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Por Juan Rincón Vanegas
“Vengo a inscribirme para participar, más no para concursar”, fue lo primero que dijo la veterana pilonera Maritza Viña Guerra, al llegar a las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata.
Llegó vestida de pilonera y con su sonrisa característica. Llegó hablando de los logros de su grupo El Pilón Cañaguate, que atesora los más grandes triunfos, incluso una declaración de fuera de concurso.
La pregunta no podía faltar sobre esa decisión de participar y no concursar en el desfile de piloneras. Entonces sin pensarlo anota. “Lo venía pensando desde hace mucho rato y después de 14 años ininterrumpidos concursando y haber ganado en nueve ocasiones y ser declarados fuera de concurso, había que darse unas vacaciones. En fin, decidimos no concursar para abrirle espacio a otros grupos que vienen demostrando grandes cualidades y los cuales admiro por su trabajo y entrega”. Recordó que antes de conformar su propio grupo de piloneras hizo parte de otros que le dieron la oportunidad y donde adquirió la mayor experiencia.
En esta ocasión los jurados no le darán ningún puntaje al Pilón Cañaguate, sino el público les brindará su aplauso por la puesta en escena de la tradicional danza. “Nos presentaremos con 50 parejas y daremos una sorpresa que será del deleite de todos los asistentes”, anotó Maritza.
De esta manera el 29 de abril después de las tres de la tarde El Pilón Cañaguate contestará presente y volverá a demostrar su ingenio, talento y sus grandes deseos de dejar muy en alto este tradicional desfile donde se mueve como pez en el agua.
Seguidamente Maritza indicó que “Como no vamos a concursar estoy dedicada a brindar algunas asesorías a distintos grupos de piloneras porque hay que seguir sembrando la semilla del folclor, especialmente entre los niños y jóvenes. De igual manera voy a regalar varias cosas que tengo para el museo de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Todas hacen parte del viejo pilón”.
Claro, que en medio de la charla hizo énfasis en las presentaciones que el grupo ha realizado a nivel internacional logrando sonoros triunfos como en la Feria de Machiques, Venezuela.

La historia
Tantas y tantas personas que han hecho parte de la historia de este grupo que ella pasa revista en su memoria y tiene palabras de agradecimiento para aquellos que correspondieron a su llamado y la han acompañado en esta travesía folclórica.
Entonces da algunos nombres de las personas que tienen mayor tiempo en el grupo: Mery Luz Díaz, Ana María Vides, Tatiana Cardoso y Diana Jimeno.
En medio de la emoción hizo mención de su hijo Jair González, quien en los últimos años ha sido pieza vital para obtener esas victorias folclóricas.
También destacó el agradecimiento eterno para Consuelo Araujonoguera y Cecilia ‘La Polla’ Monsalvo, quienes le dieron la importancia a esta danza y la llevaron al Festival de la Leyenda Vallenata hasta convertirla en concurso.
“Ese fue un gran acierto de la inolvidable ‘Cacica’ y ´La Polla’ porque en estos momentos no tuviera la importancia que ha adquirido y más por ser la que da la bienvenida a un nuevo Festival Vallenato. Cada día esta danza toma mayor fuerza y del año pasado se tiene el registro de 115 grupos de piloneras inscritos”.

Cañaguate florecido…
Estando sentada dando la entrevista le llamó la atención un Cañaguate florecido y pidió que le regalaran una foto en ese escenario natural. Entonces sonrió más, sus ojos brillaron y moviendo su pollera hizo una demostración de cómo se baila el pilón, ese que se escondió en su alma estando muy joven y la que le ha dado esas alegrías que no tienen precio, pero que se cantan con el corazón pintado de todos los colores que tienen los finales del mes de abril.

A quién se le canta aquí
a quién se le dan las gracias,
a los que vienen de afuera
o a los dueños de la casa

 

Por Juan Rincón Vanegas

La tristeza se le pintaba en sus ojos y a veces se le notaba un tinte de alegría. Todo porque vino a Valledupar a cumplir una misión donde los recuerdos jugaban de titulares y el sentimiento se le apretujaba en su corazón.
En medio de las personas que se inscribían en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ para los distintos concursos del 47 Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Diomedes Díaz, ‘El Cacique’, estaba Rosana Espinosa Ballestas, quien llegó procedente de Turbaco, Bolívar, a cumplir la voluntad de su compañero fallecido hace casi cuatro meses.
“La mayor ilusión del compositor Heriberto Salamanca Espinosa, con quien viví 14 años y tuve tres hijos, era participar en el concurso de la canción inédita del Festival Vallenato, pero falleció en un accidente el dos de diciembre del año pasado cuando a la moto que conducía se le explotó una de las llantas. Eso sí, dos meses antes del suceso que nos cambió la vida, había hecho y grabado la canción titulada: ‘Que me pongan tu sangre’. Qué más puedo decir”.
Entonces cierra los ojos, calla y se le respeta el silencio, ese silencio donde el corazón habla por sí solo y envía señales de todos esos instantes de alegrías cantadas que se metían por todos los rincones de su hogar y que ahora se registran en una gráfica de tristeza.
Enseguida, vuelve y toma la palabra para expresar: “Le vine a cumplir su voluntad y me lo pinto feliz aquí en el mismo lugar donde estoy ahora, esperando el turno para cumplir su sueño”.
Unas lágrimas aparecieron y recorrieron sus mejillas. No se las borró sino que las dejó correr como testimonio del compromiso del amor que se ha perpetuado con el paso del tiempo.
Entonces le sale una voz de aliento cuando indica que su hijo mayor, Erick Daniel, quien cuenta con 10 años, es cantante y muchas veces acompañó a su papá en presentaciones y en los distintos concursos. “Estimulo el talento de mi hijo para que siga los pasos de su papá. Es todo un artista”, manifiesta Rosana.
Heriberto Salamanca Espinosa, como compositor y guitarrista había ganado varios concursos en esa vasta región donde habitaba, siendo el triunfo más importante el que obtuvo el año pasado en el Festival Bolivarense de Acordeones que se realiza en Arjona, Bolívar, con la canción ´Mandato divino’. Dejó más de 123 canciones de su autoría, algunas de ellas grabadas.

Los recuerdos viven
Rosana se admiraba de la majestuosidad del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, y de la belleza de Valledupar, la Capital Mundial del Vallenato, pero no dejaba de recordar a su gran amor y esos comienzos donde los detalles sencillos, las miradas conquistadoras y las canciones cumplían su objetivo.
Entonces narra que ella desde muy jovencita hizo parte de la reconocida agrupación ‘Las Musas del Vallenato’ donde fue cantante, pero se retiró debido a problemas de salud.
“Fue una época muy linda, porque en esa época conocí a Heriberto que me conquistó con sus detalles y me hizo la canción ‘Humilde amor’. Al morir contaba con 33 años y era un hombre perseverante, inquieto, humilde y servicial. De ese bello amor me quedaron tres retoños que son mis hijos: Erick Daniel, Yinaris Andrea y Keiner David”.
Cuenta enseguida que Heriberto aprendió a tocar guitarra porque iba donde los amigos para que se la prestaran. “Viendo eso, me di a la tarea de hacer una rifa y pude comprarle su guitarra. Se imagina la felicidad de ese hombre con el regalo que anhelaba con todo su corazón”. Entonces por primera vez suelta una sonrisa y se lo imagina componiendo y cantando esas canciones donde el centro de la inspiración era ella.
No quiso decir siquiera la primera estrofa de la canción ‘Humilde amor’, porque la nostalgia podía hacer metástasis y provocarle dolores hasta en el alma. Quedó a enviar la letra donde se pinta de cuerpo entero el amor de un hombre que supo beber del agua que en ese momento tenía agradable sabor a cielo.

Nos vamos con todo…
El deseo del cantautor turbaquero era hacerse sentir en el papá de los festivales, como solía decir, y por esto con anticipación tenía lista la canción para dejar sentado su amor a la música vallenata, pero el tiempo no le alcanzó para estar de cuerpo presente, pero Rosana con todo el amor del mundo lo hizo por él.
Ella, vestida de luto, mira al cielo para dejar sentado que cumplió el compromiso, y recuerda con mucho dolor las palabras que Heriberto Salamanca recalcaba pensado en el Festival Vallenato: “Nos vamos con todo pal’ Valle”.

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