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Por Juan Rincón Vanegas -  @juanrinconv 

Para el cantante Silvestre Francisco Dangond Corrales los hermanos Zuleta son parte del organigrama de sus sentimientos, son los responsables de que muchos vivan de cerca sus bellas historias cantadas, y para graficarlo en una frase, anotó que son “La columna vertebral del vallenato clásico”.

Enseguida, se transportó a su querida tierra Urumita, en el sur de La Guajira, y en vez de hablar, cantó: “Acórdate Moralito de aquel día que estuviste en Urumita, y no quisiste hacer parada. Te fuiste de mañanita, sería de la misma rabia”. Todo para significar que la canción ‘La gota fría’, de Emiliano Antonio Zuleta Baquero, es un gran referente en el amplio universo del folclor vallenato.

“El viejo Emiliano sembró y recogió la más grande cosecha para el folclor vallenato. Toda esa dinastía representa un valor incalculable en nuestro folclor. Estoy muy feliz porque el Festival de la Leyenda Vallenata será en homenaje a Poncho y Emiliano, unos gigantes del folclor, y me comprometo a estar presente cantando sus canciones”.

El artista urumitero siguió hablando de la grandeza de Poncho y Emiliano, y enseguida los definió en pocas palabras, aunque anotó que se podían escribir varios libros sobre su inmenso aporte a la música vallenata.

“Poncho es un roble. Incomparable. No baja una línea. Tantos y tantos años y sigue como el primer día. Como Emiliano no he visto acordeonero igual, y como compositor, toca el alma”. 

La compañerita’ 

En medio de la charla, y al preguntarle sobre la canción interpretada por los Zuleta que más le gustaba, señaló que todas son hermosas y traen grandes recuerdos.Se quedó pensativo y luego cantó: 

Por qué no regresas pronto compañerita

en la soledad yo siento tristeza y miedo

vean como se ha destruido la cabañita,

una casa sin mujer no es más que un infierno.

Después que se oculta el sol, se espera la oscuridad

y el silencio de la noche hace más triste mi soledad. 

Estando en esas, la emoción lo traicionó y se dejó atrapar por la telaraña de las añoranzas. Entonces volvió a cantar: 

Parece que llegó a mi corazón

el tipo de mujer que yo quería

yo estaba esperanzado en que algún día

tenía que conseguirme una mujer

con esas cualidades y ese don.

Y no me falta razón al pretender, al pretender

tienes que portarte bien para que seas mi salvación. 

“Vamos a dejarla hasta ahí porque el catálogo es inmenso y nos pasaríamos toda la vida cantando, pero eso sí, todos tenemos que rendirle el más grande homenaje a estos valiosos hombres que han sido ejemplo de amor a nuestra querida música vallenata”, dijo el artista. 

La prima Sorayita 

Siguiendo por la ruta del recuerdo volvió a Urumita, la tierra de las mujeres bonitas, sitio histórico en el sur de La Guajira donde nació la canción ‘La gota fría’, encontrándose de frente con una historia muy familiar donde uno de los protagonistas fue Emiliano Alcides Zuleta Díaz.

El famoso ‘Gago de oro’ se enamoró perdidamente de una encantadora urumitera, y la mejor forma de hacérselo saber fue con letra y música de su propia inspiración. 

Estoy emocionado, llegó un alivio a mi alma

después de haber pensado

y haber soñado tenerte,

ay, ya yo empecé a quererte

y ya te estoy queriendo, Soraya. 

De inmediato, Silvestre Dangond entró en sintonía y declaró. “Soraya es una prima mía a la que Emilianito le hizo esa bella canción. Es el amor cantado a la manera nuestra”.

Efectivamente, la inspiradora del canto es Soraya López Rojas, dueña de la canción grabada en el año 1984 por los hermanos Zuleta en el trabajo discográfico ‘039’.

Emilianito, ratificando su condición natural de hombre enamorado, dejó expuestas todas sus emociones para decirle a esa bella mujer que le brindaba su nobleza, una cualidad que considera lo más grande para él. Además, le recalcó en la inspiración: “Ay, téneme compasión, conduélete de mí, Sorayita".

No contento con lo anterior, el sentimiento en flor de ‘El gago de oro’ traspasó las fronteras territoriales y entró en terrenos movedizos donde solamente lo hacen los que tienen el corazón preso, el alma empeñada y la palabra comprometida. 

Yo soy de Villanueva y quiero sé urumitero,

porque allí en ese pueblo

es donde está mi destino;

ay, yo quiero ser tu dueño,

quiero pasar mi vida contigo. 

En medio de todo, la urumitera Sorayita no atendió el llamado del corazón del acordeonero y compositor, pero quedó para la historia ese testimonio cantado. En esa ocasión, ante el intento de conquista, Emiliano Zuleta llegó hasta querer ser de Urumita y no de Villanueva, pero después pidió perdón. 

Yo tengo mucha pena

con toditos mis paisanos

porque a mi patria chica

yo la tuve que negar,

pero un enamorado

se tiene que perdonar. 

Sobre lo anterior, Silvestre Dangond indicó: “Vea como es la vida, Emilianito pudo en ese momento ser de mi familia, pero de algo sirvió porque esa canción está en los clásicos del vallenato. Es la declaración más bella de amor donde hasta su corazón sonaba y cantaba”.

El artista se despidió feliz por haber tocado un tema que le llenó el sentimiento, e indicó que comenzó interpretando canciones de los Zuleta, de Jorge Oñate, su padrino; y de Diomedes Díaz, tres grandes referentes del folclor vallenato.

“A Poncho y Emiliano los admiro, y vuelvo y repito: son la columna vertebral del vallenato clásico”.

Efectivamente, el récord musical de Poncho y Emiliano registra que han grabado juntos 33 producciones musicales, de donde se desprende una gran cantidad de reminiscencias cantadas que hoy hacen parte del gran libro del folclor vallenato. Ese libro donde la palabra folclor se pasea por el pentagrama vallenato, cuyas partituras tienen colgadas las figuras de dos hermanos que han batallado durante años para poder vivir… 

Por Juan Rincón Vanegas @juanrinconv 

Era casi el mediodía del lunes 30 de abril de 1990 cuando en un hotel de la ciudad de Valledupar, Edgar Perea accedió a conceder una entrevista para El Diario del Caribe de Barranquilla.

‘El Campeón’ había llegado a disfrutar del Festival de la Leyenda Vallenata que ese año ganó Gonzalo Arturo ‘El Cocha’ Molina Mejía, y conoció de cerca el movimiento de esta fiesta de acordeones.

Cuando se le dijo del objetivo de la visita no puso ningún obstáculo, sino que accedió a hablar, especialmente de vallenatos, pero antes pidió una gaseosa y manos a la obra.

No paró de hablar. Se emocionó contando de la canción que le llenaba el alma de alegría (‘Se te nota en la mirada’), de la gesta folclórica de Consuelo Araujonoguera y naturalmente de su querido Junior de Barranquilla.

El reportero gráfico Hernando Vergara le tomó varias fotos, al poco tiempo las reveló en el cuarto oscuro de la sede del periódico ubicada en la carrera 11 con calle 15 y se escogieron las mejores, no sin antes llenarnos de alegría por haber tenido cerca al hombre que con su voz alegraba los oídos de todo un país, bien narrando futbol, beisbol o boxeo.

Al conocer de la muerte del ‘Campeón Edgar Perea, acudí al archivo para rescatar ese reportaje que tuvo lugar hace 26 años y revivir esas hazañas del hombre que se la pasó todo su vida persiguiendo con su voz a futbolistas que se encontraban en una cancha teniendo como referente un balón, a boxeadores que en un cuadrilátero golpe a golpe le dieron glorias a un país y a beisbolistas que batearon jonrones que se iban al fondo del más grande sentimiento de alegría. 

El siguiente es el texto de la entrevista publicada en esa ocasión.

El negro Edgar Perea Arias, más conocido como ‘El Campeón’, es el narrador y comentarista deportivo más escuchado en Colombia. Así mismo es polémico y no tiene pelos en la lengua para decir sus verdades, que le han ocasionado elogios y críticas.

En la entrevista habló de vallenatos, del Junior y de su querida Barranquilla. Se notó de inmediato su amabilidad, su sinceridad y también sus claros conceptos sobre los temas tratados. 

¿El Campeón qué sabe de vallenatos?

No se mucho, no soy un versado, pero me defiendo y me gusta como el diablo. Lo bailo y lo escucho. Me gusta la manera como Diomedes Díaz, como Jorge Oñate, Poncho y Emiliano, los hermanos Zuleta; el Binomio de Oro y demás artistas interpretan la música vallenata.

Soy un tipo orgulloso de lo que hace la gente de mi costa. El vallenato es una música maravillosa. Déjame decirte que tuve una buena amistad con Alejo Durán. Lo conocí mucho. Estuve en varias de sus presentaciones y nos abrazamos con cariño. Alejo fue el primer hombre en ganar esta gran fiesta vallenata. Alejo ocupa un lugar demasiado alto en los corazones de los colombianos. 

¿Cuál es la canción vallenata que mas le gusta?

Son muchas, pero ahora me acuerdo de la grabada hace varios años que tiene una melodía nostálgica y que penetra firme en el sentimiento. Se trata de la canción ‘Se te nota en la mirada’ y que interpreta el gran Diomedes Díaz con ‘Colacho’ Mendoza. Quien compuso esa canción enfocó bien la manera de ver el amor.

(Se le hace notar que su autor es Gustavo Gutiérrez Cabello y entonces añade: “Ah, ese si sabe por donde le entra el agua al coco”).

Enseguida sorprendió recitando el primer verso de la mencionada canción: 

Lugares que traen recuerdos que me enguayaban

me destruyen sentimiento porque en el alma llevo un dolor

no se cómo se ha cambiado toda la historia

no se quien tuvo la culpa de haber matado este gran amor. 

¿Por qué le gusta esa canción?

Por su temática donde el compositor hace un recorrido con lujo de detalles sobre un amor que huye, pero no lo puede ocultar porque se le nota hasta en la mirada. Esa canción es todo un jonrón con las bases llenas. Y déjeme decirle que Diomedes y ‘Colacho’ fueron fieles a la tristeza del autor de la genial canción. 

‘La Cacica’ 

Habló largo y tendido de Consuelo Araujonoguera, ‘La Cacica’, y la catalogó como una de las mujeres más importantes del país por jugársela con el Festival Vallenato donde cada año gana y por goleada.

“Hablar de ‘La Cacica’ es remitirse a lo auténtico. Ella le dio la importancia a los juglares que andaban por los caminos y los trajo a Valledupar paraque demostraran todo lo que sabían. El tiempo le dio la razón y esta fiesta vallenata ocupa un lugar destacado en el concierto nacional.

Gracias a ella Alejo Durán, ‘Colacho’ Mendoza, los primeros Reyes Vallenatos, y muchos más tuvieron diversas oportunidades de sobresalir. Con ella se tiene una gran deuda porque le apuntó a algo que no se sabía si se impondría. Ella le apostó a eso y los resultados son elocuentes. 

¿Háblenos del Junior?

Es un equipo que siempre estará en el corazón del pueblo barranquillero y ese equipo es alegría, pasión, candela y tradición futbolera. Barranquillero que se respete es hincha del Junior. 

¿Por qué decidió vivir en Barranquilla?

Barranquilla es una tierra querida, es la ciudad que todos queremos. Tenemos muchos problemas como los que hay en Nueva York, en Londres, pero los sabemos soportar. Barranquilla es el mejor vividero del mundo. 

¿Dicen que usted es petulante y orgulloso?

En algunas oportunidades me ha pasado que me presentan a una persona y me dice “Te tenía una rabia tremenda, porque eras chocante y petulante, pero ahora que te trato eres diferente”. Eso pasa, así pasa. 

¿Por qué siempre es polémico y no le pesa la lengua para cantar la tabla?

Soy de una sola pieza. No me arrugo ante nada. Al pan, pan. Eso le gusta a la gente porque soy un defensor de la verdad. Así me quieren y nunca voy a cambiar. Seguiré cantando la tabla duélale a quien le duela. 

¿Es agüerista?

No, de ninguna manera. No creo ni en brujas ni en espantos. Soy muy católico y devoto cerrado de la Virgen del Carmen. Todo lo que tengo y lo que soy se lo debo a ella. 

‘El campeón’ se quedó sereno, tranquilo, hablando, y disfrutando del Festival Vallenato sabiendo que todo era ganancia y más teniendo en cuenta que Valledupar es un lugar colmado de recuerdos y como en la canción de Gustavo Gutiérrez, dejando que los dolores y las penas ocultas naveguen por el rio crecido de la esperanza.

La modista vallenata Maritza Cabas Pumarejo tuvo el honor de coserle la famosa prenda de vestir al escritor nacido en Aracataca. 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

La mañana del viernes primero de mayo de 1992, día del trabajo, la modista vallenata Maritza Cabas Pumarejo confeccionó el que hasta la fecha ha sido el trabajo de costura más importante de su vida.

Todo comenzó cuando llegaron a buscarla a su casa, “Porque la señora Consuelo Araujonoguera la mandaba a llamar”. Para ella, el llamado fue algo normal porque era su modista de cabecera, pero se encontró con enorme sorpresa. Había sido la escogida para que le cosiera una camisa guayabera al escritor Gabriel García Márquez.

Maritza, se emocionó al recordar la historia ocurrida hace 23 años, y enseguida pone a funcionar la máquina del recuerdo. “Al llegar, encontré a Gabo sentado en una mecedora. En ese momento la señora Consuelo me enteró de la tarea que se me iba a encomendar. Y añadió que la guayabera debía estar lista para el día siguiente, cuando era la gran final del 25º Festival Vallenato donde Gabo sería jurado. Mejor dicho, debía estar elegante como todo hombre Caribe”.

La modista aceptó el encargo con la más grande satisfacción, pero sabía que tenía que hacerla en tiempo récord, porque la camisa era calada y con toda la calidad del caso. Sigue hilando las palabras, y entonces indica. “Enseguida, Gabo se puso de pie para que le tomara las medidas. Comencé con mi labor y él sonreía. Me pidió que fuera manga larga, pero de repente dijo que le causaba mucha alegría que una mujer vallenata le tomara las medidas para esa prenda”.

Comenta que al principio tuvo un poco de nervios, pero en medio de todo quería que el tiempo no pasara. Todos los miraban y eran el centro de atención y sin siquiera darse la primera puntada esa guayabera ya era famosa.

Cuando se le indagó sobre las medidas que le tomó al escritor no lo pensó mucho, cerró los ojos para buscar con su pensamiento los números en la caja de los recuerdos y precisó: “Bueno, si me acuerdo, pero déjeme precisar. Todo es en centímetros: 50 de espalda, 110 de pecho, 104 cintura, 74 de largo, 56 de manga y 47 de contorno de cuello”.

Al dar esos particulares detalles fijó su vista al cielo, y como si fuera ayer, le agradeció a Dios por haberle permitido tener tan cerca al hombre que le entregó a Colombia las más grandes alegrías escritas, y aún más, por poderle coser una guayabera que llevaba la marca ‘Cañaguate’, nombre del barrio más popular de Valledupar donde todavía reside. 

Modista dedicada 

La servicial modista comenzó su tarea preliminar yendo a un almacén a comprar dos metros y medio de tela de olan de hilo, color blanco y los demás elementos necesarios. Con toda la alegría del mundo se sentó en la máquina de coser a dar las puntadas justas, no sin antes concentrarse en el compromiso que no esperaba, pero que le llegó por su profesionalismo. Tuvo la guayabera lista en el tiempo estipulado. “Casi no dormí, pero le puse todo el interés y saqué a relucir mi experiencia”.

Cuando terminó, llevó la guayabera a la antigua casona ubicada en la plaza ‘Alfonso López’, pero en ese momento no encontró a Consuelo, ni a Gabo, pero el día siguiente supo que él se la había puesto, y que Álvaro López, era el nuevo Rey Vallenato superando a los acordeoneros Jesualdo Bolaño y Gabriel Julio.

Lo que ella no sabía era que le venía el premio mayor por su excelente trabajo. Eso lo supo la reina de las modistas tres días después de haber concluido el Festival Vallenato.

De esta manera lo narra. “La señora Consuelo me mandó a llamar nuevamente, y sin dejarme llegar a su casa, me dijo que a Gabo le había gustado tanto la guayabera que pidió que yo le confeccionara cinco más en tonos pastel, y que ella se las haría llegar a Cartagena”.

La emoción se le triplicó en ese instante, y  anota que cumplió el sinigual encargo con todo el amor y la dedicación de su oficio. “Se las hice, ahora sí, con toda la calma del caso. Desde ese día me dicen que soy la mujer que le cosí a Gabo y quedó bien satisfecho”. Entonces sonríe y expresa: “Eso me aumentó el trabajo”.

Seguidamente relata que no tuvo una segunda oportunidad sobre la tierra de volverlo a ver personalmente. Ella, quería darle las gracias por haberle gustado su manera de coser, pero en esos pocos momentos que lo tuvo al frente notó que era un hombre sencillo y amable. 

Admiradora de Gabo 

“Me dolió su muerte, me quedó ese bello recuerdo de la hechura de las guayaberas, y nunca olvidaré todo el aporte que le hizo a la difusión de la música vallenata, especialmente de la vida y obra del maestro Rafael Escalona”.

En medio de sus costuras, que ahora intercala con dictar cursos de modistería, añora que por la emoción de estar tan cerca de Gabo no le pidió un autógrafo. “Me lo hubiera firmado en la hoja donde anoté sus medidas”, dice sin dudarlo.

Solamente le quedaron las fotos que son la prueba fehaciente de aquel corto instante del encuentro entre el escritor y la modista, dos seres humanos cuya afinidad consistía en prestar el más lindo servicio de bordar letras y telas desde dos máquinas diferentes, la de escribir y la de coser.

Maritza Cabas Pumarejo, esa mujer humilde y de hablar grato, sigue apegada al metro, la tijera, las telas, los hilos y los botones son sus grandes aliados, y también a leer con paciencia y calma varias de las obras de Gabriel García Márquez.

Precisamente, sacó de un baúl algunos libros y viejos recortes de prensa donde leyó uno de Gabo que le llamó la atención porque hace énfasis en la música vallenata. Tomó agua y comenzó a media máquina porque se notaba que sus pupilas cabalgaban a la velocidad de sus nostalgias.

“Quien haya tratado de cerca los juglares del Magdalena Grande podrá salirme fiador en la afirmación de que no hay una sola letra de los vallenatos que no corresponda a un episodio cierto de la vida real, a otra experiencia del autor. Un juglar del río Cesar no canta porque sí, ni cuando le viene en gana, sino cuando siente el apremio de hacerlo después de haber sido estimulado por un hecho real. Exactamente como el verdadero. Exactamente como los verdaderos juglares de la mejor estirpe medieval”.

No más había terminado de leer entregó una reflexión del vallenato raizal y pidió un permiso para buscar una revista donde tenía subrayada una frase escrita por la Exministra de Cultura, Consuelo Araujonoguera.

“El vallenato de verdad no se hace. No se fabrica. No se elabora, ni siquiera, digo yo, se piensa o se diseña. El simplemente nace. Nace con fuerza como cualquier machito entre sollozos y pataleos después de que lo engendra el sentimiento y lo pare la inspiración”.

Cerró los ojos y al abrirlos entregó nuevas palabras porque sin pensarlo sacó a relucir el pensamiento de dos personas en las que giró su vida para ser protagonista de una crónica vallenata. 

Recuerdo de la guayabera 

Corrían los primeros días del mes de febrero de 2010 cuando Rodolfo Molina Araujo, presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, visitó a Gabriel García Márquez en Cartagena para cursarle invitación al 43º Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje al maestro Rafael Escalona, y surgió una charla amena que se extendió por ocho horas.

Gabo, quien escribió un vallenato al que le alcanzó la melodía para ocupar 350 páginas, que parrandeó y conoció de cerca los vericuetos de la música vallenata salida de los potreros, de juglares descalzos que estrenaban canciones con letras sencillas donde se describían desde una mujer vestida de amor, hasta la naturaleza bordada de verde y con cintillos de arco iris, ese mismo que creó a Macondo, que se extasió hablando del ayer y recordó con sonrisas la historia de la guayabera festivalera.

Entonces, el hijo de Aracataca comenzó con palabras un recorrido por la vida de Consuelo Araujonoguera, la gran gestora que hizo posible que el vallenato tuviera nombre propio y que se metiera en el corazón de los colombianos con la creación del Festival de la Leyenda Vallenata, al lado del expresidente Alfonso López Michelsen y del maestro Rafael Escalona Martínez.

"Ella fue una mujer que con su trabajo, talento y dedicación vistió de música el Valle del Cacique Upar, y desde la Plaza Alfonso López lo puso a danzar al ritmo del pilón, a interpretar y cantar los cuatro aires del folclor vallenato", fue lo primero que narró el Nobel de Literatura. Y continuó diciendo: “Esa vez, como dice El Chavo del 8, Consuelo, la inolvidable ‘Cacica’, me hizo estrenar sin querer, queriendo”.

Gabriel García Márquez, el hombre que dedicó toda su vida a dejar correr un río de letras que llegaban felices a su destino final, dejó sentado que el folclor vallenato cuenta con su propio color, el amarillo, como las mariposas de Mauricio Babilonia, y que tenía una valerosa mujer que le mandó a coser varias guayaberas, esa ‘Cacica’ que se despidió de la vida y dejó andando a toda máquina la auténtica música vallenata que con sus acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, verseadores, compositores, cantantes y piloneras a cuestas, es hoy Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

 

 

 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Al llegar a su casa la puerta está cerrada y la única opción es llamarlo a su número celular que está escrito en la pared con el nombre que es conocido en Chimichagua y sus alrededores: ‘El Templa’.

Al hacerlo contesta de inmediato y luego de explicarle el motivo de la llamada dice: “De una me dirijo a mi casa para que tiremos una larga parla. Estaba dándole vueltas al paisaje y ya estoy en la cabina de mando de mi adorada bicicleta que es vieja, pero todavía da la talla”.

Demora poco y al llegar esboza gran parte de su vida que tiene todos los matices y cuenta que pecar le hace daño y que por decisión propia le sacó tarjeta roja al sufrimiento. “Eche, la vida tan corta y regalarle sufrimientos no se  vale, y por eso hay que ser un bacán”, es su argumento principal.

Enseguida al preguntarle a qué se dedica, sorprende con una respuesta llena de diversas alternativas. “Me la he pasado por estos días sacándole el presupuesto al pensamiento para ver cuánto entrega, y esa tarea es complicada”.

Después de dejar los números quietos para otra mesa de trabajo expresa que “Lo que nunca ha salido de mi presupuesto es la música de los hermanos Zuleta. Esa es mi alimento gratuito, es como la Virgen Inmaculada, patrona de mi pueblo, que está siempre a mi lado. Esos cantos preclaros y ese acordeón virtuoso adornan mi corazón y arrullan mis sentimientos”.

La emoción de Simón ‘El Templa’ subió al lado de las estrellas y comenzó a cantar pedazos de varias canciones hasta aterrizar en ‘Mi hermano y yo’.

Se calla un momento y manifiesta: “Esa es la canción que frena los sinsabores, que aviva la llama del folclor y encanta a cualquiera que ame el buen vallenato”. 

Hace tiempo que en mi mente existía

un viejo compromiso de componer un son

se trataba de hacé una melodía

con unos cuantos versos, con todo el corazón

pero el tiempo no es corto todavía

y ya llegó el momento para poder cantar

con una nota linda

con una voz sentida

y ganas de llorar. 

Para darle mayor claridad a su concepto anota. “Sin la música de los hermanos Zuleta, mi vida pasaría trabajo, las emociones estarían de luto, y sería como el pescador sin mujer que no tiene donde tirar su atarraya cuando tenga que acostarse”.

Sin pensarlo mucho relata que sabe de la historia y de los discos grabados por los hermanos Zuleta, pero que no hace alarde de eso. “Mi argumento son sus canciones que tienen las medidas exactas para gustar a sus miles de seguidores que están regados por el mundo y que se deleitan como Dios manda. Como los Zuleta no hay. Ellos son únicos, hacen parte de una excelsa dinastía. En otras palabras, son fabricantes de alegrías vallenatas”. 

Petición de ‘El Templa’ 

El personaje Simón ‘El Templa’, le dicen así desde niño, y cuyo nombre de pila es Simón Hernández Pérez, quien cuenta con 56 años, se desempeña en diversas labores porque nunca se le ha arrugado al trabajo y lo deja muy claro. “Mi vida es un disco que ha dado miles de vueltas y como dice Poncho Zuleta, también me he comido las verdes y las maduras”.

Hace una pequeña parada y se mete por completo en el intríngulis de su existencia que cada día tiene que reinventarse para no quedarse rezagado ante los avances que el mismo hombre proporciona.

Mientras entrega sus conceptos, en una vieja grabadora que él llama ‘La reina Zuletista’, suenan canciones de estos artistas a los que quiere como a su propia familia. “En mi casa los Zuleta siempre han jugado de local y esa música en ocasiones la mezclo con algunas cervecitas para que el cuerpo esté a tono”.

Cambiando de tema, hace diversas referencias a la inseguridad reinante. “Esto está fregao por todas partes. Así como vamos se pueden robar el arco iris para venderlo color por color”.

Enseguida regala sus acostumbradas carcajadas, que son el timbre para que sus queridos vecinos sepan que está entablando un ameno diálogo.

Entonces, se pone serio y dice: “Gracias por la entrevista cachetosa, bacana o Makia como dicen mis hijos, y mi gran ilusión sería ver tocar en vivo a los hermanos Zuleta, porque toda mi vida los he escuchado a la distancia. De esa manera me he enamorado de su auténtica música y ahora tengo que dar gracias al Festival Vallenato por ese merecido homenaje que le harán en Valledupar”.

Cuando menos se esperaba el singular personaje preguntó. “¿Paisano, se imagina a Simón ‘El Templa’ parado al frente de la tarima del Parque de la Leyenda Vallenata viendo a Emiliano ejecutar su maravilloso acordeón y a Poncho cantar con esa versatilidad única?”.

Le brillaron los ojos y no dijo más nada. Corrió para la tinaja a tomar agua y no pasar ese momento en seco. Volvió a dar nuevamente las gracias por tenerlo en cuenta y regresaron las carcajadas del hombre más popular de Chimichagua, y al que por su manera de ser todos lo buscan, “Por supuesto”, para enjuagar la vida con jocosidades y dejar desfilar por sus memorias canciones que tienen la marca Zuleta. 

Porque cuando escucho mi triste acordeón

quisiera reírme y quisiera llorar

porque cuando escucho a mi hermano cantar

quisiera una copa llena de licor

quisiera un momento olvidar el dolor

que pasen las penas y sentirme feliz

al lado de mi hermano

con quien he batallado

para poder vivir.