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Por Juan Rincón Vanegas @juanrinconv 

Una tarde vallenata, cuando el sol pedía permiso para despedirse y la luna se asomaba para brillar, llegó al Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ el Rey Vallenato Náfer Santiago Durán Díaz.

Lo acompañaba un compadre, y después de dar un rápido repaso por los recuerdos que marcan la historia de su dinastía, y dialogar sobre diversos aspectos cotidianos del folclor, se iba a despedir, cuando le pidieron que esperara para mostrarle un acordeón.

‘Naferito’, como buen veterano de mil batallas folclóricas, tomó el instrumento, se sentó y comenzó a sacarle algunas notas. No había repasado muy bien los botones, cuando frenó en seco y comentó: “Este es el pedazo de acordeón de Alejo”.

La nostalgia se apoderó de todo su ser, las lágrimas corrieron por sus mejillas y el acordeonero las dejó avanzar sin borrarlas. Ya repuesto del golpe, que no era el del bajo del acordeón, se llenó de sentimiento y añadió: “Ante esto que me acaba de pasar yo no tengo expresión. Que felicidad tan grande. Estoy extasiado de volver a tocar este acordeón después de tantos años, teniendo presente a mi hermano Alejo, que para mi no ha muerto. Mi querido hermano a quien nunca olvido”. 

Un fuera de concurso 

Volvió a tocar la puya dedicada a ese instrumento que le ha dado brillo a su dinastía, y enseguida precisó: “Alejo no quería fiesta con la comadre Consuelo Araújo, y por eso le regaló este pedazo de acordeón tiempo después de coronarse como primer Rey Vallenato”.

Miraba para todos lados, como llamando más recuerdos, y agregó: “A nosotros los Durán, Dios nos premió con bendiciones musicales. En nuestra dinastía hay dos Reyes Vallenatos, compositores, cantantes, cajeros y guacharaqueros. Alejo, toda una leyenda, y yo, que soy el único en toda la historia de este evento que ha sido declarado fuera de concurso”.

Sonríe y continúa con su exposición: “Es una gran satisfacción estar entre los mejores. Tengo entendido que ser declarado fuera de concurso es no tener contendor, y así lo decidió el cuerpo de jurados que integraban Gabriel García Márquez, Enrique Santos Calderón, Rafael Rivas Posada, Miguel López Gutiérrez y Leandro Díaz”.

Este hecho único en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata, se presentó  el domingo 12 de junio de 1983, cuando se coronó como Rey Vallenato Julio Rojas Buendía. 

Rey de Reyes 

Debido a lo ameno de la charla, y viendo la emoción que embargaba al Rey del Tono Menor, al hijo de Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal, nacido en El Paso el 26 de diciembre de 1932, se le indagó sobre la edición 50 del Festival de la Leyenda Vallenata, Rey de Reyes, y sin darle rodeos al asunto, comentó: “Esta será una competencia única donde siempre están los mejores, pero si deberían ponerle una cláusula para que los participantes toquen vallenato y canten ellos mismos, así sean dos piezas”.

Volvió a tocar el acordeón, y en un silencio de la rutina se le preguntó sobre su posible participación en el concurso. Asumió un gesto serio, y anotó: “La edad no me acompaña, ya son casi 84 años, y por ende las fuerzas ya no son las mismas. Quizá con 15 años menos me le podía medir, porque tengo un buen repertorio de canciones”.

Para demostrar lo anterior, interpretó una puya donde se imagina montado en la tarima y retando a sus contrincantes: 

Ahora para el Rey de Reyes

yo voy hacer esta puya,

para quitarle la bulla

aquel que me compitiere.

 

Que me toque la puya

y que toque el son,

pa’ quitarle la bulla

en el acordeón.

 

Que me toque el merengue

y toque el paseo,

para ver si mueve

duro los deos. 

Enseguida, el veterano acordeonero preguntó: “¿Cómo le parece esta puya?”. “Lleva su pulla”, fue la respuesta. 

Excelso compositor 

Tocado por la emoción, ‘Naferito’ continúo hablando de sus hazañas musicales, las cuales comenzó a los siete años cuando su papá le regaló un acordeón de una sola hilera; de los reconocimientos recibidos en Colombia  y en el exterior, y naturalmente de sus canciones antológicas.

“Hasta el momento tengo compuestas más de 200 canciones, y muchas han sobresalido”. Entonces se puso a recordar nombres y más nombres. Citó a ‘Sin ti’, ‘Déjala vení’, ‘El estanquillo’, ‘La Chimichagüera’, ‘La zoológica’, ‘La flor del melón’, ‘La grabadora’. Seguía dando nombres de obras musicales donde se citan pueblos, hechos y mujeres que han sido la razón de su vida y la fuente de mayor inspiración.

Precisamente, se detuvo un buen tiempo para hablar de la historia de la canción ‘Sin tí’, esa donde hace un amplio paseo por la ausencia del amor platónico que nunca compaginó con su triste corazón, le provocó fuertes temblores en el centro de su alma, melancolías en sus largos silencios y la evaporación de los sueños que se llevó el fuego del sentimiento.

Ante el olvido sin remedio, decidió no darle más paso a las nostalgias, sino emprender una serie de vueltas por los bellos albores de las notas de su acordeón. 

Con mi nota triste vengo a decirle a tu alma

lo que está sintiendo mi sincero corazón,

no tengo paciencia, ya no tengo calma

solo vivo triste y loco por tu amor.

 

Sin ti no puedo estar

mi corazón se desespera,

no lo dejes sufrir más

porque le duele y se queja.

Toda la culpa la tienes tú

 si lo dejas que se muera. 

El juglar pasero, después de presentar un extenso recuento lleno de tristezas y alegrías, partió llevándose la satisfacción de volver a tocar ‘El pedazo de acordeón’, ese instrumento sagrado con que se abrió la historia del Festival de la Leyenda Vallenata en las manos de su hermano Gilberto Alejandro Durán Díaz, aquel negro grande que sin cansarse repetía: “Apa, Oa, Sabroso”.

‘Naferito’ se marchó del Parque de la Leyenda Vallenata caminando de forma pausada, tratando de esconder entre pecho y espalda la puya que nunca pasa de moda, esa que tiene imán en su letra y una melodía que contagia a cualquier provinciano. 

Este pedazo de acordeón

ahí donde tengo el alma mía,

ahí yo tengo mi corazón

y parte de mi alegría.

 

Fundingue y Carrandanga, son junto con Embeleco, las palabras que más le gustaban a la exministra de Cultura y creadora del Festival Vallenato, a quien recordamos en su natalicio número 76, palabras que dejó en el libro que escribió sobre los modismos, dichos y refranes de esta tierra de encanto y folclor vallenato. 

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv 

"Cada vez que se muere un viejo se acaba un vocabulario". 

En el año 1994 el Instituto Caro y Cuervo publicó el libro ‘Lexicón del Valle de Upar’: voces, modismos, giros, interjecciones, locuciones, dichos, refranes y coplas del habla popular vallenata.

Esta obra de la exmninistra de Cultura, Consuelo Araujonoguera, recoge el léxico de la región vallenata, entendiéndose como tal esa inmensa zona tanto geográfica como espiritual que arranca en la baja Guajira y se adentra en buena parte del viejo Magdalena Grande.

Al respecto ‘La Cacica’ anotó en su presentación que “Aquí nació y se mantiene un léxico particular que al expresarse oralmente, canta con un dejo melodioso la sonoridad y riqueza de su contenido.  Es la búsqueda y rescate de ese vocabulario y del cómo y el por qué se conserva pese a la cada vez más notable influencia extranjera sobre el castellano, logramos hacer las apuntaciones que dan origen a este trabajo. Algunas de las voces que hemos recogido son de auténtica estirpe castiza que olvidadas en su mayoría por el habla culta o transformadas por el pueblo a través de una peculiar forma de pronunciarlas, fueron adquiriendo al paso de los años, sus propios timbres, ortografía y significado”.

Este trabajo de varios años la llevó a distintos lugares donde pudo recoger la mayor información y contó con el apoyo de reconocidas personas expertas en la materia como Sara Daza de Acuña, Ruth Ariza Cotes, Jaime Sarmiento, Fabio Hinojosa Daza y Carlos Guevara. También destacó el aporte de su hijo Hernando César Molina Araújo: “Ayudante entusiasta y solidario compañero durante el tiempo de la búsqueda y el curucuteo”. 

Palabras en el olvido… 

Darse un paseo por las 245 páginas del libro, 22 años después de su publicación, es un encuentro con palabras escondidas en el baúl de los recuerdos y que pocos tienen la “sutileza” de emplearlas para rendirle homenaje a esos seres que fueron prácticos al hablar.

En la búsqueda y rescate de ese vocabulario y del cómo y el por qué se conserva, pese a la cada vez mas notable influencia extranjera sobre el castellano, se encuentran muchas palabras entre las que se cuentan y que tienen un sinigual significado y cuyo invento se debe a los habitantes de esta amplia región, teniendo como epicentro a Valledupar.

El desfile de palabras es tan largo que hacen que el idioma español sonría ante la sapiencia de aquellas personas que sin quererlo se dieron a la tarea de decirlas para entenderlas y regalarlas hasta llegar a este célebre libro que debe ser de obligada consulta.

Intentando escoger la mayor cantidad de palabras con autenticidad natural aparecen: Trenquipe, Faracateo, Arrequiñe, Juriminga, Flequetear, Tucutaca, Afuerano, Aguadija, Ajilar, Ajocho, Añangotarse, Arrequiñe, Atipuzar, Bajará, Bambolla, Batuqueo, Bolloban, Cacharetiar, Cafuco, Cambanba, Cañeña, Carrandanga, Comistrajo, Corota, Cositero, Curcusir, Currican, Chirimbolo, Chóroco, Chumbulún, Chungo, Enjarminar, Enjoscarse, Enverijamiento, Eschalandrá, Escaralá, Escotera, Esculichá, Engañitarse, Esguajaritar, Esguañeñar, Estrilar, Fagarnia, Fatarsioso, Farto, Forasquín, Gafio, Guacha, Guamacha, Guasabara, Guimba, Gurupera, Huésperes, iguaraya, Imbombo,  Jaiba, Jardiar, Jirimiqueo, Jobero, Jopeo, Julepe, Macoquiar, Mampolón, Matúa, Mejengue, Mitaca, Mojoso, Molunga, Muermo, Murmujeo, Ninguneo, Ñiscla, Ñomácaro, Ñoco, Ópale, Palguarata, Papindó, Paranplan, Perano, Pinducho, Pingarria, Pipiolo, Pirulero, Pleque-pleque, Porrocotón, Rebiata, Relancina, Retobo, Revensino, Salcochar, Saranbeco, Sindiguire, Supungufio,

Talabartan, Taparo, Taranto, Tiña, Tirabeque, Tiria, Tolete, Topetear, Tremolé, Trenquipe, Trupillal, Turupe, Vaqueta, Viaraza, Zabaliar, Zulimba, Zundungo y   ¡tantas más!,

En el libro todas las palabras tienen su significado y da gusto leerlas para conocer de primera vista el aporte que desde esta región del país se la ha dado al idioma castellano y que Consuelo Araujonoguera se dio a la tarea de encontrarlas en los caminos del Valle de Upar. 

La palabra suya 

En aquella ocasión al indagarle a ‘La Cacica’ sobre la palabra que más le gustaba en el Lexicón respondió: “Embeleco”, y continuó diciendo “El Festival Vallenato fue mi embeleco y vea donde va. Claro, que le siguen muy de cerca las palabras Fundingue y Carrandanga”.

Cuando menos esperaba me preguntó. ¿En Chimichagua cual es la palabra más escuchada que no aparece en el diccionario? Contesté: “Jua!” (¿Será que sí? No creo). Risas. 

La palabra “Hubiera”…. 

En el Lexicón del Valle de Upar no aparece la palabra “Hubiera”, pero para Consuelo Araujonoguera era la palabra más derrotista del mundo. Así lo definía. “La palabra que más detesto del castellano es hubiera, porque es derrotista, triste y no debiera existir”.

Por eso hoy digo, si ella no hubiera partido de la vida me estuviera recordando la frase que es mi derrotero eterno: “Los que triunfan son personas ordinarias con una determinación extraordinaria”. 

Yo sé muy bien que en tu tierra querida

has dejado un vacio que no hay como llenarlo.

Porque es verdad que el tiempo

que se va no regresa,

solo queda el recuerdo

de las cosas queridas.

Por Juan Rincón Vanegas  - @juanrinconv
 
En esta ocasión el acordeonero y compositor Emiliano Zuleta Díaz no estuvo en Barranquilla para quedarse, sino para cumplir con una misión del corazón. Esa misión lo llevó hasta el cementerio Jardines de la Eternidad, donde visitó la tumba de Álvaro José ‘Joe’ Arroyo, ese amigo que siempre tiene presente, a pesar que han pasado cinco años desde que ‘El Centurión de la Noche’ se despidió de la vida.
Desde su salida de Valledupar, Emilianito fue armando el crucigrama de los recuerdos, donde la palabra ‘olvido’ no aparece en el diccionario de su memoria, pero en cambio tiene muy frescos esos detalles que los unieron en el campo musical y de la verdadera amistad.
“La afinidad con el Joe desde que nos conocimos fue como el pentagrama, donde caben las notas precisas, y cada uno, a su manera, destacaba el talento. Era una persona muy detallista, y cuando coincidíamos en las presentaciones nos abrazábamos y conversábamos mucho. Nos llamábamos frecuentemente”, comienza diciendo Emiliano Alcides.
Fija su vista al cielo, se encuentra con una nube viajera de esas que hacen su recorrido sin parar, y enseguida relata: “Joe fue único, grande como cantante, compositor y arreglista. Era de esos seres musicales cuya virtud traspasaba todas las barreras. Pasarán cientos de años y será un artista insuperable. Definitivamente era un fenómeno del folclor colombiano, como en el caso del vallenato que no tienen comparación mi hermano Poncho, Jorge Oñate y Diomedes Díaz”.
De un momento a otro tomó su acordeón, se lo llevó al pecho, se sentó en la tumba y con todo el sentimiento reflejado en sus lágrimas expresó: “Joe, mi amigo querido, mi amigo del alma”. Bajó su cabeza por varios segundos, y siguió susurrando: “Joe, hoy he venido a regalarte esa canción que tanto te gustaba, ‘Mi acordeón’, la que aplaudías y cantabas algunos versos”.
Marcó la introducción, y tocado por todas las nostalgias juntas cantó:
 
Yo tenía un tema en mi pensamiento
para hacer una composición
pa' dedicársela a mi acordeón 
que está conmigo en todo momento.
Así como Alejo Durán
hizo una bonita canción
a su pedazo de acordeón
para hacer el primer festival.
Eso me llenó de emoción
y eso me ha llenado de orgullo
desde cuando vine a este mundo
tengo amores con mi acordeón.
 
Todos los presentes en el sublime acto guardaron silencio porque asistían a la más grande muestra de cariño de Emiliano Zuleta Díaz, el hombre que se ha paseado con su inspiración por todos los rincones de la geografía vallenata, y que cumplía una promesa, que le puso más grande el alma debido al peso de la tristeza.
 
‘Yo soy el folclor’
 
Emiliano contó la historia que lo llena de orgullo porque pudo grabar con Joe Arroyo una canción vallenata, exactamente, un merengue.
Se trata de ‘Yo soy el folclor’, de la autoría del compositor Luis Cujia Álvarez, quien con esa inspiración ganó el sábado dos de mayo de 1998 el concurso de la Canción Inédita en el 31º Festival de la Leyenda Vallenata.
Emiliano empieza a narrar: “Joe Arroyo escuchó la canción, le gustó de inmediato y decidió grabarla en una de sus producciones musicales titulada ‘Joe en Sol Mayor’, y tuvo a bien convocarme para que lo acompañara. Gustoso acepté”.
Para Emilianito moldear con su acordeón la voz del Joe Arroyo fue algo sensacional. “La verdad fue que a Joe esa canción de ‘El viejo moderno’, como conocíamos al compositor guajiro Luis Cujia, le encantó de entrada. Fue un amor a primera oída. Recuerdo que estábamos en la grabación de nuestro disco ‘La trampa’, año 1998, llegó Joe a los estudios y acordamos todo sobre la canción”.
El acordeonero se emociona y comenta que Joe Arroyo de tanto cantarla, ya se la sabía. La grabó sin mucha demora, y hasta regaló un saludo: “Y vengo con Emiliano, con el acordeón tocando. Para Valledupar, de parte del Joe. Esto viene con cariño”.
 
Yo soy el merengue soy el cantor
y soy del folclor original
de todos los aires soy el mayor
y soy la alegría del Festival.
Y soy el que tengo la razón
para hablar de los aires musical
y me paro en raya del folclor
a ver quién me va a hacé tambalear.
 
El célebre compositor volvió a ponerse triste. “Cuando Joe Arroyo murió yo iba para Estados Unidos, lo lloré con sentimiento y con el alma. Uno, porque fue mi gran amigo; dos, porque fue un extraordinario artista, y tres, porque se murió de esa manera y, para que entiendan su grandeza, no supo ni morirse, porque todos creemos que está vivo, y porque sus canciones no pasarán de moda”.
Anduvo de un lado a otro por la tumba del artista cartagenero, buscando en su memoria el lugar donde lo conoció. Al acordarse, dice que fue en la Caseta Matecaña de Barranquilla, donde le escuchó cantar esas canciones que hoy lo tienen convertido en una leyenda del folclor nacional.
 
Golpes del destino
 
A su regreso a Valledupar, Emilianito Zuleta Díaz siguió exaltando la grandeza del Joe Arroyo, ‘El Centurión’, y solamente frenó su relato cuando en el bus comenzó a proyectarse la película ‘Golpes del destino’, que narra una historia similar, pero en imágenes.
“Cumplí mi cometido, cosa que me hace estar a paz y salvo con el hombre que regó alegrías a través de sus bellos y pegajosos cantos y que nos dejó la enseñanza de su perseverancia para alcanzar el triunfo”.
Al cierre de la entrevista, le pregunté sobre la canción que más le gusta de Álvaro José Arroyo González. El músico vallenato se queda pensativo debido a tantos éxitos, y responde: “Del Joe me gustan muchas canciones, pero la que me llena por la carga de sentimientos y agradecimientos es ‘En Barranquilla me quedo’”.
 
Del caribe aflora
bella, encantadora
con mar y río
una gran sociedad.
Barranquilla hermosa
yo te canto ahora
con gratitud y amor
del cantor al pueblo que adora
a la nobleza y sentir
de su gente acogedora
a mi patria chiquita
que me apoyó.
 

-Es el padre del cantante Farid Ortiz, quien se ha desempeñado en distintos oficios, llegando hasta ser alcalde en 1974 del municipio de Chiriguaná, Cesar-

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv

No más se sentó en la puerta de su casa los saludos no cesaron para el hombre que durante una cantidad de años se ha dedicado a brindar sus conocimientos médicos a los habitantes del corregimiento de La Loma, municipio de El Paso, Cesar.
La historia de su vida es tan larga como sus 86 años, que ha sabido vivir al lado de varias mujeres que le han regalado 23 hijos. “Es mi gran fortuna”, dice Gerardo Emilio Ortiz Sierra, nacido el miércoles 26 de febrero de 1930 en La Jagua de Ibirico, Cesar.
De un momento a otro y ante las preguntas dibuja en su mente cientos de recuerdos que va contando detalladamente. Comienza diciendo que se desempeñó en varias ocasiones como Inspector de Policía de La Jagua de Ibirico, docente por 19 años, Concejal en seis ocasiones del municipio de Chiriguaná y dos ocasiones Inspector de Policía en La Loma.
Su mayor logro político fue ser Alcalde del municipio de Chiriguaná durante varios meses del año 1974. “Imagínese tantos profesionales brillantes en ese territorio y me escogieron para desempeñar ese importante cargo. En ese tiempo El Paso, pertenecía a Chiriguaná”, anota Gerardo Ortiz.
Dejando a un lado la política ingresa al campo de la medicina donde se ha desempeñado a cabalidad teniendo la más grande aceptación.
“Todo llegó de la mano de Dios porque desde niño me gustaba la medicina y a mi casa llegó a vivir uno de los mejores pediatras de la Costa Caribe, el médico Ernesto Tiziano Mier Rojas, y sin pensarlo lo acompañaba a todas partes y de esa manera aprendí. Él, viendo mi interés me enseño muchas cosas. Aprendí a inyectar y a poner suero, en fin todo lo de enfermería”, relata el viejo Gera Ortiz.
Con el paso del tiempo era un experto en el arte de la medicina y comenzó a defenderse solo, creando fama en toda la región donde era consultado. De esa manera dice que tiene el récord de haber salvado de la muerte a 57 niños que ya habían sido desahuciados.
Hace varios años comenzó a estudiar lo referente a la medicina natural donde también se desempeña con lujo de detalles. “Gracias a Dios me ha ido bien en este campo que dos médicos me llevan a sus hijos para que los atienda”.
De Gerardo Ortiz, también se destaca su faceta como compositor vallenato y dice que cuenta con muchas canciones, siendo la más reciente una dedicada al campo que está abandonado.

Listado de hijos

Gerardo Ortiz, tiene una memoria privilegiada y recuerda diversos hechos sucedidos en su vida como funcionario público y médico del pueblo. Para conocer sus destreza en este campo se le pregunta por el nombre de sus 23 hijos, pero enseguida anotó que lo podía dar con los nombres de las siete progenitoras.
Cuando se le dijo que no era necesario, sin más preámbulos comenzó: Gerardo, Mery, Cristóbal, Carmen, Cesar, Telmira, Crisóstomo, Carlos, Calixto, Besaida, Luis, Edgar, Santos, Farid, Leticia, Senith, Edith Marqueza, Maribel, Edgar Emilio, María del Rosario, Wilfrido, Damaris y Siwil.
Cuando terminó expresó que eran el motivo de su vida y la mayoría son profesionales. “Mis hijos me salieron buenos y no me canso de decir que son mi gran fortuna”. Enseguida anotó que le habían fallecido dos hijos.

El amor sagrado

Al dar un recorrido por diferentes aspectos de su vida, hizo un repaso por el amor, donde dice que también se graduó con todos los honores. “El amor es una de las cosas más sagradas del mundo, al amor no lo manda nadie y nadie ha definido de donde nace”, es su reflexión.
Su compañera Erma Martínez Parra, lo mira de reojo, y él al verla comenta: “Ella, me ha aguantado todas las perrerías porque me ama. Vivo con ella hace 54 años”.
Erma sonrió, y sin preguntarle expresó que “Desde que el hombre sea bueno y cumpla con sus deberes no hay motivo para rechazarlo. Los celos no iban mucho conmigo porque yo era y sigo siendo la reina de Gera”.
El viejo medico del pueblo no esperaba esa inyección de amor verdadero y solamente atinó a decir: “Que palabras tan bonitas y más recibirlas a mi edad cuando estoy por encima de todo”.
El abrazo no faltó entre Gerardo y Erma, porque ellos están convencidos, así los años estén pasando a lista, que son ‘Prisioneros de amor’, como lo dice Farid Ortiz: “Que linda condena tengo yo, sus brazos son rejas del amor”.

Recetando

El viejo ‘Gera’, no se cansa de recetar y siempre acierta porque llega directo a la causa del mal de su paciente. “Mi experiencia me lleva a acertar y la persona queda feliz y me recomienda”. Sigue disertando sobre el avance de la medicina y expresa que ahora dan muchas vueltas para dar con el problema de salud de la persona.

De repente hace una parada en la charla y habla del homenaje que le harán por estos días en el 26º Festival de Canciones Samuel Martínez, de La Loma. “Esto no lo esperaba, pero es de mi agrado y lo voy a recibir tomando valeriana para estar bien calmado y no chocar con las emociones del corazón”.
Agacha su cabeza, se acomoda sus anteojos, piensa un largo rato y enseguida le da gracias a Dios por su familia y por ser un hombre bueno, noble y que se ha ganado el cariño de todos.
Enseguida llama a Erma, su compañera, y le dice que debe tomarse la foto con él, porque ha sido la mujer que nunca se ha cansado de sobrellevar sus alegrías, sus tristezas y los diversos quebrantos de su cuerpo.
En esa foto quedaron reflejados esos dos seres que han traspasado la barrera del tiempo, que han aprendido a interpretar la vida y cuyo amor a pesar de los escapes del corazón se esconde dentro de una rosa perfumada.