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Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

En medio de los ajetreos de la entrega de la nueva producción musical titulada: ‘Patrimonio cultural’ al lado del Rey Vallenato Álvaro López, aparece Jorge Oñate para ratificar su encuentro con la música que ha amado toda la vida.

Muy sereno y  más espiritual cuenta que “es una satisfacción, es una alegría regresar y llegar a 50 años de vida artística. Es algo grande. No hay como darle las gracias a Dios al permitirme llegar a estos momentos”.

Como si los recuerdos hicieran fila en su cerebro comienza a narrar que es hijo del Festival de la Leyenda Vallenata. “Yo nací con el Festival Vallenato. Además, partí el evento en dos al ganar cantándole a Miguel López en 1972 y 20 años después repetí la misma historia con su hijo Álvaro, mi actual acordeonero”.

Se queda callado unos segundos y sigue hablando: “Soy el cantante que más ha grabado con Reyes Vallenatos. Mire la lista: Miguel López, Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, Raúl ‘El Chiche’ Martínez, Gonzalo ‘El Cocha’ Molina, Álvaro López, Fernando Rangel, Julián Rojas y Cristian Camilo Peña”

Para rematar sobre este tema festivalero, entre risas anota que grabó con dos acordeoneros que también son Reyes Vallenatos, así no aparezcan en el registro: Emiliano Zuleta Díaz y Juancho Rois”.

Cuando nombra a Juancho Rois varias lágrimas recorren su rostro porque viene a su mente esa etapa gloriosa con ‘El Fuete’, de la que figuran canciones como “Mujer marchita’, ‘Lloraré’, ‘Sanjuanerita’, ‘Ruiseñor de mi Valle’, ‘Nació mi poesía’, ‘Paisaje de sol’, ‘Lirio rojo’, ‘Un hombre solo’, ‘La gordita’, ‘Al otro lado del mar’, ‘El corazón del Valle’, ‘Calma mi melancolía’, ‘Dime por qué’, ‘La contra’, ‘El cariño de mi pueblo’, ‘Amar es un deber’, entre otras.

La nostalgia lo arropa al recordar esas y algunas canciones más y enseguida expresa. “Yo conservo el vallenato. La cadencia, la poesía. No me salgo de ese estilo. No pierdo mi identidad musical. Antes de salirme de eso mejor me retiro de la actividad musical. Por eso donde voy defiendo a capa y espada el Festival Vallenato. Los otros festivales son buenos y siempre los aplaudo, pero el papá de los festivales es el Festival Vallenato. Es el festival de mi corazón y he sido su mejor hijo”.

Pasando a otro aspecto del folclor vallenato se refirió al llamado de la Unesco. “Esa importante entidad llamó la atención porque realmente se está perdiendo la originalidad del vallenato y tenemos que ponernos las pilas para conservar sus raíces. Hago un llamado respetuoso, principalmente a los jóvenes, para que no dejemos morir nuestro querido vallenato”.

Pensó un momento y lanzó una propuesta. “Hay que darle el valor a nuestro folclor, a nuestra música vallenata, y que se haga valer la ley. Que suenen ocho canciones nuestras, cuando digo nuestras es de Colombia, y una de afuera. Así se hace en otros países”. 

Para largo rato 

Ahora que Jorge Oñate regresa a la pasta sonora está feliz por su nueva unión con Álvaro López, por el apoyo de sus seguidores y de los medios de comunicación. Por lo anterior dice que seguirá en competencia.

“He llegado a esta instancia por mi disciplina y al amor que le he tenido a mi arte, a mi vocación musical y porque quiero mi música vallenata. Cuando nací el vallenato no era comercial, de pronto se volvió comercial pero manteniendo sus raíces. Yo no me salgo de la autenticidad del vallenato y de la originalidad y me mantendré hasta el final de mis días”.

Ahora, está atando cabos para que todo salga como está previsto, después de estar alejado cuatro años de la pasta sonora.

“Con el favor de Dios saldremos con la mayor fuerza. Ya el adelanto de ‘La batea’ tiene moviendo a toda Colombia, y lo que viene es superior”.

Entonces toma una hoja y va leyendo las canciones y sus respectivos compositores que le hacen compañía en su nuevo proyecto musical.

‘Patrimonio cultural’ (Roberto Calderón), ‘Meneando la batea’ (Andrés Beleño), ‘Seductora’ (Efrén Calderón), ‘La crítica’ (Omar Geles), ‘Sueña corazón’ (Gustavo Gutiérrez), ‘Las mujeres’ (Romualdo Brito), ‘Escalando mi montaña’ (Aurelio ‘Yeyo’ Núñez), ‘Aquí estoy yo’ (Rafael Manjarréz), ‘Dueño de tu vida’ (Roberto Oñate), ‘Solamente mía’ (Eduardo Fonseca ‘Cachurra’), ‘Por qué será’ (Omar Geles), ‘Pégate a la sabrosura’ (Rolando Ochoa), ‘Algo te diré’ (Kike Araújo) y ‘La aventurita’ (Juan Segundo Lagos). 

Poncho Zuleta en la batea 

Con Jorge Oñate nunca faltan los apuntes jocosos. El locutor y presentador Álvaro Álvarez le dijo que Poncho Zuleta había parado la grabación de sus tres canciones de adelanto porque la canción ‘La batea’ estaba sonando por todas partes.

Ante esa aseveración Jorge Oñate anotó: “Y como no, si Poncho está que también se menea como la batea”.

Regresa el cantor ese que ha regalado su voz a varias generaciones dejando estelas de alegrías y nostalgias en ese trasegar por los caminos del folclor donde se encontró con esos hombres que les componían a la vida, al amor, a la naturaleza, a los amigos, y que él se encargaba de llevar a la pasta sonora.

Regresa el amor eterno de la patrona Nancy Zuleta, el padre bueno, el abuelo querendón y el amigo inigualable.

Regresa para volver a decirle al mundo como se canta el verdadero vallenato ese que sale del corazón del alma y se siente hasta en La Paz, su pueblo.

Regresa el hombre al que en cierta ocasión le preguntaron sobre el nombre de los tres mejores cantantes de la música vallenata y sin dudarlo dijo: Jorge Oñate, ‘El Jilguero de América’ y ‘El Ruiseñor del Cesar’.

 

Hoy se cumplen 22 años de la muerte del célebre acordeonero que con sus notas se hizo grande en el concierto vallenato. 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

La noche del lunes 21 de noviembre de 1994 quedó marcada en la vida del cantante Enaldo Barrera Hernández, conocido como ‘Diomedito’, quien esperaba al acordeonero Juancho Rois para amenizar una parranda en El Tigre, Estado Anzoátegui, Venezuela,  pero nunca llegó.

Ahora, 22 años después, ‘Diomedito’ se sienta a llamar ese recuerdo que quedó sembrado para siempre en su memoria, no sin antes contar la manera como se hizo verdadero amigo del célebre acordeonero sanjuanero.

“A Juancho Rois lo conocí en Bogotá dos meses antes de morir porque le habían hablado de mi. El puente lo hizo Ponchito Castro, ahora manager de Jorge Celedón, quien me llamó y me dijo que Juancho quería que lo acompañara a una parranda en Cúcuta. No le creí de inmediato porque para mi era casi un imposible”.

Al día siguiente y ante la insistencia tomó en serio las llamadas y aceptó encontrarse con el acordeonero en el aeropuerto El Dorado, pero casi lo deja el avión.

Entonces hace la radiografía del primer diálogo después del saludo a Juancho Rois: ¡Eche, ‘Diomedito’!, vas a comenzar como el compadre Diomedes, siempre llegando tarde.

- Perdóneme Juancho,  mijo,  pero te prometo que esto no vuelve a pasar.

- Tranquilo pela’o, que te estoy  ‘mamando gallo’, expresó Juancho Rois.

Ya en el avión ‘Diomedito’ no salía de su asombro, al estar sentado al lado del gran Juan Humberto Rois Zuñiga, una de las más iluminadas estrellas de la música vallenata que ha dado San Juan del Cesar, La Guajira.

En la parranda ‘Diomedito’ estuvo dichoso de moldear su voz con el acordeón de Juancho y al final fue retribuido con un buen pago.

“Lo del pago fue lo de menos porque mi dicha era grande tocar al lado de Juancho Rois, quien me prometió que me iba a poner a grabar al lado de su paisano Emerson Plata, quien seguía su estilo”.

Juancho se interesó tanto en ese proyecto musical que habló con los dueños de la parranda para que lo patrocinaran, y dijo que sería el director y el encargado de escoger las canciones.

A los pocos días de llegar a Bogotá Juancho y Diomedito visitaron los estudios de Alfonso Abril, llegando a un arreglo y se acordó la grabación para enero de 1995.

“Al salir del estudio era el hombre más feliz del mundo. Se iba a cumplir mi sueño de grabar y más que Juancho me dijo que me iba a dar una canción de su autoría y le iba a meter el acordeón”. 

Encuentro con Diomedes Díaz 

La amistad con Juancho cada día iba viento en popa y lo invitó a uno de sus conciertos con Diomedes Díaz. El encuentro con ‘El Cacique de La Junta’ fue en Zipaquirá. Allá hablaron de todo un poco y estuvo invitado a tarima donde juntos cantaron; ‘Mi primera cana’.

“Le agradecí a Juancho ese gesto bien bonito, y lo que hizo fue decirme que tenía una nueva parranda en San Andrés Islas para que me alistara”.

Enaldo Barrera ante tantas atenciones de Juancho Rois lo invitó a almorzar un guiso de gallina criolla en su casa ubicada en Floresta Sur.

“Ese día supe más de la calidad humana de ‘El Dios del Acordeón Vallenato’ como lo bauticé, Llegó a mi humilde vivienda, y compartió más de dos horas con mi familia”. 

La parranda 

Ese idilio de amistad musical seguía su camino y Juancho Rois volvió a invitar a ‘Diomedito’ a una nueva parranda, esta vez en Venezuela que coincidía con presentaciones de Diomedes Díaz.

Hasta ‘El Tigre’ llegó el cantante, y comenzó la espera en el lugar donde se haría la parranda. Pasaban las horas y Juancho y sus acompañantes Rangel ‘El Maño’ Torres, Tito Castilla, Jesualdo ‘El Zurdo’ Ustáriz y Eudes Granados no llegaban.

“De un momento a otro avisaron que la avioneta donde venían había sufrido un accidente. En medio de la oscuridad de la noche el ala izquierda de la aeronave impactó con una antena y se vino a pique”.

‘Diomedito’ al llegar al hospital donde habían sido llevados no se imaginaba la gravedad del hecho.

“Llegué y al primero que ví fue a ‘El Zurdo’ Ustariz y le pregunté por los demás. Vi a Tito Castilla inconsciente y luego despertó. De repente un médico me pregunta que si era familiar de los señores que se accidentaron. Le dije que hacía parte del grupo, pero que no estaba con ellos”.

En este momento Diomedito agacha su cabeza al recordar las siguientes palabras del médico: “Bueno, pues venga para que reconozca a las personas que fallecieron en el accidente”.

Medita y sigue. “Recuerdo que pensé: ¡Dios mío!, que no sea Juancho, que no sea Juancho, Señor Bendito”

El mundo se le vino encima cuando al primero que le muestra el médico forense  es a su amigo y mentor del alma, Juan Humberto Rois Zúñiga.

“No hay palabras para expresar lo que sentí. No podía creer muerto a mi amigo querido. Al hombre feliz que tenía 35 días de casado y cuya señora estaba embarazada, al acordeonero que más confió en mi talento”.

Cuenta que quedó mudo, bloqueado y en un shock total por la muerte de Juancho y sus acompañantes. Sentía que era una pesadilla, pero le tocó reponerse porque los dueños de la parranda le pidieron los acompañara para que compraran cuatro féretros e igual número de vestidos enteros para Juancho Rois, Rangel ‘El Maño’ Torres, Eudes Granados y el piloto Pedro José Monsalve.

“Esa misión ha sido la más difícil y dolorosa de mi vida. Primero se escogieron los féretros y busqué la ropa para Juancho. Recordar es vivir ese nefasto momento que me marcó de por vida. Con profundo dolor en el alma quisiera retroceder la máquina del tiempo para cambiar el rumbo de esta historia triste para el folclor vallenato”.

Desde ese instante Enaldo Barrera ‘Diomedito’ vive recordando a Juancho Rois, su noble y buen amigo, en cada presentación que hace y más ahora que lo acompaña en el acordeón su hijo Enaldo Barrera Jr. quien es un fiel seguidor de sus notas.

Enaldo no deja de recordar a Juancho Rois e indica que está escribiendo un libro titulado ‘El Personaje’, donde dos capítulos son dedicados al excelso acordeonero, y se despide cantando: 

De lejos muy lejo’ un acordeón

de notas muy lindas yo escuchaba

y por esa nota acentuada

yo dije enseguida es Juancho Rois.

 

Y me despedí de donde estaba

y me fui al compás del acordeón

y cuando iba llegando a la parranda

precisamente era Juancho Rois.

-Un año de la despedida de la vida del Rey Vallenato Calixto Antonio Ochoa Campo, quien escribió páginas gloriosas en el folclor y recibió el más grande homenaje en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2012.- 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

En medio de una cadena de recuerdos Rolando Ochoa Tardiú trajo a su pensamiento todas esas vivencias acumuladas en la vida de ‘El viejo Calo’, como sigue llamando a su papá Calixto Antonio Ochoa Campo, el hijo querido de Valencia de Jesús.

Hizo una parada en su ajetreado trajín musical que comprende conciertos al lado del cantante Martín Elías, grabaciones y composiciones para sentarse a rendirle un nuevo homenaje a su progenitor, esta vez contando detalles que le marcaron su vida y que hoy lo tienen en un lugar de honor dentro del mundo vallenato.

“En vida a ‘El viejo Calo’, mi querido papá, se le entregó todo. Mi misión como hijo fue darle alegrías, seguir sus pasos y se sentía orgulloso de mí. La tarea no acaba porque su dinastía la tenemos que sacar adelante”.

Las palabras huyeron porque las lágrimas salieron y su voz se quebrantó. Ya un poco repuesto volvió a seguir con la entrevista. “Mi papá sembró y cosechó los mejores frutos del folclor vallenato. Predicó con su humildad y calidad humana y lo más importante es que nos enseñó no mirar a los demás por encima del hombro. No eres más, ni menos que nadie, solía decirnos”. 

Homenaje musical 

La marca de Calixto Ochoa continúa más vigente que nunca, a pesar de pasar un año de su partida. Sus canciones no dejan de sonar, entre ellas las que registran las dos producciones musicales que ha hecho su hijo Rolando.

“A ‘El viejo Calo’, le hice ese homenaje que ha sido bien recibido porque se hizo con todo el sentimiento y el apoyo de los mejores cantantes vallenatos. El próximo año le haré un nuevo homenaje  junto a Alfredo Gutiérrez, un juglar que tuvo todo el respaldo de mi papá”.

Al tratar de indagarle sobre la canción del amplio repertorio de Calixto Ochoa, que más le gustaba no dudo en manifestar que era: ‘Sueño triste’. 

En la revelación de un sueño

yo presenciaba mi cadáver,

pero esto tenia un misterio

porque yo amanecí grave.

El día que muera este negro

quedará de luto el Valle.

Rolando Ochoa canta los primeros versos. Se detiene y anota. “Esa canción la compuso ‘El viejo Calo’ en 1969, y fue como la radiografía de su despedida del mundo terrenal porque tal como dice se cumplió. Estuvo de luto el Valle y todo el país, lo llorábamos todos y su acordeón quedó de luto”. 

La primera presentación 

A medida que iba avanzando el diálogo Rolando recordaba diversos momentos y llegó al punto de su debut como acordeonero por solicitud de su papá. “Lo voy a contar tal como sucedió porque fue el más bello inicio de mi vida musical”.

Levanta su mirada al cielo y comienza a narrar. “Tenía 12 años, y ‘El viejo Calo’ me llevó a una caseta en Purísima, Córdoba. Cuando ya iba la tercera tanda, antes eran cuatro tandas, yo me estaba durmiendo. Debían ser como las dos de la mañana cuando ‘El viejo Calo’ me anunció diciendo. “Les voy a presentar a mi hijo Rolando que toca muy bien”. Enseguida pidió permiso y la gente aplaudió”.

Lo que no esperaba Calixto Ochoa era que el hijo se negara porque estaba casi dormido, pero él lo animó y lo hizo tocar su acordeón.

“Me animó diciéndome que tocaba bien y era la ocasión para perderle el miedo a la gente. Lo hice e interpreté la canción ‘Alicia la campesina’ de Andrés Landero. No más terminé tomó el micrófono y dijo: “Vea, este pelao va a tocar una canción de otro compositor teniendo yo tantas”. La gente se echo a reír”.

Rolando atendiendo la petición de su papá interpretó ‘Muriendo lentamente’.

“Mi viejo, se emocionó y cada vez que recuerdo esta historia me lleno de sentimiento porque fue el inicio de mi proceso musical. ‘El viejo Calo’ alcanzó a vivir parte de mis triunfos y se sentía muy orgulloso. No me canso de repetirlo”.

 

Muchas gracias 

Rolando Ochoa sigue contando sobre la vida de su padre y expresa su agradecimiento a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata por rendirle hace cuatro años el más grande homenaje en el Festival de la Leyenda Vallenata.

“Ese homenaje fue espectacular. ‘El viejo Calo’ vivió grandes momentos al recordar toda su historia musical y su vida en este territorio donde partió siendo muy jovencito. Lindo ese homenaje en vida”.

Continuó diciendo que muchos cantantes vallenatos y extranjeros contribuyeron con su voz a la grandeza musical de su padre y que en total le habían grabado mil 123 canciones.

Calixto Ochoa, fue padre de nueve hijos: Calixto, César, Rolando, Adonay, Jackelyn, Katia, Kelly, Alba y María José. 

La despedida 

Cuando Rolando Ochoa tomaba su acordeón para hacer la introducción de varias de las canciones de su papá con la finalidad de concluir la entrevista recordó el último momento que vio a su padre con vida,

“Pocas horas antes lo visité en la clínica y estaba sereno. Cuando le hablé abrió los ojos y empezó a llorar. Le dije que estuviera tranquilo que Dios le había regalado tantas cosas bellas como su familia y su música que alegró millones de corazones”.

Rolando, el hijo que sigue cosechando notas y canciones está metido en ese mundo al que aquella noche de hace 27 años en un pueblo cordobés su papá le hizo tomar el alimento necesario para que fuera su sucesor, compromiso que viene asumiendo con altura y conociendo aquellas sabias palabras: “Mijo, si te vas a dedicar a la música, tienes que tener presente que por muy bueno que seas, por muchos logros que alcances, nunca vas a tener contento a todo el mundo. Así que como los mulos y caballos de los carromulas, lo mejor es no mirar para los lados. Siempre para el frente, echar para adelante”.

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

El 30 de abril de 1968, Gilberto Alejandro Durán Díaz se coronó en la Plaza Alfonso López de Valledupar como el primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata, acompañado por el cajero Pastor ‘El Niño’ Arrieta y el guacharaquero Juan Manuel Tapias.

En la competencia final presentó las siguientes canciones: el paseo, ‘La cachucha bacana’; el merengue: ‘Elvirita’ y la puya: ‘Mi pedazo de acordeón’, todas de su autoría. Además, del son, ‘Alicia adorada’ de Juancho Polo Valencia.

La mañana del primero de mayo, un día después de su triunfo, la primera visita que hizo Alejo Durán como soberano del acordeón fue a la vieja casona donde vivía Consuelo Araujonoguera, y ella aprovechó para hacerle una sinigual entrevista.

En esa entrevista ‘El Negro’ Alejo, habló con inteligencia, pausa y midiendo sus palabras. Contó detalles inéditos de su vida, de su familia y de las ganas de dejar muy en alto el nombre del folclor vallenato, tal como sucedió con el paso de los años.

Sin muchos preámbulos y en la cocina, porque ‘La Cacica’ a esa hora desayunaba con su esposo Hernando Molina Céspedes, se comenzaron a acumular palabras en una vieja grabadora, y la primera pregunta fue que contara sobre su vida.

Enseguida relató: “Nací en El Paso, Magdalena, el 9 de febrero de 1919. Padres. Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal. Me crié en la finca ‘Las cabezas’ de los Gutiérrez de Piñeres. Mis padres trabajaban con ellos y allí en medio del ganado, unas veces ordeñando y otras ayudando a enrejar los terneros trascurrió mi infancia. En esa finca trabajé hasta los 30 años, y no era un trabajador, sino que era considerado parte de la familia”.

Esos recuerdos lo llevaron a contar el momento en que tomó por primera vez un acordeón y se estrenó como compositor.

“Como a las 19 años cogí por primera vez un acordeón en mis manos. Tocaba de oído, pero no comencé tocando cosas de otros, sino creando de una vez mi propia música. Recuerdo que la primera pieza que compuse la llamé ‘Las cocas”.

Hace un alto en su narración y explica el significado de esa canción en aire de merengue. “Resulta que en las fincas había siempre un muchacho a quien llamaban ‘Coqui’, quien era el encargado de preparar los alimentos para las cuadrillas de trabajadores, pero después los patrones resolvieron darle esa tarea a las mujeres. Entonces resolvimos llamarlas ‘Cocas’ y así se quedaron”.

Seguidamente comenta que al salir de las labores del campo se dedicó de lleno a la música. “Comencé a tocar y componer en firme. Vivía prácticamente de mi acordeón y lo hacía en la región de El Paso donde no tenía competencia de ninguna clase”.

Entrando en los terrenos movedizos del amor, vino el interrogante sobre sí había sido mujeriego y Alejo no habló sino que solamente sonrió y contra preguntó: ¿Y qué hombre no es mujeriego cuando joven? Ahí quedó clausurado ese tema.

Pero entró a uno casi igual sobre su vida sentimental. ¿Eres casado?

“Si, me casé en el año 1954 con Joselina Salas Buelvas, y a los tres años nos abandonamos. Y es como si hubiera muerto porque mujer que no vive con su hombre pa’ él no existe. Con ella tuve dos hijas, y por la calle seis más. A toditos ocho los atiendo. Mejor dejemos eso de las mujeres porque yo he sido un poco echao pa’ lante y mejor es no hablar. Figúrese a mí que siempre me gustan y mi arte que se presta”… 

La canción 039 

En medio del ameno diálogo vino la pregunta sobre la canción que le llenaba hasta el corazón del alma y Alejo no dudó en señalar que era 039, un número cantado.

“Aún cuando tengo muchas que gustan demasiado tanto como esa y que han alcanzado fama, por ejemplo, ‘La cachucha bacana’, ‘La candela viva’, ‘La perra’ y ‘El pedazo de acordeón’. Esa se la compuse a Irene Rojas, una muchacha de la cual me enamoré cuando veníamos atravesando en una lancha por el río San Jorge. Al llegar al puerto ella seguía por un rumbo distinto al mío y la vi subir en un carro que tenía la placa 039. Por eso le puse así al paseo. 

Cuando yo venía viajando, bajaba con mi morena,

y llegando a  la carretera se fue y me dejó llorando.

Ay, es que me duele, es que me duele

y es que me duele válgame Dios,

039, 039, 039 se la llevó.

Irene se fue llorando, a mí esa cosa me duele.

Se la llevó el maldito carro ,aquel 039. 

Después de contar detalles de la famosa canción, ‘La Cacica’ le formuló una pregunta difícil sobre los mejores acordeoneros de la provincia y él contestó: “Vea, me pone usted en un compromiso. En esa época estaba ‘Chico’ Bolaño que era un zipotón de músico. Francamente no me atreverá a calificar a estos señores como Fortunato Fernández, Eusebio Ayala, Emiliano Zuleta y Lorenzo Morales, entre otros. De los actuales, Calixto Ochoa es un músico donde lo pongan. 

El mejor 

Cuando la entrevista iba viento en popa, Consuelo Araujonoguera lo puso en jaque al pedirle que le respondiera con franqueza sobre cuál de los tres hermanos, Náfer, Luis Felipe y él, era el mejor. Contestó sin vacilar: NÁFER.

Ella, ante la respuesta vuelve y le insiste. ¿Seguro. No será modestia suya?

“Náfer es el mejor de los tres. Náfer, es el mejor y tiene más preparación que yo porque el que más aprende más sabe y además a usted la canción que más le gusta es ‘Sin ti’ de Náfer”.

Para el cierre de la primera entrevista Alejo Durán, el magdalenense de nacimiento, cesarense por decreto y cordobés por adopción, se comprometió a llevar el vallenato por todo el mundo teniendo como acompañante a su célebre pedazo de acordeón, ese mismo que le abrió las puertas con su habitual: “Apa, Oa, Sabroso” y que lo convirtió en leyenda desde el miércoles 15 de noviembre de 1989.