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Las colitas

Para hablar de las colitas nos debemos remontar a la época de la fundación del Valle de Upar en 1550. En estos tiempos, la música, como el vestido y las costumbres, dividía verticalmente las clases sociales. De un lado la aristocracia criolla se divertía al son del piano, la guitarra y el acordeón que acompañaban los valses, cuadrillas y lanceros, mientras que el pueblo se divertía bailando al son del tambor y la flauta. Las Colitas eran una prolongación de las diversiones de los ricos en el ambiente de la gente del pueblo, mezclándose momentáneamente unos y otros. Después de terminada las fiestas salían en grupo por las calles bailando y cantando y terminaban en una casa elegida o escogida al azar, donde se celebraba un baile alrededor de un madero, punto en que tocaban y cantaban los músicos. Estas prolongaciones de fiesta duraban varios días dependiendo del entusiasmo y significación de la fiesta.

Las Décimas

Después de la conquista y una vez producida la fusión tri-étnica tanto en lo físico como el musical, la décima se incorporó al canto de toda la Costa Atlántica Colombiana, donde sus cultores la asimilaron e imprimieron un estilo propio que hoy pervive. Considerada como un verdadero alarde de ingenio y talento, la décima es la combinación métrica de diez versos octosílabos que van rimando, en perfecta armonía y consonancia, el primero con el cuarto y el quinto; el segundo con el tercero; el sexto con el séptimo y el décimo; y el octavo con el noveno. Admite puntos o dos puntos después del cuarto verso y no los admite después del quinto. La décima vallenata, particularmente, tiene por lo general tres estrofas de diez versos cada una y a veces cuatro estrofas, siempre precedidas por una estrofa de cuatro versos llamada "cabecilla", la cual contiene un resumen o insinuación del tema.

 

Antes del acordeón, la victrola, el pick up y el disco, la clase popular vallenata y costeña en general, tuvo la décima como su forma más generalizada del canto. El decimero era -y es aún- un poeta popular que utilizaba la décima para comunicar sentimientos, críticas, advertencias, o simples mensajes, interpretando, con la sola voz y sin acompañamiento de ningún instrumento, los recados propios o ajenos que quería hacer conocer del resto de la población. En cuanto al género vallenato, puede decirse que la décima es uno de los tres ancestros de este canto, herencia que aún puede notarse en algunas composiciones que llevan los que aquí llamamos "versos de diez palabras" (estrofas de diez versos) utilizados todavía en Merengues y Paseos celebrados por el público que los considera clásicos entre los clásicos. Algunos casos particulares como los de Emiliano Zuleta Baquero, Leandro Díaz y Camilo Namén pueden ponerse como ejemplo de buenos constructores de décimas, métrica que utilizan fácilmente en los versos de sus composiciones. Entre los jóvenes poco se cultiva este género, pero sobresale entre ellos, con propiedad y dominio del tema, Iván Zuleta.

      

La parranda Vallenata

La Parranda es, fundamentalmente, un rito de amistad. La más alta celebración que se hace por motivos muy especiales y en honor de alguien o algo que se quiere exaltar. Los contertulios se sitúan alrededor del conjunto de música vallenata y en medio de gran silencio y atención escuchan los cantos que éste interpreta. Entre canto y canto aparecen los chistes, las anécdotas, los cuentos, las historias que dieron origen a algunos cantos, mientras el licor circula profusamente entre los invitados que finalmente, bien avanzadas las horas, acaban degustando el suculento sancocho que ha estado hirviendo en los fogones debajo del confortable palo de mango que está en el patio de la casa.

Parranda que se respete dura más de dos días y siempre cuenta con más de tres o cuatro conjuntos que se alternan y, tácitamente, compiten para demostrar su versatilidad ante el exigente círculo que únicamente los escucha, ya que bailar en las parrandas se considera poco menos que un sacrilegio. De allí, de la controversia en el canto, surge a su vez la piqueria. Las Parrandas fueron el medio de comunicación del vallenato hasta la llegada del disco, la radio, las casetas, la televisión, etc. A diferencia de las colitas, las parrandas no han desaparecido, ellas siguen representando el legítimo ambiente social del vallenato y una de las más altas expresiones del mismo.

Cantos

Los primeros acordeoneros de que se tenga memoria fueron a la vez autores de los cantos que interpretaban; cantos que desde entonces ya tenían una clara diferencia rítmica y una estructura musical propia que los clasificaron para siempre como Paseos, Merengues, Puyas y Sones. Entonces no había, como hoy, una persona especializada únicamente en hacer el canto, otra en ejecutarlo en el acordeón y una tercera que los cantara. El acordeonero era un ser integral que con igual destreza hacía sonar el acordeón e interpretaba a voz en cuello cantos de su propia inspiración.

Y hechos los primeros cantos, los acordeoneros se convirtieron en correos cantados, en periodistas musicales que iban de pueblo en pueblo y de vereda en vereda llevando la información de los últimos sucesos narrados en los Merengues, Paseos, Puyas y Sones que cantaban en las horas vespertinas cuando se reunían a descansar y, en ocasiones especiales, a bailar en las célebres cumbiambas que se formaban con motivo de las fiestas patronales.

 

Danzas

El pueblo mantuvo la memoria melódica de sones anónimos muy antiguos que como "El Pilón" y "El Amor-Amor" pasaron a convertirse, el primero, en la danza más popular de todas las que se bailan en la región, y el segundo, en una especie de "Himno Nacional del Vallenato" con el que, ritualmente, se concluyen todas las parrandas:

  • El Amor Amor
  • El Pilon

 

El amor-amor

Es un canto popular anónimo que consta de estrofas de cuatro versos de rima asonante, con el cual se celebran los grandes acontecimientos privados de la gente del folclor y con el que, ritualmente, se concluyen todas las parrandas. Sus estrofas se componen de cuartetas en ritmo de paseo hechas con versos picarescos y audaces que cada quien aumenta según su propia inventiva.

 El Pilón

Es un canto popular de autor anónimo, con su propia coreografía, mantenido por la tradición oral como herencia sentimental y costumbrista de uno de los más arraigados rituales domésticos, como lo era, para nuestras abuelas, la pilada, la cocción y elaboración de los alimentos a base de maíz. Todo lo cual se hacía en los amplios traspatios de las casas solariegas de antaño en las madrugadas plateadas por la luz de la luna y en la compañía de un lucero inmenso y brillante que muchos consideran que es el planeta Venus; pero que para nuestros abuelos era simplemente El Molendero.

 

 

 

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