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Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Hace dos meses, el hombre que tiene como mejores compañeros a los versos y cantos jocosos, sintió que le hicieron un llamado inusual, pero no a subirse a una tarima, sino que su corazón le mandó un pié forzao que no esperaba.

“Me dio un fuerte dolor en el pecho, y enseguida me tocó ir donde el médico, quien me recomendó un tratamiento a fondo, pero como el corazón se quedó quieto, pensé que era pasajero, y resulta que de un momento a otro se repitieron los dolores, no se tenía otra salida que acudir al médico y enseguida me dejaron en la clínica”.

Estas son las palabras del verseador, compositor y cantante Andrés Emilio Beleño Paba, nacido en Chiriguaná, Cesar, quien se vio en calzas prietas en un momento en el que no valieron las recomendaciones caseras, ni las alegrías y las tristezas acumuladas en su larga vida. 

Un catéter para ‘Bele’ 

Viendo la gravedad del paciente, los galenos lo remitieron de Valledupar a Barranquilla, donde le hicieron varios análisis, y hasta cabía la posibilidad que según sus palabras, “Me pusieran un reloj en el corazón (marcapasos) para que me vigilara los golpes, pero gracias a Dios pude salir invicto”.

Lo que si le realizaron al primer Rey de la Piqueria en el Festival de la Leyenda Vallenata fue un cateterismo, procedimiento cuyo resultado daba cuenta que el ‘Cucharón’ estaba dando la hora exacta, y solamente le mandaron un tratamiento: mucho cuidado y una dieta rigurosa, situación muy compleja para un hombre acostumbrado al buen comer. Al recibir estas recomendaciones manifestó: “Si es así, no hay problema, porque soy juicioso, dedicado, y si controlo un poco la boca, puedo seguir metido en mi mundo”.

‘Bele’ hizo una parada intempestiva, y poniéndose la mano en el pecho dijo: “Esa es la vida mía. Cuando abandone esto, si es verdad que la cosa se pondrá dura, porque sin parrandas, sin composiciones y sin versos, enseguida se me descuadra la vida”. Con la jocosidad que lo caracteriza, expresó que de este suceso debe salir una canción. “Voy a decirle a mi corazón que se comporte, que la coja suave, o como dicen los pelaos: que se relaje”. 

Sigue sonando la campana 

Las visitas a su regreso no cesaban, y todos le reportaban un agradecimiento a Dios por haberle dado unas décimas más de vida “al maestro Andrés, que por su carisma y don de gente todos lo quieren”, anotó un vecino del barrio Los Caciques.

Andrés Emilio no deja de agradecerles a todos: “Hasta que no llega un momento como este, uno no sabe lo que tiene, y quiénes son verdaderamente los que están a su alrededor. Mi esposa no alcanzaba a recibir la cantidad de llamadas preguntando por mí. No tengo palabras para agradecerles a todos. Dios les pague”.

Entonces, por vez primera su sonrisa se fue de visita a otra parte, porque las lágrimas adornaban el rostro del hombre al que los versos le salen hasta por los poros. Ya un poco calmado, tiró el primer verso después del primer llamado del corazón. 

“Tendrán que tener presente

oigan lo que digo yo,

yo le agradezco a la gente

a todo el que me llamó”. 

Cuando uno de los presentes llamó la atención sobre la canción ‘La campana’, que le grabara Poncho Zuleta, explicó: “La campana de mi canción que siga sonando: Tan, Tan, Tan, Tan. La campana de la iglesia, no!!! Esa que se quede quieta”. 

Nada que perder 

De repente, Andrés Beleño quiso referirse al concurso Rey de Reyes de la piqueria que tendrá lugar en el 50º Festival de la Leyenda Vallenata. “Será un evento muy importante donde todos los ganadores deberán hacerse presentes para darle mayor altura a la piqueria. Como primer rey de la piquería, con el favor de Dios, estaré contestando presente porque yo no tengo nada que perder”. Y acto seguido, ante la mirada de los presentes, tiró su verso retador: 

El que venga como venga

pa’ que sepan todos ustedes

yo si voy pa’ la piqueria

en medio del Rey de Reyes. 

Enseguida, el hombre del bailecito particular cuando versea, preguntó sobre los gallos que buscarán la corona del Rey de Reyes de la Piqueria, y al decirle que veinte improvisadores, dijo que “ojalá que todos se decidan, como sería de bonito reencontrarnos todos los que hemos ganado este concurso del Festival de la Leyenda Vallenata, para demostrar nuestro talento sobre la tarima. Que no se vayan a quedar, pa’ levantarnos a verso limpio”. 

Canciones en tambora 

Andrés Emilio Beleño Paba está que no cabe de la dicha porque le vienen dos nuevas canciones de su autoría en las voces de ‘Churo’ Díaz (‘Que se vaya’) y Diomedes Dionisio (‘La hora loca’). “Vienen dos nuevas canciones en mi amplio repertorio, pero voy a emprender, con el favor de Dios, mi familia, mis seguidores y mis amigos, una producción musical en aire de tambora. Yo fui este año en los carnavales de Valledupar, el Rey de la Tambora”.

Después de brindar una rápida clase de tambora, que se ejecuta y se canta en la zona conocida como La Depresión Momposina, comunicó que está que se graba porque “ese es un regalo que nos merecemos todos”.

Sin más preámbulos, y demostrando sus dotes de cantador, interpretó: ‘La perramenta’: 

“Aquí hay una perramenta

que no deja dormir a la gente

se amontonan en la puerta

peliando, dándose diente

yo les grito de allá adentro

perro, quédense quieto

perro,  que se aquieten

esos perros son callejeros

esos perros son fogoneros

esos perros no tienen dueño

cuida’o que son de Beleño…” 

Rodeado de esos animales que se mueven en su cabeza creadora se quedó el verseador y compositor, que de vez en cuando se observa el corazón para que no desafine, ni le juegue una mala pasada, porque entonces el jurado celestial tendrá que ponerle una mala calificación y salir de inmediato de la competencia terrenal.

Maestro Andrés Emilio Beleño, el mejor verso de ahora en adelante debe ser para Dios, porque permitió que siga montado en la tarima de la vida regalándole alegrías gratis a todos los que admiran su capacidad para el verso, el canto y hasta el bailoteo acorazonado.

Definitivamente Andrés Beleño tiene un corazón sincero de carne y sangre que es más fuerte que uno de piedra.

Por Juan Rincón Vanegas @juanrinconv 

En medio del agite diario que caracteriza a la capital del país, ciudad donde la carrera por llegar al destino fijado es la constante de sus habitantes, encontré en una de las calles del centro bogotano a un adulto mayor que observaba cómo trascurrían los episodios de la vida, casi sin inmutarse.

Cuando pasé por su lado, pidió algo de dinero. Sus ojos reflejaban una súplica. Le entregué lo pedido y enseguida tuve curiosidad por conocer algo sobre el personaje cuya marca principal, a simple vista, es el olvido.

Al indagarlo, dijo: “Soy ingeniero industrial. O era, mejor. Ahora soy un andariego que recorre las calles bogotanas sin rumbo fijo, leo los periódicos de ayer, antier o de más días, para saber que pasa en el mundo”.

Enseguida, sacó de su mochila varios ejemplares de la prensa capitalina y expresó: “Aquí tengo parte del país en letras y solamente leo la prensa para estar actualizado, así sea tarde”. 

Gusto por el vallenato 

De repente, Raúl, como manifestó llamarse, preguntó sobre mi ciudad de origen, y al responderle Valledupar, se le prenden las luces y por primera vez sonríe. “Eh Ave María Papá, si eres de la que llaman Capital Mundial del Vallenato, esa ciudad donde las canciones de Escalona lo expresan todo. Y ni que decir de Diomedes Díaz, el hombre que cometió sus errores, pero fue un artista fuera de serie”.

Raúl se quedó callado y de repente dijo: “¿Dígame una vaina, como dicen allá, quien en la vida está excepto de cometer un error?”. Él mismo se responde: “Nadie”.

Cuando menos se esperaba, el hombre sesentón con un léxico educado comenzó a contar su historia. “Yo soy de Medellín, las malas compañías me llevaron por el mal camino hace 20 años, y desde entonces, no he podido levantarme. En el camino quedó una familia que me rechazó y una profesión lucrativa; ahora me la paso deambulando por esta mole de cemento. Duermo donde me coja la noche, preferiblemente, debajo de un puente o en las bancas de algún parque”.

En ese momento, varias lágrimas lo acompañaron y agradeció que lo escuchen. “Esto no se lo deseo a nadie. He intentado salir, pero los problemas son más grandes que la fuerza de voluntad”. Se tapó la cara con las manos, como intentando esconder la realidad de su vida, y es entonces cuando añora sus buenos días donde era amado y respetado.

“Ahora corro más que Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez y hablo más que el comentarista Julio Arrastía Bricca en una vuelta a Colombia. Antes era ordenado y cumplidor de mi deber. Debido a mis errores, el tiempo me pasó, y me sigue pasando factura, y como en el libro de Gabriel García Márquez, no tengo quien me escriba”, dijo en un tono de querer que la vida regrese a sus años de juventud.

Nuevamente cae en la charla la música vallenata, y expresa que nunca conoció al maestro Rafael Escalona Martínez, pero que siguió de cerca la serie de televisión que llevaba su primer apellido: ‘Escalona’. “Si mal no recuerdo fue en 1991, sus protagonistas eran Carlos Vives y Florina Lemaitre, quienes hacían el papel de Rafael y ‘La Maye’, respectivamente”.

De repente, se quedó callado, y todo indicaba que por la mente del viejo andariego desfilaban las escenas de esa historia televisiva que cada noche paralizaba al país. “Me sentaba frente al televisor y me atraía esa historia, así como lo hace el tango, me llamaban la atención esos pueblos y todos sus personajes”.

Cuando menos se esperaba, dijo: “Se me quedó pegada en la memoria la canción ‘Jaime Molina’, que era un pintor amigo de Escalona, y de esa amistad surgió una canción”. No se sabía al pie de la letra la canción, pero se le recordó. 

Recuerdo que Jaime Molina

cuando estaba borracho ponía esta condición

que, si yo moría primero, él me hacía un retrato

o, si el se moría primero, le sacaba un son

ahora prefiero esta condición

que él me hiciera el retrato y no sacarle el son. 

“Esa es, que delicia. El mundo es un pañuelo donde todo está cerca, y yo me he encontrado con un vallenatero”, manifestó emocionado Raúl. 

Las canciones de Diomedes 

Siguiendo en sintonía con el folclor vallenato, el personaje ahondó en la vida de Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’, y expresó que sigue escuchando sus canciones. Además, que se enteró de su muerte por la prensa vieja, que para él siempre es nueva. “Una noche me puse a leer y encontré que Diomedes había muerto cuando estaba dormido, que le harían homenajes, y él sí que los merecía”.

Vuelve a quedarse callado, se acomoda la gorra con la cual dice proteger su abundante barba, y enseguida anota. “Desde muy joven, Diomedes se le midió al canto, así lo rechazaran. Fue un bravo. Bien bravo, y vea la gloria que alcanzó, por sus propios medios. Ese Diomedes era inigualable”.

Al invitarlo a recordar una de sus canciones, su mente cansada no demoró y dijo que era ‘Mi muchacho’. “Una historia tan real que provoca hasta llorar”. 

Ese muchacho que yo quiero tanto

ese que yo regaño a cada rato

me hizo acordar ayer,

que así era yo también cuando muchacho

que sólo me aquietaban dos pencazos

del viejo Rafael.

Y se parece tanto a papá

hombre del alma buena. 

Continuó recordando canciones de Diomedes, que sus oídos ahora recepcionan por los lugares por donde pasa, recalcó sobre el talento innato del hijo de Rafael y Elvira, quien partió de la vida el 22 de diciembre de 2013. Ese mismo que al ‘Intelectual andante’ le acongoja el sentimiento.

En la fría capital se quedó el hombre al que las alegrías no le llegan ni a cuenta gotas, porque las tristezas y nostalgias se le adelantan y son sus compañeras permanentes. El hombre que nunca tiene un rumbo definido a donde ir y cuyos días son iguales, así el sol los diferencie con su temperatura. El hombre que entregó una lección de recuerdos, así los malos pasos hayan dejado cicatrices en su cuerpo y en su alma.

Raúl se quedó medio sonriendo y moviendo su mano derecha para dar las gracias por esa charla que por instantes lo devolvió a su añorado ayer. Llegó a un sitio donde eventualmente puede disfrutar de una comida caliente, bañarse y recibir una palabra de aliento basada en las Sagradas Escrituras.

En la despedida del periodista con el ‘Intelectual andante’ solamente había que dedicarle ese sentido verso de Diomedes Díaz: 

Me voy, pero ten presente

que muy dentro llevo tu imagen grabada,

eso fue lo que le dije aquel momento antes de partir…

-Hoy cuando el artista de música vallenata cumple 35 años de vida cuenta cómo ha sido su transformación de hombre parrandero, bebedor y mujeriego, a un ser más espiritual- 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

El artista que solía decir en las tarimas: “Me quieren acabar, pero no han podido”. “La única forma que el pobre esté feliz, es vivir borracho”, "Es que unos beben para olvidar, yo bebo pa' recordarla", “Pa’ que tú me olvides tienes que hacer un curso y ese curso lo dicto yo”, generador de polémicas por sus actos que lo llevaron incluso a estar en los estrados judiciales, ahora es diferente. Su testimonio está unido a la espiritualidad y centrado en las Sagradas Escrituras. Lee la Biblia, donde ha encontrado muchos versículos que ya hacen parte de su cotidianidad.

A Silvestre lo dominaba el trago y las mujeres. Pero asegura hizo un pare en el camino y ahora la vida lo premió porque enfocó su pensamiento en Dios, lo fortaleció con más amor a su familia y su carrera artística dio un vuelco total.

“Era el mes de diciembre de 2014, casi no dormía, y de ahí se derivaba todo. El barco de mi vida estaba a la deriva, y llegué a hacer cosas que no eran las mejores. Regañaba hasta mis músicos que son parte vital de mi carrera. En fin, después de leer un libro de Alex Campo que encontré entre tantos regalos que me hacen, comprendí que el llamado de Dios era para mí”.

Su testimonio es elocuente, sincero y sus miles de seguidores notan el cambio, y están de acuerdo con eso. Él mismo lo ratificó con un mensaje en Twitter: “El 2015 ha sido uno de los mejores de mi vida porque conocí la verdad”.

Durante esta entrevista su vista se conectaba con el cielo y comenzó a explicar que ahora su vida tiene un nuevo sentido porque Dios marca la pauta y direcciona sus éxitos que siguen como la luz de la aurora que va en aumento, hasta que el día es perfecto.

“Todo lo que siento es glorioso y sigo metido en mi mundo del vallenato porque desde niño me levanté en ese ambiente y en cada uno de mis conciertos esas canciones estarán presentes”. No había terminado de decir estas palabras, cuando volvió a hablar de su nueva vida.

“Dios me llamó y estoy siguiendo sus pasos. Pienso que el amor es la estructura fundamental para todo cambio. Cuando amas lo que haces, amas a tu familia, y a ti mismo, llegan los cambios y eso pasó conmigo, y en esta nueva vida espiritual, quiero compartir estos instantes que estoy viviendo y sí puedo ser ejemplo, y mi testimonio le sirve a muchos, ahí estaré contando mi vida”.

El artista no se detiene en su disertación porque expresa que lleva una vida en paz con Dios y consigo mismo. Y además, se atrevió a dar el salto de perdonar, algo que antes veía imposible.

“En ese sentido Dios hizo el cambio porque abrí mi corazón de par en par y entré a perdonar. Me arrepentí de todo lo que es malo y la verdad, volví a vivir. Al llegar a ese punto se te abren todas las puertas y cambia el ciclo de todo lo que gira a tu alrededor”.

Las personas que siempre han estado cerca de su vida familiar y artística dan testimonio del cambio. Ahora Silvestre Dangond tiene en su mente un mensaje diferente en el que Dios ocupa el primer lugar y así lo manifiesta en los distintos escenarios que presentan un lleno total.

Los asistentes además de escuchar las canciones que interpreta reciben del artista palabras de reflexión y de invitación a navegar por el rio de la cristiandad plena, por los caminos de la verdad y por las calles del mejor vivir de la mano de Dios.

En este sentido afirma que “En ese momento entrego las palabras que dicta mi corazón y los que me critican o juzgan los encomiendo a Dios, que tiene la formula precisa para bendecirlos”.

 

Los cantos de ayer… 

Entrando en el plano de los cantos que ha grabado en su corta, pero fructífera carrera artística donde las letras hablan de desamores, de amores prohibidos, de un cantinero que sirve buen trago, de culpables, de locuras paranoicas, de tragas locas, de indiferencias interminables, del inolvidable Judas y del hombre que tenía dos amores, entre ellos una gringa, hizo una pequeña parada para sonreír y anotó.

“Ahora antes de cantar hago una explicación y expreso lo que no se puede hacer para llevar una vida mejor. Es un mensaje directo que busca que todos se conecten con el amor, con la paz y con el perdón, especialmente en estos tiempos y claro teniendo a Dios en la mira”.

Silvestre ahora es también un predicador porque aprovecha el don del canto que Dios le otorgó para llevar más almas a su redil. “Estoy contento con todo lo que hago y cada día gracias a Dios veo los frutos”.

Explicó que es respetuoso de lo que piensan los Silvestristas respecto a su decisión de entrar en los caminos del Todopoderoso. “A todos los quiero y les agradezco tenerme en un lugar de honor. Yo me debo a Dios, a mi familia, mis amigos y especialmente a mi seguidores. Siempre los llevo en mis oraciones”.

Pidió permiso para atender una llamada en su celular, de la que solamente se escuchó que al final dijo: “Bueno, bueno, tomaré en cuenta todo”. Al colgar no perdió el hilo de la conversación sino que volvió a referirse a su cambio de vida donde su ayer mundano perdió el año hace rato y ahora es un hombre nuevo.

“Mi testimonio servirá para que más almas lleguen a Dios”. Cerró sus ojos y solamente movía sus labios. Al cabo de un rato regresó a la entrevista y manifestó: “Estaba orando por ti y por todos los que leerán esta crónica que será de gran bendición”.

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Una mañana cualquiera, dos hermanitos del alma se dieron a la tarea con toda la calma del caso de recoger los recuerdos regados en un largo kilometraje donde los cantos vallenatos marcaban la ruta hasta llegar a un punto fijo: Valledupar.

Después de armar el rompecabezas del folclor, tarea no tan fácil, entregaron una serie de detalles cuya conclusión es que gracias a Poncho y Emiliano ‘La Capital Mundial del Vallenato’, se llena de fiesta, asunto que es de gran envergadura porque principalmente acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, compositores, compositores y cantantes, tendrán la marca Zuleta, esa que les regala la máxima alegría musical.

Es que por estos días la vida de Poncho y Emiliano Zuleta ha cambiado a raíz del homenaje que se les rinde en el 49º Festival de la Leyenda Vallenata y que los tiene consentidos por todos.

En extensa charla Poncho toma la delantera y expresa. “Me siento como nunca. Estoy muy bien, muy estimulado con ese homenaje que es un orgullo no solamente para la familia Zuleta sino para la música vallenata en general. Sabemos que es algo especial, excepcional porque, modestia aparte la gente sabe lo que ha sido mi familia musicalmente, mis ancestros, de donde  venimos. Todos saben que hemos hecho un trabajo hermoso y estaremos hasta el final dándole cosas grandes al folclor”.

Cuando termina y como si estuviera en la piqueria le dice a su hermano: “Pica, gallo bueno”…. Emiliano solamente sonríe y Poncho le recalca. “No vayas a decir que yo lo dije todo”.

La carcajada se hace más extensa y manifiesta: “Poncho es muy explicativo, pero la verdad es que estamos muy contentos con la aceptación que hemos tenido. Al comienzo no quise aceptar, pero con el paso de los días me convencí que uno no le puede dar la espalda a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y a un pueblo agradecido”.

Le suena el celular. Mira el número y dice que más adelante devuelve la llamada y continúa. “Cada día que pasa sentimos el cariño de la gente y eso no tiene valor. Es el cariño de un pueblo que ha vivido al lado de nuestras canciones”.

Poncho lo interrumpe para anotar. “Desde un comienzo le metimos el pecho firme a la promoción, y los resultados se están viendo. Valledupar se quedará pequeña. Dios me ha dado un  arte que me ha permitido acercarme con la gente a la que quiero mucho”.

Seguidamente Emiliano trae a su recuerdo palabras que tienen la verdad impresa. “Cuando comenzamos no se sabía que podía suceder y el vallenato se fue creciendo hasta llegar a lugares impensables. Y pensar que nuestros juglares, caso mi papá, llevaban el mensaje musical a todas partes sin pretender mayores cosas, sino alegrar a los amigos y ser felices en esas parrandas extraordinarias”.

La nostalgia los atrapaba a los dos y se transportaron a la Villanueva de su niñez donde comenzaron a darle rienda suelta al talento que aprendieron sin darse cuenta.

Entonces expresa Poncho. “Nuestra dinastía se ha destacado y lo que viene será mejor. Ahora recuerdo que a mi papá tres años antes de morir le hicieron un gran homenaje y quedó como un Papá Noel, lleno de condecoraciones. Sabemos que eso va ocurrir con nosotros para cerrar con broche de oro la dinastía musical que hemos sabido representar con lujo de detalles. Tenemos música para rato, y le confieso que mi garganta por fortuna está como un Bitoví, y el acordeón de mi hermano que ahora tiene su propio nombre está fina y dando la nota perfecta”.

Sus palabras iban y venían cargadas de recuerdos y al preguntarles sobre la canción que más les solicitaban en las presentaciones no se pusieron de acuerdo porque son muchas. “Son más de 500 que hemos grabado juntos”, indicó Poncho.

Al final y sin deliberar mucho indican que la más pegada en el gusto popular es ‘Mi hermano y yo”. 

Hace tiempo que en mi mente existía

un viejo compromiso de componer un son

se trataba de hacé una melodía

con unos cuantos versos, con todo el corazón,

pero el tiempo no es corto todavía

y ya llegó el momento para poder cantar

con una nota linda

con una voz sentida

y ganas de llorar. 

Después de Poncho Zuleta entonar la primera estrofa Emiliano pide la palabra para evocar esa inspiración sublime.

“Hace aproximadamente 36 años que le canté a esos momentos que he vivido con mi hermano Poncho. Conté la verdad de principio a fin y desde que se grabó la canción se quedó para siempre en el sentir popular”.

La verdad es que está y muchas canciones cuya lista es larga de enumerar se han metido en el corazón de los amantes del verdadero vallenato porque ellos se han comido las verdes y las maduras, han sufrido y vivido feliz y se han mantenido en invierno y verano.

Se quedan musitando frases gloriosas de esas que tienen la esencia de lo aprendido, las alegrías impresas en papel de oro y el sentimiento corriendo con la fuerza de un rio crecido, ese que hace posible que las gotas de amor manden señales de más vida.

Al final fluyen esos mensajes auténticos que tienen impreso el ingenio, la jocosidad y el gusto por lo auténtico.

"Y nos acabamos cuando a mi me corten la lengua y a mi hermano le corten los dedos". 

Abrazo vallenato… 

Cuando las palabras se escondieron después de darle un repaso a la larga vida musical de los dos hermanitos del alma, esos que más se quieren así se ausenten por cortos y largos periodos se dieron un abrazo. Ese abrazo que encerraba a su familia, a sus amigos y a todos aquellos que alguna vez han escuchado a Poncho cantar y a Emiliano tocar su acordeón.

El abrazo fue largo y adornado con algunas lágrimas que ambos borraron con el pañuelo del periodista, y Poncho sorprendió al decir: “Hermanito, prepárese porque ahora es cuando vendrán cientos de abrazos porque Valledupar estará adornada con nuestros nombres y se dirán bellas palabras de la dinastía Zuleta”.

Emiliano no se quedó atrás y dijo que la mejor despedida de la cálida entrevista sacada del baúl de los recuerdos era con un verso de la canción de su autoría: ‘Mi acordeón’. 

El acordeón tiene una sonrisa

y una elegancia muy especial

es como una muchacha bonita

de esas que tiene Valledupar.