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Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

Desde muy niña a Consuelo Araujonoguera le gustó el vallenato y más cuando se lo escuchaba cantar a Ana Luisa en el hogar de sus padres Santander Araújo y Blanca Noguera, quien a toda hora soltaba cantos de esos viejos juglares.

Esos cantos de la joven se pegaron tanto que ‘La Cacica’ al escribir el libro ‘Vallenatología’, le dedicó una página.

Apartes de ese escrito dice: El sabroso merengue ‘La mujer amarilla’ de Francisco ‘Chico’ Bolaño que aprendí muy niña oyéndoselo a Ana Luisa, la cocinera de mi casa, una gigante femenina con la fuerza de un caballo, que hacía unas arepas deliciosas y que desde bien temprano, en la mesa que había debajo de un palo de limón que estaba en el patio, comenzaba a moler el maíz mientras gritaba, a voz en cuello: 

Tengo mi rosa sembrada,

tengo melón y patilla;

yo soy el hombre que pongo

a las mujeres amarillas. 

De boca de Ana Luisa también aprendí otro merengue de este género, cuyo autor no he podido precisar por más que he investigado y cuya letra comenzaba así: 

Compadre no se vaya,

que el sancocho ya va a está

tiene yuca, tiene ñame

y tiene batata morá. 

De esta manera nació su inquietud por el auténtico vallenato que la llevó a convertirse con el paso del tiempo en una verdadera vallenatóloga y de esta manera pudo conocer de cerca a esos músicos que se la pasaban cantando historias simples, pero bellas porque las engendraba el sentimiento y las paría la inspiración. 

Fidelia, guardiana de los recuerdos 

En medio de esas añoranzas aparece Fidelia María Vásquez López, natural del corregimiento de Mariangola, quien llegó a la vieja casona de la plaza Alfonso López cuando Consuelo Araujonoguera tenía cinco días de casada con Hernando Molina Céspedes.

“Yo tenía 14 años cuando me trajeron y la señora Consuelo se acababa de casar. Ella tenía 18 años. Me amañé enseguida y así poco a poco me fue enseñando los oficios de la casa. La acompañaba a echarle maíz a las gallinas, a regar las matas y aprendí a hacerle los plátanos amarillos serranos con queso, y además le añadía un vaso con leche. Ese era la comida que más le gustaba en la mañana. Ya hacía parte de ese hogar y con el paso de los años fueron llegando sus hijos”.

Las añoranzas enseguida visitan su mente y relata hechos trascendentales de esa gran familia y hace referencia al gran amor de ‘La Cacica’ por todos sus hijos y nietos.

“Cuando hablaba sobre sus hijos se emocionaba y así los definía: Hernando, era el hijo amigo y el hermano mayor; Andrés, el intelectual; Ricardo, el campesino agricultor; María Mercedes, la bohemia; Rodolfo, su alma noble y Edgardo José, ‘El Cuchi’, igualito a su papá en todo”.

A Fidelia también le llegó la etapa de enamorarse y casarse, y entonces ‘La Cacica’ la mandó a hacerse cargo de la finca ‘Mano de Dios’, y allá estuvo 12 años hasta que se regresó a la vieja casona como ama de llaves.

“De esa manera conocí de cerca a prestantes personalidades del país como Gabriel García Márquez, muchos presidentes de la República, ministros, embajadores y especialmente al doctor Alfonso López Michelsen, quien me decía que si le rascaba la planta de los pies con una peinillita me daba para ir a cine”.

Fidelia sigue recordando y llega al punto donde las lágrimas aparecen sin pedir permiso. “La señora Consuelo me bautizó a mi hija María Angélica, pero nunca le dije comadre. Ella, unida a mis hijos, fue lo mejor que Dios me ha regalado en la vida. Me dio muchas cosas, como blusas y vestidos que conservo, pero especialmente me ayudó en la crianza de mis cinco hijos y hoy tres son profesionales”.

Se calmó un poco y contó su entrada hace 30 años a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. “Esa fue una bendición que en pocos días me permitirá quedar pensionada. Ella me dijo: necesito que vengas a trabajar conmigo y aquí estoy. Comencé en el sótano de la tarima Francisco El Hombre, y luego pasé hace 12 años al Parque de la Leyenda Vallenata”.

En ese lugar es la diosa coronada, el baúl de los recuerdos, la señora amable, querida y que siempre tiene una sonrisa. La comadre de Consuelo Araujonoguera, pero especialmente la mamá a la que aman sus hijos porque con esfuerzo los sacó adelante. 

Sigue en su corazón 

Fidelia Vásquez no quiere recordar ese sábado 29 de septiembre de 2001 cuando recibió la noticia de la muerte de su comadre, de su amiga y la mujer que la recibió desde niña en su corazón y en la vieja casona de la plaza Alfonso López.

Entonces medita un poco y enseguida anota: “Siempre la recuerdo sonriendo. La recuerdo vestida de pilonera, con sus trinitarias en la cabeza y cantando esas canciones que la emocionaban”. 

Este es el amor, amor

el amor que me divierte

cuando estoy en la parranda

no me acuerdo de la muerte. 

Toma en sus manos el libro ‘Consuelo Política’ escrito por el periodista Galo Manuel Bravo Picaza, donde tiene subrayadas varias frases dichas por ‘La Cacica’ en su campaña a la Gobernación del Cesar.

Una de ellas le llama la atención y la lee pausadamente. “Mi propuesta es una propuesta de paz y tranquilidad que solo se consigue cuando la gente tenga donde trabajar y cuando no sean los viejos que tengan que sepultar a los jóvenes”.

Fidelia sigue en el lugar de siempre brindando con cariño un tinto a cada visitante a las oficinas de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, y claro con su inmensa carga de recuerdos. Ella no se cansa de agradecer a la señora Consuelo, como siempre la llamó, a pesar de ser su comadre, y ahora a sus hijos a los que cuidó, vio crecer y de quienes ha recibido mucho cariño y una casa.

Al final pidió anotar algo. “Diga que la señora Consuelo me hace mucha falta y que todavía hago las cosas como a ella le gustaban”. Fide, como todos la conocen, se quedó ajustando cuentas con la nostalgia.

 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

En medio de las miles de alegrías que vivió en su vida musical Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza Daza, solamente una lo hizo llorar muchas veces. Ese detalle cantado  lo recibió en una memorable parranda por parte de Ivo Luis Díaz Ramos, el hijo de Leandro Díaz, quien hace remembranza de esa historia que vivió al lado del hombre que lo proyectó por el mundo vallenato.

“Yo conocí a ‘Colacho’ Mendoza cuando tenía siete años, por las visitas a nuestra casa en San Diego, debido a que iba al pueblo a visitar a su mamá y a su novia Fanny Zuleta”.

No para de contar y anota: “Cuando tuve al frente a ‘Colacho’ fue algo emocionante porque ya sabía de él a través de mi papá. De aquella vez me quedó la imagen del señor que tenía sombrero elegante y con una nota que cautivaba”.

Recalca sobre la imagen de ese músico que tiempo después se enteró interpretaba las canciones del maestro Rafael Escalona y el acordeonero invitado a las eternas parrandas de la familia Pavajeau y de Hernando Molina Céspedes.

Cuenta que a través de esa sincera amistad con Leandro Díaz, fue el primero en grabarle varias canciones entre ellas ‘Yo comprendo’, ‘Morenita’ y ‘La bruja’ 

La primera grabación 

A Ivo, le sirvió sobremanera acompañar a su padre en los largos recorridos por ciudades y pueblos a donde llevaba el mensaje musical y aprovechaba para cantar una que otra canción.

En el año 1989 Ivo, grabó su primer trabajo musical con el Rey Vallenato Rafael Salas, y no dejaba de acompañar a su progenitor hasta que una vez le dieron la oportunidad de cantar cinco canciones con ‘Colacho’. “Todo eso se lo debo a mi padrino Darío Pavajeau, quien me volvió a invitar a la parranda y canté más de 10 canciones”.

Entonces llegó la mejor oportunidad de su vida que la cuenta de la siguiente manera: “El gran ‘Colacho’ Mendoza le dice a mi papá que dentro de 15 días iba a tocar una fiesta para que me diera permiso y lo acompañara. Mi papá se sintió halagado y fue el comienzo de mi cercana relación con este gran acordeonero que supo valorar mi talento”.

De esa manera llegó la oportunidad de grabar un trabajo musical que llevó el titulo de ‘Maestría de triunfadores’ y fue presentado la noche del jueves 11 de junio de 1992, y minutos después se conoció la noticia de la muerte de Rafael Orozco en Barranquilla.

En total esta pareja musical grabó 10 producciones musicales. “Estuvimos 14 años unidos y solamente nos separó la muerte”.

En ese instante Ivo bajó su cabeza, se hizo una pausa en la entrevista porque la nostalgia lo atrapó al pensar en aquel hombre guajiro, Rey Vallenato en 1969, Rey de Reyes en 1987 del Festival de la Leyenda Vallenata y que además de él grabó con Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Silvio Brito, Pedro García, Carlos Lleras Araújo, Isaac Carrillo, Julio Bovea Fandiño e incluso con la orquesta Guayacán. 

Señor ‘Colacho’ 

Al acumular todas esas vivencias el cantautor Ivo Díaz, había venido pensando en hacerle una canción a su compañero ‘Colacho’ Mendoza y la oportunidad le llegó en el año 1994. Fue en una parranda donde le rindió el mejor homenaje en vida y ante pocas personas.

“No sabía como presentar la canción porque el acordeonero era ‘Colacho’. Le dije al dueño de la parranda que tenía una nueva canción y me dijo que la cantara. No había otra opción. Solamente a ‘Colacho’ le chiflé la melodía”. Entonces ‘Colacho’ Mendoza comenzó a tocar su acordeón y de repente se sorprendió con el mensaje. 

Señor ‘Colacho’ Mendoza

el acordeonero más noble del Valle

hoy quisiera dedicarle

los versos sentidos de esta inspiración. 

Y seguidamente en medio del canto hace varias preguntas que el mismo sin dudarlo responde: 

¿Como se llama el que toca?

‘Colacho’

¿Ese quiere la gente?

‘Colacho’

El de la bonita nota

‘Colacho’

Ese amigo inteligente

‘Colacho’ 

El cantor de vallenato auténtico cuenta entre lágrimas, 22 años después, la reacción de ‘Colacho’ por ese homenaje. 

“Por primera vez lo cuento. Fue una expresión de asombro. Fijó su mirada en mí. Estaba llorando al escuchar la manera como lo estaba describiendo. Cuando terminó la canción se puso de pie y me regaló un abrazo de agradecimiento. Seguidamente se sentó y me pidió que la volviera a cantar. En la parranda la canción se repitió más de diez veces y siempre estuvo emocionado”.

Desde ese momento la canción se convirtió en el himno de ‘Colacho’ Mendoza, de sus amigos y seguidores. Cuando el trabajo musical se grabó no había otro titulo ‘Señor Colacho’ porque como el mismo acordeonero la describió. “Es una estaca de canción”.

Ivo regresa para recordar.”En todas las presentaciones se cantaba, y se convirtió en el más sentido homenaje al amigo, al acordeonero, ese del que aprendí  la disciplina, la formalidad y la puntualidad. El mismo al que dibujo fielmente en la canción. El hombre de la magia, el maestro que dejó su propia escuela, encabezada por su hijo Wilber, también Rey Vallenato”.

El hijo de Leandro Díaz buscó la mejor manera de exaltar a ese hijo de Sabanas de Manuela, San Juan del Cesar, La Guajira, quien nació el miércoles 15 de abril de 1936 y murió en Valledupar el sábado 27 de septiembre de 2003, dejando un sello imborrable en la auténtica música vallenata. 

Ese que es un buen amigo

ya él era famoso, yo estaba muchacho

ese de sombrero fino, de acordeón al pecho

se llama ‘Colacho’.

Por Juan Rincón Vanegas @juanrinconv 

Desde muy niño Oswaldo Enrique Rojano Caraballo se enamoró de esos vallenatos auténticos que escuchaba a través de Radio Libertad de Barranquilla, en el programa ‘Rapsodia Vallenata’, que presentaba el veterano locutor Rafael Xiqués Montes.

“Desde que nací, ya oía música vallenata, y con el paso de los años me aprendí todos los discos que salían. Cantaba donde quiera que iba. Era un niño campesino, y andaba con mi papá en labores de la agricultura. Luego me integré con un conjunto del pueblo, donde los acordeoneros eran Amaury Sarabia y Pablo Venecia”.

De un solo tirón, éste artista quería contar la historia de su vida, esa misma que le permitió ser un cantante aventajado. No paraba de hablar, y pretendía unir en un solo recuerdo esa larga historia que empezó en su tierra natal Mahates, Bolívar, hasta llegar 63 años después a Soledad, Atlántico. 

Luchador del folclor 

Este luchador del folclor vallenato dice que nació para cantar, cuenta su ingreso a la música vallenata en firme. “Esto fue algo que llegó del cielo. Cuando tenía 20 años me vine del pueblo para un carnaval a Barranquilla. Ya cantaba, me rebuscaba en los pueblos, y entonces la cosa cambió. En una parranda me encontré con Dolcey Gutiérrez, a quien le gustó mi manera de cantar y de inmediato me integró a su conjunto. Con Dolcey duré tres años, luego me uní a un grupo de Soledad llamado ‘El espuela de oro’, cuyo propietario era Manuel Niebles González”.

Oswaldo entrega grandes detalles de ese comienzo de actividades musicales, hasta que aterriza en su primera grabación con el grupo de Los Hermanos Sarmiento. “Esa fue una bendición, impusimos la canción ‘Navidad cantando, Navidad gozando’, y realizamos muchas presentaciones”.

No había terminado de hablar, cuando trajo la canción a la pista de su memoria y cantó:

 Con mucho ron y buena comida

celebramos todos la despedida

de un año viejo que se aleja

y de un año nuevo que se avecina

Navidad cantando, Navidad tomando

Navidad gozando, Navidad bailando. 

Cuando concluyó el verso se llevó las manos a la frente. Fue el instante para revivir esos tiempos en que la Estrella de Belén marcaba el derrotero del remate del año, calcaba las alegrías y nostalgias en los corazones. También su aparición en el mundo discográfico, hecho que le depararía momentos felices y algunas tristezas que quedaron regadas en el camino.

Después de evocar, continúa diciendo: “Así comenzó mi carrera en la música vallenata, historial que me ha llevado a grabar 14 discos y cinco CD, de los cuales me han quedado muchas satisfacciones porque continúo vigente, así sea en parrandas y diversas presentaciones”. 

‘El Aparato’ Rojano 

La charla era amena, y entonces llegó el momento de la nostalgia, porque trajo a colación el sobrenombre artístico que se ganó por haberle grabado una canción al Rey Vallenato Calixto Ochoa.

“La canción ‘El aparato’, que apareció en el trabajo ‘Delicias Vallenatas’, me marcó de por vida, y en cada presentación que hago me la piden. Esa canción la grabé en 1982 con el acordeonero Virgilio de La Hoz. La canción nunca ha pasado de moda, y tengo un agradecimiento eterno para el gran Calixto Ochoa”.

Expresa Oswaldo que el mencionado tema es su carta de presentación e incluso, está pensando incluir el nombre en la cédula, porque pocos lo conocen por Oswaldo Enrique Rojano Caballero, sino que le incluyen el apelativo de ‘El Aparato’.

Pasado el tiempo anota que la música ha sido su vida, y que de ella ha vivido al lado de su señora Yamiris Arzuza González y sus hijos Johnny Alberto, Andrés y Oswaldo Enrique. “Nunca lo he negado. La música es mi vida, la satisfacción más grande la siento cada vez que llego así sea a la parranda más pequeña, y le alegro la vida a todos los presentes. Entro como pequeño, y salgo como grande por el agradecimiento general. Gracias a Dios por darme este talento”.

‘El Aparato’ Rojano resalta que su repertorio es amplio, porque no solamente canta las canciones que grabó, sino de todos los cantantes vallenatos. “Lo mío es vallenato puro, ese mismo que aprendí desde muy niño”.

A lo largo de su relato hace énfasis en todos los temas atinentes a su profesión y recalca que “he grabado todo el tiempo, más ahora que hay estudios por todas partes, y no es como antes que solamente se hacía en Bogotá o Medellín. Además de grabar me presento en estaderos, corralejas, casetas y donde me soliciten para parrandas o serenatas. Puedo cantar hasta el amanecer, soy un cantante de cuatro o cinco tandas”.

En los próximos días, este curtido cantor entregará una nueva producción musical teniendo como acordeonero a Juan Vergara. 

Cantor campesino 

Todos los días, especialmente los fines de semana en las horas de la tarde, Oswaldo ‘El Aparato’ Rojano se ubica con un grupo de músicos en el Parque Joe Arroyo, calle 72 con carrera 46 de Barranquilla, donde esperan a las personas que lleguen a contratar sus servicios.

“Desde hace muchos años estoy en esto, y siempre nos contratan. Nos turnamos para los trabajos. Tenemos una gran unión que nos ha servido para salir adelante en invierno o en verano”.

Cuando se le pregunta cuánto es el precio que cobra por la presentación de una hora, anota: “De todos los precios, y hasta rebaja se hace, pero regularmente son 300 mil pesos libres, que en el caso de un grupo vallenato se reparten entre cuatro. Claro, que en una noche se pueden realizar varias presentaciones y se imagina lo bueno que nos va”.

El cantor campesino que salió hace muchos años de Mahates se quedó haciendo reflexiones sobre el vallenato viejo que nunca muere porque en todas partes se interpreta, principalmente en Valledupar, donde en 1968 nació el Festival de la Leyenda Vallenata.

Cuando llegó la hora de la despedida, aprovechó para expresar: “Gracias por acordarse de este humilde servidor, que ha pasado toda la vida cantando el verdadero vallenato. Así lo haré hasta que Dios me llame a ponerle una parranda en el cielo, y en la cual espero me acompañe Alejo Durán”.

Oswaldo ‘El Aparato’ Rojano tuvo a bien mostrar su gran tesoro, el carro Zastaba modelo 72 que adquirió hace 35 años. “Con mi carrito voy a todas partes”. Además, y de paso hizo un recorrido mental por esos clásicos vallenatos que son su alimento diario, entre ellos ‘La aventurera’ (Pablo Flórez Camargo), ‘No llores mujer’ (Marina Barrios), ‘La pruebita de amor’ (Carlos Bretel), ‘Superación de un hombre’ (Enrique Rada), ‘Ejemplo para el mundo’ (José Antonio Crespo), ‘El alambique’ (Nicolás Bolaños), y naturalmente, ‘El aparato’, su canción predilecta: 

Ayer cuando yo salí, había un asunto pendiente

y cuando llegué a la cita, me encontré un aparato

que se burlaba de mí, y me mondaba los dientes

me decía con su voz ñata aunque tu corras yo te alcanzo.

Yo salí corriendo, corría, y entre más corría,

pero el aparato más cerquita lo veía.

‘El Divo de Juárez’ dejó en la Capital Mundial del Vallenato la camisa que lució durante el histórico concierto del 29 de abril de 2013. 

Por Juan Rincón Vanegas - @juanrinconv 

El lunes 29 de abril de 2013 la casa más grande del vallenato en Colombia estuvo a reventar. El Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araújo Noguera’ se vio colmado ante el esperado concierto del artista mexicano Juan Gabriel.

‘El Divo de Juárez’ no solamente se entregó durante las dos horas y 11 minutos del concierto en el que plasmó con su voz su sentimiento de cantor, su agradecimiento a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, sino que exaltó la ciudad más arborizada que había visto. Además, dejó como recuerdo la camisa autografiada que lució esa noche gloriosa matizada con rancheras y baladas.

Dos días después del concierto, su empresario Carlos Gutiérrez llevó la camisa en chiffon color naranja estampada, talla L, lavada y planchada, con un mensaje de agradecimiento del artista por las atenciones recibidas, por la calidad humana de los asistentes al concierto y donde también se disculpaba por haber estado un poco disfónico.

La elogiada camisa hoy queda como gran testimonio del artista que de igual manera opinó que le gustaba la música vallenata, por todas las historias que contaba y por su parte rítmica que lo hacía bailar. 

Gráficas memorables 

El concierto de Juan Gabriel estaba previsto para un día antes, al lado de los grandes del vallenato, pero por solicitud del empresario, debido a que el cantautor recibía para esa fecha un homenaje del gobierno mexicano por sus 40 años de vida artística, se hizo para la fecha anotada al lado de Pitbull, Peter Manjarrés y Martín Elías.

Antes de subir a tarima, al reconocido artista le fue entregado por parte de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata un poncho y un sombrero vueltiao, prendas que lució orgulloso durante gran parte del concierto, tal como lo registraron las fotografías de Edgar De la Hoz Anaya, reconocido comunicador, quien sobre esa velada memorable manifestó: “el cubrimiento del concierto de un gran artista como Juan Gabriel sin duda es una experiencia visual enriquecedora. Era un artista que trasmitía tranquilidad, un mensaje de sentimiento en sus letras y una puesta en escena sin complicaciones, evidenciando el desprendimiento de parafernalias distractoras”.

Seguidamente entrando al plano artístico anotó que “Juan Gabriel era un gran artista, un artista que se entregaba hasta el cansancio ante el público. Lo tuve cerca, y la mayoría de las veces sonreía ante la acogida que estaba recibiendo. Para la historia queda el registro gráfico logrado a instancias de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, que de manera grata hace parte de nuestra cultura”. 

Concierto sensacional 

El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo, al recordar ese concierto indicó: “ese evento musical fue del agrado de todos los asistentes por la calidad y entrega del artista en tarima, su sencillez y calidad humana. Fue de esos conciertos sensacionales, y hoy más que nunca lo recordamos. Que honor tan grande haber tenido a Juan Gabriel en Valledupar. De igual manera destaco el detalle de dejarnos la camisa autografiada que lució en ese concierto”.

Juan Gabriel vino a Valledupar en avión privado, trajo una banda y su mariachi, su chef privado y reportero gráfico personal. El camerino le fue adecuado con un sofá grande, cortinas blancas y rosas rojas. Pidió algo muy sencillo, pero acogedor.

El concierto lo inició con la canción ‘No tengo dinero’, y lo culminó con ‘Por qué me haces llorar’. En total interpretó 15 canciones.

Alberto Aguilera Valadez, más conocido como Juan Gabriel, partió colmado de aplausos luego de expresar: “Gracias Colombia”. Se marchó para nunca más volver, dejando una estela de alegrías cantadas que ahora se enfrentan a la tristeza, pero que se esquivan al enfocar la nostalgia viva que ahora produce la partida final del ídolo.

‘El Divo de Juárez’ se quedó para siempre en el corazón de todos lo que asistieron al concierto, y que cantaron al unísono sus canciones, esas que lo convirtieron en ídolo, le otorgaron diversos premios y su ingreso al Salón de la Fama.

El secreto del artista consistió en componer y cantar de acuerdo a lo que le dictara su alma. De esta manera, se fueron desgajando versos y estrofas que fácilmente llegaban al oído de millones de personas que se extasiaron con sus canciones.

Ahora, se dará paso a la leyenda de ese ser singular que nunca se cansó de cantarle a ese sentimiento llamado amor, que durante su vida subió y bajó, pero que él nivelaba con su voz romántica que tenía la esencia para plasmarse en el pentagrama donde las notas lloraban y reían. 

Un astro en el firmamento 

En medio de todos esos recuerdos de Alberto Aguilera Valadez, aparece el concepto de Diomedes Díaz Maestre, quien en el año 2011 le grabó al lado del Rey Vallenato Álvaro López Carrillo la canción ‘Caray’.

Al ‘Cacique de La Junta’ le preguntaron sobre el artista mexicano, y sin pensarlo respondió: “Juan Gabriel es un lucero, una estrella, un astro”. Que mejor definición para exaltar a ‘El Divo de Juárez’, ese que ahora brilla en el firmamento con luz propia y cuyas canciones se seguirán escuchando porque se quedaron pegadas en el pentagrama del sentimiento: ‘Siempre en mi mente’, ‘Amor eterno’, ‘Así fue’, ‘Querida’, ‘Hasta que te conocí’, ‘Te sigo amando’, ‘Abrázame muy fuerte’, ‘No tengo dinero’, ‘Por qué me haces llorar’, ‘Se me olvidó otra vez’, ‘Yo no nací para amar’, ‘Déjame vivir’, ‘Ya lo sé que tu te vas’, ‘Adiós al amigo’ y ‘Eternamente agradecido’, entre otras.

Para muchos quedará en el recuerdo la dulce melodía acompañada por unos versos que continuarán sonando con la dulzura y el estilo original del singular cantautor mexicano: 

A todas aquellas personas que me conocieron

y que siempre me dieron cariño y amor,

quiero decirles que los recuerdo

que siempre los llevo conmigo

 por donde quiera que yo voy

 y que nunca los voy a olvidar.