Afiches Promocionales

Síguenos en nuestras redes

                

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

La canción ‘La gota fría’, creada en 1942 por Emiliano Antonio Zuleta Baquero y que cuenta con más de 80 versiones, cautivó de primera oída al argentino Alan Eloy Monzón, quien se había propuesto llegar a la meca del vallenato para conocer esa historia.

Este nómada del folclor Latinoamericano, nacido hace 24 años en el barrio El Palomar de Buenos Aires, ha recorrido países como Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil y Colombia, donde ha visitado en tres ocasiones a Valledupar, enamorándose perdidamente del folclor vallenato. 

Regalo del abuelo 

Su encuentro con la música del Valle del Cacique Upar fue de milagro, y le cambió la vida casi al instante. Así lo cuenta paso a paso: “Viajando por el sur de Argentina compartí fogón con un chico que tenía un acordeón. Me lo prestó y, desde ahí me gustó. Cuando volví a casa en Buenos Aires le comenté a mi familia y me ayudaron a contactar a mi abuelo, que se llama Juan Castillo, quien era el dueño de un acordeón, sistema piano. Mi abuelo es oriundo de Corrientes, tierra de los acordeones donde nació el ritmo musical llamado Chamamé”.

El abuelo, al ver el interés de su nieto por la música, no dudo en entregarle su adorado instrumento e impartirle las más elementales clases. “Heredé su pedazo de acordeón, un pedazo de su vida que rodó con él por muchos años. Estoy eternamente agradecido con abuelo Juan”.

Con el acordeón en su poder, dejó todo a un lado y se sumergió en el amplio mundo de las notas y los cantos. Estuvo un año aprendiendo sólo y después buscó al profesor Luis Cañiu, quien le trazó de manera precisa la manera de interpretar  tangos y el Chamamé.

Superada esa primera etapa, tomó la determinación de emprender una aventura por distintos países; su primer destino fue Bolivia, llevando su música a buses, restaurantes, mercados y lugares con buena afluencia de público. “La formación que tengo es por estar tocando en la calle, así sean las mismas canciones que voy redescubriendo”, afirma Alan Eloy. 

Llegada a Colombia 

En esas correrías comenzó a investigar sobre Colombia y su música, encontrándose con la cumbia, y después con el vallenato. “Una vez encontré una canción que se llama ‘Ay hombe’. Desde ahí empecé a escuchar canciones  como ‘La gota fría’ (Emiliano Zuleta), ‘Matildelina’, (Leandro Díaz) y ‘Pedazo de acordeón’ (Alejandro Durán), entre otras, y me encontré con ritmos distintos como merengue, paseo, puya y son, que no los conocía, y de inmediato me empezaron a gustar. Hasta conocí otro tipo de acordeón que se llama diatónico o de botones”, dice, mientras da las explicaciones precisas.

Enseguida, Alan entra en el verdadero mundo vallenato y se pasea por esta tierra a la que exalta por su belleza natural y su folclor. “Cuando llegué a Valledupar me sorprendió el vallenato puro, el de acordeón, caja y guacharaca. Así nada más. Yo conocía el vallenato, pero con muchos instrumentos”.

Se emociona y relata que le gusta el vallenato sencillo, tocado debajo del palo e’ mango, en los patios y en el río Guatapurí. “Eso nos acerca al folclor de más sentimiento”, recalca.

Después, cierra los ojos y al abrirlos cita a un compositor sublime, según sus propias palabras. “Leandro Díaz me agradó por su forma de describir, y me llama más la atención que una persona que no veía pudiera plasmar hermosas canciones”. 

Festival Vallenato, una gran fiesta 

Para enamorarse de Valledupar contribuyeron su amistad con la periodista Taryn Escalona, el maestro Andrés ‘El Turco’ Gil y sobremanera, con el Festival de la Leyenda Vallenata.

“He estado tres veces en Valledupar y por poco tiempo. Hace tres años estuve en el Festival Vallenato, una gran fiesta, y me agradó el concurso de acordeón infantil porque los participantes tienen mucha expresión, espontaneidad y lo saben disfrutar. Esta es una hermosa tarea que cumple la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata”.

Sorprendido con la pregunta de si en algún momento quisiera participar como acordeonero aficionado, responde de inmediato. “Yo toco otro estilo de música, a mí me gusta escuchar para nutrirme de cada cultura. Tendría que dedicarme un tiempo largo y estudiar bastante el acordeón diatónico con el que me defiendo, pero me conformo con aprender a interpretar los cuatro aires del folclor vallenato”.

Mientras mira al frente, hace un comentario sobre el afiche promocional del 49º Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a Emiliano y Poncho, los hermanos Zuleta. “Estos son los hijos de Emiliano Zuleta Baquero, el autor de la canción que más me gusta: ‘La gota fría’. Él, fue un juglar extraordinario y al morir dejó una huella gigante”.

Para cerrar el ciclo interpretó la canción, pero esta vez en el propio templo de la música vallenata, y no en la calle como suele hacerlo frecuentemente. 

La selección Colombia 

Mientras hacía el recorrido por las notas de su acordeón, tuvo tiempo para hablar de fútbol, que como a todo argentino le corre por las venas. Destacó a Diego Armando Maradona como el mejor futbolista del mundo, porque según él estuvo arriba, abajo y nunca perdió. “Maradona siguió siendo el mismo, como acá Diomedes Díaz”. Observó a los presentes y nadie dijo nada, lo que le permitió sacar su propia conclusión: “El que calla otorga”.

La trampa del sentido de pertenencia por su país fue cuando se le preguntó por el desempeño de la Selección Colombia, y de una anotó: “Está entre las mejores selecciones del mundo, claro, si tiene un técnico argentino, el profesor José Pékerman”. (Risas).

El acordeonero Alan Eloy Monzón se despidió del Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ con miles de gotas de emociones, con su larga cabellera alborotada por el viento y llevando en su pensamiento, que se desplazaba a toda velocidad, el recuerdo de la canción donde el viejo ‘Mile’ tuvo la osadía de cantarle la tabla a Lorenzo Morales, pa’ que se acabara la vaina.

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

A su llegada, llenó de sonrisas el lugar. Llegó a cumplir un deseo que nació desde que hace varios años comenzó a tocar su acordeón de juguete: convertirse en Rey Vallenato.

Sus ojos recorrían el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’, y comenzaron las preguntas para inscribirse en el concurso de acordeón aficionado, porque ahora cuenta con 21 años.

Jesús Alberto Suárez Guevara no se hizo acompañar de cajero ni guacharaquero, solamente su tía Carmen Guevara estaba con él para que llenara los requisitos que pedía su corazón, porque la ilusión no se inscribe, a menos que le toque detenerse en el peaje del sentimiento. 

“Vive es tocando” 

“Quiero tocar acá”, indicó, así como lo ha hecho en distintos escenarios de su tierra natal, San Gil, Santander. El síndrome de Down no ha sido un obstáculo para darle rienda suelta a las ganas de potencializar su talento, y es así como su tía Carmen cuenta que el año pasado lo trajeron al 48 Festival de la Leyenda Vallenata, y esa fue la llama que encendió aún más su amor por la música vallenata.

“Jesús Alberto, en la plaza Alfonso López, se ganó los aplausos porque imitaba a los acordeoneros que tocaban en tarima. Se ganó el aprecio de muchas personas, y eso lo ponía más contento. Le tomaron muchas fotos”.

Jesús, al escuchar el relato asiente con su cabeza, sin pensarlo toma su acordeón y dice que “Yo toco ‘La piña madura’, también ‘Tú cumpleaños’ y ‘La ventana marroncita’, del compadre Debe”.

En ese momento se ríe, y lleno de emoción dice: “Diomedes, Diomedes, Diomedes. Yo me veía la novela y no me dormía”. (Risas).

Seguidamente, cuenta que su gran alegría es observar videos de artistas vallenatos, especialmente de Silvestre Dangond y Rolando Ochoa, preferencia que tiene una poderosa razón.

Todo sucedió hace tres años, cuando Silvestre y Rolando hicieron una presentación en su pueblo, y Jesús Alberto estuvo en la primera fila del concierto. En el intermedio del show lo subieron a la tarima para que saludara a los artistas, instante que aprovechó para pedirles un acordeón nuevo y cambiar la de juguete que tenía. Su deseo fue atendido de inmediato por los artistas, y desde ese instante tiene un instrumento que es su gran tesoro.

“Vive es tocando su acordeón y lo tiene siempre a su lado. En San Gil cuenta con el apoyo de su mamá, Ángela Guevara, y de sus hermanos Freddy, Aura Marina, Jimena y Ángela Marcela. Su papá, Gilberto Suárez, falleció”, manifiesta su tía Carmen. 

Participante en tarima 

Durante la charla salió a relucir que Jesús Alberto es el consentido en el barrio María Auxiliadora, donde saben que ama el vallenato y no se pierde una presentación artística.

Cuando todo iba viento en popa, el joven músico pidió el favor que le permitieran tocar en la tarima gigante. No se le podía negar esa petición porque era su sueño, era conectar el sentimiento vallenato con su corazón florecido de ilusiones. Al dársele la aprobación, sus ojos brillaron más de la cuenta. Sonrió, se puso de pie y pidió que le llevaran su instrumento.

Los pasos que dio desde la oficina hasta la tarima fueron los más gloriosos de su vida. Se ubicó en el centro del escenario Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, se puso el acordeón al pecho y comenzó a regalar varias notas.

Su tía Carmen, con lágrimas en los ojos, estuvo a su lado viviendo ese instante glorioso para ese ser noble y bueno, cuya inocencia, como lo dice en su canto Fernando Dangond Castro es más grande “que el folclor de mi Valledupar donde el  amor nace en mil corazones, se eternizó en el alma del Cesar y en la alegría de mil acordeones”.

Jesús seguía tocando y sonreía. Estaba viviendo su tiempo de máxima alegría, y quería que los minutos se fueran de paseo para que las manecillas del reloj descansaran de dar vueltas y vueltas.

La presentación fue única. Sin jurados, sin público, y por ende, sin aplausos, pero la escala de emociones superó todos los decibeles hasta hacer llorar al acordeonero.

Estando en esas, paró la fantasía festivalera y esta vez no se escucharon las palabras del presentador Jaime Pérez Parodi: “Señoras y señores, así concluye su presentación el participante Jesús Alberto Suárez Guevara, quien viene procedente de San Gil, Santander”.

 “Ya soy Rey Vallenato” 

Cuando guardó su acordeón, y se bajó de la tarima, miró para todas partes como si no creyera lo vivido y dijo lo primero que le salió en ese momento de su noble corazón: “Ya soy Rey Vallenato, toqué allá arriba”.

Acto seguido, recibió el abrazo de su tía, y en ese preciso momento entregó esas palabras mágicas que valen mucho más que el dinero: “Gracias maestro, por hacerme feliz”…

Y así, como llegó Jesús Alberto, se fue. Claro, que se llevó toda una carga de alegrías a cuestas, esa que brindan las notas del acordeón y que este músico natural sabe tocar hasta con los dedos del alma, recordando al inolvidable Diomedes Díaz Maestre, quien a través de la televisión le enseñó a cantar: 

“Hágame el favor compadre ‘Debe’

llegue a esa ventana marroncita,

toque tres canciones bien bonitas

que a mi no me importa si se ofenden”.

Por Juan Rincón Vanegas - Tw: @juanrinconv 

Desde muy niño su verdadero nombre quedó en el registro civil, en la tarjeta de identidad y luego en la cédula de ciudadanía porque hasta sus padres lo llaman Kikey Díaz, debido que se dedicaba a cantar sin descanso canciones de Diomedes y Enrique Díaz. Esas figuras del universo vallenato lo llenaban por su calidad humana, carisma y estilo.

Él, nació en Bosconia, Cesar, pero sus padres se trasladaron a Mandinguilla, corregimiento de Chimichagua, donde entró a estudiar en el colegio Santa Rosa de Lima y tuvo el apoyo para desempeñarse mejor en el canto de los profesores Javier ‘Mayo’ Alborch y Rosita Navas.

“Era el cantante en todas las actividades culturales y siempre interpreté auténtica música porque me gusta más que la comida. Mis profesores me vieron el talento y me apoyaron. Vivo agradecido con ellos”.

En ese pueblo fueron sus primeros ensayos, y luego al cabo de algunos años salió a dar vueltas en distintos puntos de la geografía nacional en busca de poner en práctica lo aprendido. Es así como llegó a Bogotá donde vivía de las parrandas, hasta que recibió una llamada del célebre acordeonero Emilio Oviedo, quien lo invita a grabar una producción musical, pero según sus palabras “Las cosas no se dieron con la casa disquera”.

Entonces iba a volver a levantar vuelo, pero le llegó una propuesta para ser parte y grabar con la agrupación ‘La gente de Diomedes Díaz’, y está en eso.

El estilo de cantar del joven artista no tiene ninguna duda, y así lo expresa el grabador ‘Polacho’ Soto: “Tiene el mismo color de voz de Diomedes”.

Así mismo lo ratifica Kikey Díaz. “Lo mío es natural. No imito a Diomedes. Yo descubrí hace mucho tiempo que canto como Diomedes. Después que él muere, comencé a hacer la parodia. Inicié con el físico, el peinado, el modo de vestir, pero recalcó que no imito su voz, la mía es natural. Los integrantes del grupo ‘La gente de Diomedes’ que dirige Harold Zabaleta, vieron en mí ese diamante en bruto y me están puliendo”.

Es tanto el parecido de su voz con la de ‘El Cacique de La Junta’ que cuenta una anécdota. “Una vez estábamos actuando en un pueblo del Magdalena y un señor se subió a la tarima a pedir que quitaran la pista. Me tocó parar la música y cantar a capela y se convenció”. Él, estaba interpretando la canción ‘El profesional’. 

El encuentro con Diomedes 

En este momento de la entrevista su emoción traspasa las barreras del sentimiento y cuenta su gran encuentro con Diomedes Díaz.

"Me encontré varias veces con él, pero la más emocionante fue en Barranquilla hace aproximadamente 17 años. Estaba cantando y de pronto todo quedó quieto. Miré hacía atrás y era Diomedes quien había llegado al acto. Las piernas me temblaban. Él, me quedó mirando. Yo estaba interpretando: 'El 9 de abril', una de sus canciones favoritas como me lo dijo, y entonces me invitó a cantarla nuevamente y de un momento a otro la cantó conmigo".

No había otra salida y las palabras huyeron tan de prisa que dejaron abierta la pista para que varias lágrimas aterrizaran en el rostro del joven artistano 

Luego de haber pasado el trago del recuerdo cantó: 

Me es placentero tener al frente

tan distinguidas personas

y con esmero presto mi gusto

para que sean complacidos

pero quisiera que me perdonen

cuando me vean pensativo

no me pregunten, ni digan nada

mejor pídanme canciones.

 

Al finalizar de cantar remata diciendo: “Esa canción también es mi preferida porque se identifica conmigo, es la realidad de la vida y compagina con todos los sentimientos”.

Ahora, todo su talento y esfuerzo está dedicado a la grabación que adelanta en estos momentos donde tiene canciones de Diomedes Díaz, Marciano Martínez, José Alfonso ‘Chiche’ Maestre, Alberto ‘Tico’ Mercado, Franklin Moya, Luis Durán Escorcia, Reinaldo ‘El Chuto’ Díaz, Gregorio Oviedo, Arnobis Álvarez, ‘El Cocho’ Herrera, Hernán Gómez, Edinson Munive ‘El pequeño Juan’, y Orlando Liñán. Además, una canción inédita de Juancho Rois que lleva por titulo ‘Un solo sueño’. Como acordeoneros invitados estuvieron Gonzalo ‘El Cocha’ Molina, Anuar García, ‘Neno’ Beleño, Junior Larios y el titular Tony Gutiérrez.

“La idea es perpetuar el canto de Diomedes Díaz, no reemplazarlo porque eso es ilógico. La idea es abrir las puertas de los corazones de los colombianos, de esas personas que aman el vallenato, de ese estilo tan bonito que no hay que dejarlo perder. Sé que van a respaldar la propuesta musical fresca y que estamos haciendo con humildad y cariño. Quiero agradecer a todos los integrantes de la agrupación de Diomedes Díaz, encabezados por Giovanni Caraballo, y al manager Harold Zabaleta por creer en mi talento e invitarme a este gran proyecto”, manifestó Kikey Díaz.

Se queda en su tarea de grabación no sin antes invitar a la fanaticada de Diomedes Díaz a unirse a esta propuesta musical que estará saliendo en poco tiempo.

“Voy a aceptar las criticas constructivas, estamos tocando las puertas de los corazones de la gente que sabe de vallenato, de los Diomedistas para que nos apoyen y con humildad seguir la línea que tuvo el mayor éxito en este querido folclor”.

Después de un rato de escucharlo en el estudio de grabación volvió a recordar esos comienzos en el pueblo de Mandinguilla, tierra ganadera, de cultivos de naranja, de calles polvorientas y donde el sol ejerce su dominio absoluto.

Se metió nuevamente en su pensamiento al salón de clases donde le cantaba a sus compañeros y recibía los consejos del profesor ‘Mayo’ Alborch, ese mismo que hoy ya pensionado se emociona cuando se le cuentan las hazañas musicales de su alumno.

“Dígale a Kikey, que me emociona después de tantos años saber de sus triunfos y que Diomedes Díaz desde el más allá lo ilumine”.

Por Juan Rincón Vanegas - Tw: @juanrinconv 

Las añoranzas se remontan al día en que un niño le dice a su mamá que en la puerta de su casa estaba un Señor que le había contado algo que no estaba en el presupuesto de sus sentimientos. 

Oye mamá en la puerta hay un

Señor que dice que es mi papá

y que quiere hablar contigo,

dímelo ya, dime pronto por favor,

porque si ese es mi papá,

se lo diré a mis amigos. 

Con la canción ‘Drama provinciano’ de la autoría de Daniel Celedón Orsini se dio a conocer en el firmamento vallenato Jorge Celedón Guerra, quien hoy es un excelso cantante porque lleva el vallenato auténtico en su alma y lo ha divulgado por todo el mundo.

Para Jorge Celedón los cuatro aires del folclor vallenato: paseo, merengue, son y puya representan identidad, sentimiento y tienen como ingrediente principal unas historias cantadas que han perdurado en el tiempo.

“El vallenato puro no pasa de moda, se mantiene cada vez que suenan canciones de Emiliano Zuleta, Leandro Díaz, Alejandro Durán, Rafael Escalona, Diomedes Díaz, Gustavo Gutiérrez, Rosendo Romero, Adolfo Pacheco, entre muchos más, porque tienen esa esencia que inculca nuestro entorno”, manifiesta Jorge Celedón.

En ese mismo entorno musical figuran sus paisanos Emiliano Alcides y Tomás Alfonso Zuleta, los hijos de Emiliano Antonio Zuleta Baquero y Pureza del Carmen Díaz Daza, y al indagarlo sobre estas egregias figuras, retrocede su pensamiento y con el rostro lleno de alegría dice: “Emiliano y Poncho Zuleta, musicalizaron mi infancia en Villanueva”.

Recreó sus palabras anotando que en el barrio ‘El cafetal’ pudo sentir de cerca el folclor vallenato a través del acordeón de Emiliano y la voz de Poncho, los cuales fueron importantes para aprender los secretos de esta bella música en la Cuna de Acordeones.

“Escuchar a Emiliano y Poncho en mi infancia fue algo maravilloso y lo sigue siendo. A ellos, los respeto, los admiro y estoy orgulloso de ser su paisano”.

 

Mi hermano y yo 

Cuando a Jorge Celedón se le pide que diga cuál es la canción que más le gusta de los hermanos Zuleta, no lo duda un instante, no sin antes manifestar que el repertorio musical que grabaron no tiene presa mala.

“Me quedo con ‘Mi hermano y yo’, por su letra que cuenta en pocos minutos todo lo que vivieron, por los arreglos de Emiliano y por la interpretación de Poncho. Que delicia escucharla y más cantarla”.

Entonces cuenta que en sus conciertos en Colombia y el exterior suele interpretarla y el público lo acompaña como si hubiera sido grabada ayer y no hace 36 años. 

Hace tiempo que en mi mente existía

un viejo compromiso de componer un son

se trataba de hacé una melodía

con unos cuantos versos, con todo el corazón

pero el tiempo no es corto todavía

y ya llegó el momento para poder cantar

con una nota linda

con una voz sentida

y ganas de llorar.                                                                                                                      

Seguidamente Jorge Celedón dice con orgullo que en el año 2003 grabó con Emiliano Zuleta para la producción musical ‘Fiesta Vallenata’ de la disquera Sony Music la canción de su autoría ‘ilusiónate’.

Al escuchar la canción, en el intermedio hay un diálogo y Emiliano Zuleta profetiza el éxito: “Jorgito Celedón, tiempos buenos te esperan hijo mío”.

Jorge solamente acertó a decir: “Muchas gracias Emiliano, mi maestro”.

La entrevista a Jorge Celedón que tuvo lugar en el Club El Nogal de Bogotá, pasó al campo del homenaje que recibirán Emiliano y Poncho Zuleta, en el 49 Festival de la Leyenda Vallenata.

“Este homenaje tiene connotaciones especiales por su calidad artística y por ser exponentes del vallenato puro. Será un momento glorioso y ahí estaré para contribuir con cantos a estos queridos hijos de Villanueva”.

El artista nuevamente se emocionó al recordar esos cantos de Poncho y Emiliano que se han expandido por todo el mundo, y que hoy son una gran referencia del folclor vallenato.

Ay hombe… 

La contribución de Jorge Celedón a la auténtica música vallenata ha sido bastante significativa porque ha grabado en su carrera artística los cuatro aires vallenato logrando hacerlos éxito.

Citó el paseo ‘Cuatro rosas’; el merengue ‘Parranda en el cafetal’; el son ‘Ay hombe’ y la puya ‘Me dejó solito’. También anotó que el 2015 fue escogida como canción del año, el merengue ‘Gracias Señor’.

De igual manera tiene entre su historial musical el logro de haber convertido en éxito sin precedente el son ‘Ay hombe’.

“Iba en un bus de Villanueva a Valledupar y ví el campo florecido con hermosos cañaguates y nació la canción. No fue fácil grabar un son cuando muchos decían que no vendía, pero el tiempo dio la razón y fue un súper éxito que sigue escuchándose”.

Esa vez en medio de la naturaleza vestida de amarillo el artista Jorge Celedón, el Ídolo Mundial del Vallenato, dejó escapar la historia de una mujer que ni su adiós quiso aceptar y como las cometas en el firmamento se mantuvo inalcanzable y solamente se dejaba acariciar por el viento.

Para el remate de la crónica intervino el poeta José Atuesta Mindiola, quien hizo la descripción precisa de ese momento glorioso del paisaje en esta parte de Colombia.

“Las flores de Cañaguate abren sus envolturas con las brisas de enero, la belleza de su esplendor oculta los demás colores. El amarillo encendido es la esencia de la luz. Para los ciegos es el último color que se aleja de su retina. Para la pintura el amarillo es un color primario, al igual que el rojo y azul; es  cálido, da la impresión de avanzar hacia el espectador y transmite una sensación de cercanía. Detenerse a observar un Cañaguate florecido es levitar en la magia de la luz”.