1994 y 2007, dos álbumes); Luis ‘Lucho’ Flores (1997, un álbum); Enaldo Barrera (1998 y 1999, dos álbumes); Marcos Díaz (2001, un álbum); Wálmer Tordecilla (2004, un álbum); Julio Rojas (2008, con cantantes invitados; 2013, un especial con cuatro canciones; y 2014, con su voz y acordeón); y Poncho Zuleta (2016, un álbum)

Entre sus éxitos sobresalen: ‘Vuelve gitana’, y ‘Ojos negros’ (con Joaco Pertuz); ‘Pena y dolor’, ‘Tristeza’, ‘Volvieron’ e ‘Indiferencia’ (con Ricardo Maestre); ‘Mejor que me olvides’ (Miguel Herrera); ‘Bendita juventud’ y ‘Si no peleamos’ (con Enaldo Barrera).

Finalmente estaba grabando con el maestro Adolfo Pacheco una producción musical del cual hay 8 canciones listas que saldrán en los próximos días.

 

Valledupar, junio 17 de 2016 - Boletín Informativo No. 046 

-Esta convocatoria que adelanta la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata tendrá vigencia del 17 de junio hasta el 25 de julio de 2016- 

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata anuncia que a partir del viernes 17 de junio de 2016, estará abierta la convocatoria para la creación del afiche promocional del 50º del Festival de la Leyenda Vallenata, IV Rey de Reyes, que se realizará del 26 al 30 de abril de 2017 en homenaje a Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona. 

En esta convocatoria podrán participar con máximo dos propuestas pintores, publicistas, ilustradores, diseñadores gráficos, artistas plásticos y profesionales afines, de todo el país, y el ganador recibirá un premio de 3.000.000 de pesos. 

El afiche deberá estar relacionado con la continuidad y permanencia del 50º Festival de la Leyenda Vallenata, el IV Rey de Reyes y los homenajeados.

Igualmente, en cada pieza se evaluarán aspectos como el manejo del color, la composición, la proyección y el impacto visual. 

Las propuestas se recibirán hasta el lunes 25 de julio de 2016, en las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, ubicadas en el Parque de la Leyenda Vallenata "Consuelo Araujonoguera", Valledupar. 

El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina Araujo, al respecto anotó que “Estamos convocando a todos los que se dedican a este arte para que se unan a la causa folclórica, cultural y musical y presenten un afiche con las más altas calidades y que sea la imagen promocional del 50º Festival de la Leyenda Vallenata”. 

Descarga aquí los requisitos y demás detalles de la convocatoria.

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

En el camposanto Jardines del Recuerdo, de Barranquilla, la pasividad y el silencio de una mañana de comienzos de junio era el polo opuesto a la alegría que caracteriza a la ciudad carnavalera.

A la entrada del lugar, la primera tumba es la de una pequeña que solamente disfrutó un día de vida. Así lo registra la lápida: María Angélica Mora Ariza, mayo 9 de 2000 - mayo 10 de 2000.

Siguiendo el camino, apareció el ormanentador Cesar Ayala Carpio, quien moviendo sus brazos mostró el lugar exacto de la tumba del cantante Rafael José Orozco Maestre, no sin antes decir que lleva 32 años trabajando en ese lugar donde las lágrimas son el mejor adorno para las tumbas de los fieles difuntos.

Al llegar al sitio, ya habían ido a ponerle flores nuevas, de color blanco y amarillo. Esta tarea la cumplen familiares y muchos seguidores del cantante desde hace 24 años. Limpiar y arreglar la tumba les permite ver en su lápida la letra original de la canción ‘Solo para ti’, uno de los regalos cantados que Rafael Orozco le hizo a su esposa Clara Elena Cabello, y a sus hijas Kelly, Wendy y Loraine. Además, se observa el detalle muy personal: “Te seguiré queriendo ‘Papurro’ lindo”, un mensaje sublime para el hombre que regó con amor a su familia. 

“Lo mejor que me ha pasado en toda mi vida

ha sido tenerte a ti como compañera,

me has dado cosas tan bellas, como mis hijas

que vivo, y doy mi vida sólo por ellas”. 

Cariño de seguidores 

El desfile de seguidores es constante, y todos, a pesar del paso de los años tienen un recuerdo tatuado a flor de piel. De pronto, llegó Esther Polo con un ramo de flores, y dijo que nunca faltaba a la cita en esa tumba porque su admiración por ‘Rafa’ sigue viva.

“Cada semana llego al cementerio a traerle flores a un familiar, y también a Rafael Orozco. Esto me hace recordar a mi hijo cuando tenía tres años, porque se la pasaba cantando ‘Dime pajarito’, y al terminar estiraba la mano para que le diéramos una moneda”.

Esta barranquillera siguió dando detalles de las muchas presentaciones a las que asistió donde actuaba El Binomio de Oro, y nombró a María Castañeda, una sobrina que tiene toda la colección de discos de Rafael Orozco e Israel Romero.

En un momento, la nostalgia la sacudió. “A ‘Rafa’ lo quisimos todos, menos una persona que le quitó la vida, y nos privó de sus bellos cantos. Ahora, fuera el mejor cantante vallenato porque su estilo es el que se impone”. Diciendo lo anterior, partió Esther con el recuerdo a cuestas, dejando en la tumba nuevas flores que son el testimonio para el hijo de Becerril, quien sigue cantándole hasta en los sueños.

Al lado de la tumba del artista está un árbol de roble que por el paso del tiempo se ha secado, pero se resiste a caer. Tal como esas canciones interpretadas por el ídolo vallenato, que nunca han dejado de sonar aunque “los ríos se desborden por la creciente y sus aguas corran desenfrenadas”.

Los minutos parecían no acabarse, aunque el día a la distancia mostraba un panorama distinto y el sol seguía calentando el camposanto. En ese momento llegaron cuatro jóvenes vestidos de negro y preguntaron a quién pertenecía esa tumba.

Al darles la información, uno de ellos señaló: “Ese era un cantante vallenato que yo escuchaba cuando era muy pequeño”.

Entonces, se dieron a la tarea de saber cuántos años tenían cuando murió Rafael Orozco. El joven que habló y otro compañero contaban 13 y 10 años, respectivamente. Los demás no habían nacido, pero si han escuchado canciones del insigne artista. 

El recuerdo sigue andando 

El viaje para visitar la tumba de Rafael Orozco Maestre fue hecho en un bus urbano. El chofer quería ganarle la carrera al tiempo e iba pitando en toda la vía, y para cualquier vehículo que se le atravesaba tenía su frase celestial. Solamente lo frenaba el semáforo en rojo.

Un pasajero pidió la parada, y enseguida le dijo en voz alta: “Pilas, pilas mi llave que voy en viaje liso”.

Más adelante, se subió un joven con una camiseta del Barcelona a vender masticables con sabor a fresa, a cien pesos la unidad. Su argumento comercial era que llegaba para que los pasajeros endulzaran el momento, y bien barato. “Ayuden a este pobre ciudadano que se gana la vida moviéndose sin descanso porque el barro está duro. Ya saben cómo es la jugada”.

De repente y sin que nadie lo pensara sorprendió a todos diciendo: “Además de ser vendedor de caramelos soy cantante y les voy a regalar una canción de Rafael Orozco, ese artista que nunca muere”.

El muchacho sacó fuerza del centro de su corazón y comenzó a cantar: 

El amor es más grande que yo

y que todas las cosas del mundo

más que el cielo, el sol y la tierra.

Es oír una expresión bonita de paz y cariño

es hablar de lo lindo en la vida con un gran amigo

y besar en la frente fruncida al ser más querido. 

Los pasajeros no le dejaron terminar cuando lo aplaudieron porque cantó con el mayor sentimiento. Y, al pasar por los puestos, muchos compraron sus dulces y le agradecieron por su canto.

Cuando el vendedor se bajó, el chofer por primera vez sonrió y no tiró su repetido madrazo. “Ese man es un bacán, se gana sus pesos suave, y no paga impuestos”. La risa fue general.

Al tocarme el turno de bajarme el conductor me dijo las siguientes palabras. “Oye cuadro, te veía anotando en esa libreta. Tírala toda”.

No tenía otra alternativa, sino cumplirle su deseo e ir directo al camposanto para visitar la tumba del inmortal artista. Un sitio donde las mariposas se quedan acariciando las flores y la brisa mece las hojas de los árboles.

Allí, el silencio es el amigo ideal para que el pensamiento haga su paseo rápido por la nostalgia, esa que tiene el poder absoluto de darle vida a los recuerdos, unir las penas, entristecer hasta el alma y también rememorar el momento cuando aquel niño cantaba: 

“Dime pajarito,

¿porqué hoy estás triste?

no escucho en tu canto

la misma alegría”.

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Hace dos meses, el hombre que tiene como mejores compañeros a los versos y cantos jocosos, sintió que le hicieron un llamado inusual, pero no a subirse a una tarima, sino que su corazón le mandó un pié forzao que no esperaba.

“Me dio un fuerte dolor en el pecho, y enseguida me tocó ir donde el médico, quien me recomendó un tratamiento a fondo, pero como el corazón se quedó quieto, pensé que era pasajero, y resulta que de un momento a otro se repitieron los dolores, no se tenía otra salida que acudir al médico y enseguida me dejaron en la clínica”.

Estas son las palabras del verseador, compositor y cantante Andrés Emilio Beleño Paba, nacido en Chiriguaná, Cesar, quien se vio en calzas prietas en un momento en el que no valieron las recomendaciones caseras, ni las alegrías y las tristezas acumuladas en su larga vida. 

Un catéter para ‘Bele’ 

Viendo la gravedad del paciente, los galenos lo remitieron de Valledupar a Barranquilla, donde le hicieron varios análisis, y hasta cabía la posibilidad que según sus palabras, “Me pusieran un reloj en el corazón (marcapasos) para que me vigilara los golpes, pero gracias a Dios pude salir invicto”.

Lo que si le realizaron al primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata fue un cateterismo, procedimiento cuyo resultado daba cuenta que el ‘Cucharón’ estaba dando la hora exacta, y solamente le mandaron un tratamiento: mucho cuidado y una dieta rigurosa, situación muy compleja para un hombre acostumbrado al buen comer. Al recibir estas recomendaciones manifestó: “Si es así, no hay problema, porque soy juicioso, dedicado, y si controlo un poco la boca, puedo seguir metido en mi mundo”.

‘Bele’ hizo una parada intempestiva, y poniéndose la mano en el pecho dijo: “Esa es la vida mía. Cuando abandone esto, si es verdad que la cosa se pondrá dura, porque sin parrandas, sin composiciones y sin versos, enseguida se me descuadra la vida”. Con la jocosidad que lo caracteriza, expresó que de este suceso debe salir una canción. “Voy a decirle a mi corazón que se comporte, que la coja suave, o como dicen los pelaos: que se relaje”. 

Sigue sonando la campana 

Las visitas a su regreso no cesaban, y todos le reportaban un agradecimiento a Dios por haberle dado unas décimas más de vida “al maestro Andrés, que por su carisma y don de gente todos lo quieren”, anotó un vecino del barrio Los Caciques.

Andrés Emilio no deja de agradecerles a todos: “Hasta que no llega un momento como este, uno no sabe lo que tiene, y quiénes son verdaderamente los que están a su alrededor. Mi esposa no alcanzaba a recibir la cantidad de llamadas preguntando por mí. No tengo palabras para agradecerles a todos. Dios les pague”.

Entonces, por vez primera su sonrisa se fue de visita a otra parte, porque las lágrimas adornaban el rostro del hombre al que los versos le salen hasta por los poros. Ya un poco calmado, tiró el primer verso después del primer llamado del corazón. 

“Tendrán que tener presente

oigan lo que digo yo,

yo le agradezco a la gente

a todo el que me llamó”. 

Cuando uno de los presentes llamó la atención sobre la canción ‘La campana’, que le grabara Poncho Zuleta, explicó: “La campana de mi canción que siga sonando: Tan, Tan, Tan, Tan. La campana de la iglesia, no!!! Esa que se quede quieta”. 

Nada que perder 

De repente, Andrés Beleño quiso referirse al concurso Rey de Reyes de la piqueria que tendrá lugar en el 50º Festival de la Leyenda Vallenata. “Será un evento muy importante donde todos los ganadores deberán hacerse presentes para darle mayor altura a la piqueria. Como primer rey de la piquería, con el favor de Dios, estaré contestando presente porque yo no tengo nada que perder”. Y acto seguido, ante la mirada de los presentes, tiró su verso retador: 

El que venga como venga

pa’ que sepan todos ustedes

yo si voy pa’ la piqueria

en medio del Rey de Reyes. 

Enseguida, el hombre del bailecito particular cuando versea, preguntó sobre los gallos que buscarán la corona del Rey de Reyes de la Piqueria, y al decirle que veinte improvisadores, dijo que “ojalá que todos se decidan, como sería de bonito reencontrarnos todos los que hemos ganado este concurso del Festival de la Leyenda Vallenata, para demostrar nuestro talento sobre la tarima. Que no se vayan a quedar, pa’ levantarnos a verso limpio”. 

Canciones en tambora 

Andrés Emilio Beleño Paba está que no cabe de la dicha porque le vienen dos nuevas canciones de su autoría en las voces de ‘Churo’ Díaz (‘Que se vaya’) y Diomedes Dionisio (‘La hora loca’). “Vienen dos nuevas canciones en mi amplio repertorio, pero voy a emprender, con el favor de Dios, mi familia, mis seguidores y mis amigos, una producción musical en aire de tambora. Yo fui este año en los carnavales de Valledupar, el Rey de la Tambora”.

Después de brindar una rápida clase de tambora, que se ejecuta y se canta en la zona conocida como La Depresión Momposina, comunicó que está que se graba porque “ese es un regalo que nos merecemos todos”.

Sin más preámbulos, y demostrando sus dotes de cantador, interpretó: ‘La perramenta’: 

“Aquí hay una perramenta

que no deja dormir a la gente

se amontonan en la puerta

peliando, dándose diente

yo les grito de allá adentro

perro, quédense quieto

perro,  que se aquieten

esos perros son callejeros

esos perros son fogoneros

esos perros no tienen dueño

cuida’o que son de Beleño…” 

Rodeado de esos animales que se mueven en su cabeza creadora se quedó el verseador y compositor, que de vez en cuando se observa el corazón para que no desafine, ni le juegue una mala pasada, porque entonces el jurado celestial tendrá que ponerle una mala calificación y salir de inmediato de la competencia terrenal.

Maestro Andrés Emilio Beleño, el mejor verso de ahora en adelante debe ser para Dios, porque permitió que siga montado en la tarima de la vida regalándole alegrías gratis a todos los que admiran su capacidad para el verso, el canto y hasta el bailoteo acorazonado.

Definitivamente Andrés Beleño tiene un corazón sincero de carne y sangre que es más fuerte que uno de piedra.

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Cuando invité a Tomás Alfonso Zuleta Díaz a conversar de lo divino y humano, lo que en términos coloquiales es una entrevista “saca tripas”, aceptó de inmediato. “Pregunte todo hoy, y mañana también”, dijo de manera jocosa.

Se sentó y comenzó el interrogatorio inicialmente sobre el homenaje recibido con su hermano en el pasado Festival de la Leyenda Vallenata.

“Doy las más grandes gracias en nombre de mi hermano Emiliano, de mi familia, a todos los que hicieron posible esta grandiosa fiesta. Este homenaje lo recibimos desde el principio con toda la humildad y toda la alegría, sintiéndonos siempre comprometidos con el folclor, con la causa vallenata”.

Hizo una pequeña parada y añadió. “En síntesis, un Festival Vallenato hermoso que transcurrió en orden y con una solidaridad única. Se volcó gente a Valledupar de todo el mundo. Supe de buena fuente que se dieron cita más de 220 mil visitantes. Esto generó un entusiasmo increíble y reactivó la economía de esta zona del país”.

Poncho Zuleta siguió con las cuentas y esta si le gustó y sonrió. “En el Festival Vallenato según algunos datos que supe de buena fuente, nos bebimos, óigase bien, nos bebimos 30 mil cajas de Old Parr”.

Volvió a aterrizar en lo del homenaje y dio las gracias a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, y exaltó a su hermano Emiliano.

“La Fundación Festival se jaló un certamen supremo y mi hermano como siempre mostró su grandeza musical, su sapiencia, su maestría. A pesar de los años que han transcurrido, mi hermano sigue demostrando que es un campeón de campeones”. Enseguida pidió un aplauso a los pocos que escuchaban la entrevista.

Ese aplauso lo animó y habló del nuevo Rey Vallenato Jaime Dangond Daza, a quien conoce porque “es un fiel seguidor del vallenato auténtico, un joven que le gusta la parranda”.

Sin más preámbulos expresó. “Felicitaciones para Jaime, quien es una gran promesa del folclor vallenato. Además, en otro orden de ideas, quedé asombrado de la cantidad de concursantes merecedores de ese galardón de Rey Vallenato, todo porque en el vallenato cada vez crece más la grandeza de estos jóvenes y de los veteranos que no bajan una línea. La escogencia de Jaime Dangond Daza fue un gran acierto por parte del jurado que vio en él un dechado de virtudes.”. 

50º Festival Vallenato 

Con toda la serenidad que lo caracteriza Poncho Zuleta hizo énfasis en el 50º Festival de la Leyenda Vallenata que tendrá lugar el próximo año del 26 al 30 de abril.

“Todos tenemos que aportar para el Festival Vallenato número 50. De esta manera el gremio de artistas, acordeoneros, cantantes, compositores, verseadores, cajeros, guacharaqueros, y demás familia del folclor, debemos unirnos porque se trata de una fecha histórica. Además será Rey de Reyes en su cuarta versión. Ya para la historia tenemos a Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, señor maestro; a mi regio acordeonero Gonzalo ‘El Cocha’ Molina, y al gran Hugo Carlos Granados, Rey de Reyes de dinastía. Y por último los 50 años de la creación del departamento del Cesar. Soberano festejo el próximo año”.

Poncho se llenó de nostalgia al realizar un recorrido por estos hechos folclóricos, culturales y musicales y anotó. “Les confieso que soy un humilde guardián del folclor y cada vez que las circunstancias lo exijan seré un fiel soldado del Festival Vallenato”.

Nada más pronunció estas palabras los presentes lo aplaudieron y ese aplauso lo animó a declarar. “Al artista lo hace el público y un público henchido, alegre como el de la noche final del Festival Vallenato, hizo que me desbordara repartiendo besos a mis hijos, a mis amigos, dándoles vivas a la vida, viva a la democracia, vivas a todo. Todo pasó porque me emocioné como lo hace cualquier ciudadano de ver tanta hospitalidad, tanta alegría, tanta grandeza. Ver como transcurrió el Festival Vallenato para mí fue muy motivante y por supuesto, yo tenía derecho a tomarme mis tragos”.

 

Materialista 

Al entregar esa declaración se puso de pie, pero antes de que diera un paso llegó la pregunta sobre el hecho sucedido con el cantante Silvestre Dangond. Sin inmutarse y como desde el principio, habló sin pelos en la lengua.

“Los padres besan a sus hijos. Mi papá me enseñó eso a mí y eso es algo que viene de los sentimientos, máxime cuando una persona como yo a ese colega Silvestre que lo quiero, que lo cargué en mis brazos cuando nació, que lo apadriné, que me orinó las piernas, que es un hijo para mí. No le veo nada. Entonces, nadie puede tener duda de mi personalidad”.

Guardó un poco de silencio y continuó. “Me gustó una nota que publicó en El Tiempo el abogado, compositor y mi gran amigo Adolfo Pacheco Anillo, donde cantó la tabla de lo que somos los guajiros”.

Volvieron los aplausos y cuando había dado unos pasos se le indagó. ¿“Pero a usted le gusta la canción ‘Materialista’? Se regresó de inmediato para contestar.

“Claro, si esa letra es bien buena porque habla de rumba, en nuestra caso es parranda, de dinero, de fama, y a ¿quién no le gusta? Tiene una letra llamativa, y una melodía bien alegre que llama a bailar”.

Poncho Zuleta se fue sonriendo y cantando: 

Materialista, interesada

lo tuyo es rumba, dinero y fama

sino es con visa, negra o dorada

entonces dudas, para enamorarte

de un buen hombre ¿por qué?

Por Juan Rincón Vanegas @juanrinconv 

En medio del agite diario que caracteriza a la capital del país, ciudad donde la carrera por llegar al destino fijado es la constante de sus habitantes, encontré en una de las calles del centro bogotano a un adulto mayor que observaba cómo trascurrían los episodios de la vida, casi sin inmutarse.

Cuando pasé por su lado, pidió algo de dinero. Sus ojos reflejaban una súplica. Le entregué lo pedido y enseguida tuve curiosidad por conocer algo sobre el personaje cuya marca principal, a simple vista, es el olvido.

Al indagarlo, dijo: “Soy ingeniero industrial. O era, mejor. Ahora soy un andariego que recorre las calles bogotanas sin rumbo fijo, leo los periódicos de ayer, antier o de más días, para saber que pasa en el mundo”.

Enseguida, sacó de su mochila varios ejemplares de la prensa capitalina y expresó: “Aquí tengo parte del país en letras y solamente leo la prensa para estar actualizado, así sea tarde”. 

Gusto por el vallenato 

De repente, Raúl, como manifestó llamarse, preguntó sobre mi ciudad de origen, y al responderle Valledupar, se le prenden las luces y por primera vez sonríe. “Eh Ave María Papá, si eres de la que llaman Capital Mundial del Vallenato, esa ciudad donde las canciones de Escalona lo expresan todo. Y ni que decir de Diomedes Díaz, el hombre que cometió sus errores, pero fue un artista fuera de serie”.

Raúl se quedó callado y de repente dijo: “¿Dígame una vaina, como dicen allá, quien en la vida está excepto de cometer un error?”. Él mismo se responde: “Nadie”.

Cuando menos se esperaba, el hombre sesentón con un léxico educado comenzó a contar su historia. “Yo soy de Medellín, las malas compañías me llevaron por el mal camino hace 20 años, y desde entonces, no he podido levantarme. En el camino quedó una familia que me rechazó y una profesión lucrativa; ahora me la paso deambulando por esta mole de cemento. Duermo donde me coja la noche, preferiblemente, debajo de un puente o en las bancas de algún parque”.

En ese momento, varias lágrimas lo acompañaron y agradeció que lo escuchen. “Esto no se lo deseo a nadie. He intentado salir, pero los problemas son más grandes que la fuerza de voluntad”. Se tapó la cara con las manos, como intentando esconder la realidad de su vida, y es entonces cuando añora sus buenos días donde era amado y respetado.

“Ahora corro más que Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez y hablo más que el comentarista Julio Arrastía Bricca en una vuelta a Colombia. Antes era ordenado y cumplidor de mi deber. Debido a mis errores, el tiempo me pasó, y me sigue pasando factura, y como en el libro de Gabriel García Márquez, no tengo quien me escriba”, dijo en un tono de querer que la vida regrese a sus años de juventud.

Nuevamente cae en la charla la música vallenata, y expresa que nunca conoció al maestro Rafael Escalona Martínez, pero que siguió de cerca la serie de televisión que llevaba su primer apellido: ‘Escalona’. “Si mal no recuerdo fue en 1991, sus protagonistas eran Carlos Vives y Florina Lemaitre, quienes hacían el papel de Rafael y ‘La Maye’, respectivamente”.

De repente, se quedó callado, y todo indicaba que por la mente del viejo andariego desfilaban las escenas de esa historia televisiva que cada noche paralizaba al país. “Me sentaba frente al televisor y me atraía esa historia, así como lo hace el tango, me llamaban la atención esos pueblos y todos sus personajes”.

Cuando menos se esperaba, dijo: “Se me quedó pegada en la memoria la canción ‘Jaime Molina’, que era un pintor amigo de Escalona, y de esa amistad surgió una canción”. No se sabía al pie de la letra la canción, pero se le recordó. 

Recuerdo que Jaime Molina

cuando estaba borracho ponía esta condición

que, si yo moría primero, él me hacía un retrato

o, si el se moría primero, le sacaba un son

ahora prefiero esta condición

que él me hiciera el retrato y no sacarle el son. 

“Esa es, que delicia. El mundo es un pañuelo donde todo está cerca, y yo me he encontrado con un vallenatero”, manifestó emocionado Raúl. 

Las canciones de Diomedes 

Siguiendo en sintonía con el folclor vallenato, el personaje ahondó en la vida de Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’, y expresó que sigue escuchando sus canciones. Además, que se enteró de su muerte por la prensa vieja, que para él siempre es nueva. “Una noche me puse a leer y encontré que Diomedes había muerto cuando estaba dormido, que le harían homenajes, y él sí que los merecía”.

Vuelve a quedarse callado, se acomoda la gorra con la cual dice proteger su abundante barba, y enseguida anota. “Desde muy joven, Diomedes se le midió al canto, así lo rechazaran. Fue un bravo. Bien bravo, y vea la gloria que alcanzó, por sus propios medios. Ese Diomedes era inigualable”.

Al invitarlo a recordar una de sus canciones, su mente cansada no demoró y dijo que era ‘Mi muchacho’. “Una historia tan real que provoca hasta llorar”. 

Ese muchacho que yo quiero tanto

ese que yo regaño a cada rato

me hizo acordar ayer,

que así era yo también cuando muchacho

que sólo me aquietaban dos pencazos

del viejo Rafael.

Y se parece tanto a papá

hombre del alma buena. 

Continuó recordando canciones de Diomedes, que sus oídos ahora recepcionan por los lugares por donde pasa, recalcó sobre el talento innato del hijo de Rafael y Elvira, quien partió de la vida el 22 de diciembre de 2013. Ese mismo que al ‘Intelectual andante’ le acongoja el sentimiento.

En la fría capital se quedó el hombre al que las alegrías no le llegan ni a cuenta gotas, porque las tristezas y nostalgias se le adelantan y son sus compañeras permanentes. El hombre que nunca tiene un rumbo definido a donde ir y cuyos días son iguales, así el sol los diferencie con su temperatura. El hombre que entregó una lección de recuerdos, así los malos pasos hayan dejado cicatrices en su cuerpo y en su alma.

Raúl se quedó medio sonriendo y moviendo su mano derecha para dar las gracias por esa charla que por instantes lo devolvió a su añorado ayer. Llegó a un sitio donde eventualmente puede disfrutar de una comida caliente, bañarse y recibir una palabra de aliento basada en las Sagradas Escrituras.

En la despedida del periodista con el ‘Intelectual andante’ solamente había que dedicarle ese sentido verso de Diomedes Díaz: 

Me voy, pero ten presente

que muy dentro llevo tu imagen grabada,

eso fue lo que le dije aquel momento antes de partir…