Crónica. Alaín Cárcamo, el compositor que más ha creado festivales vallenatos en Colombia

Por Juan Rincón Vanegas – @juanrinconv

Desde muy niño el hoy médico y compositor Alaín Ramón Cárcamo Parra, fue un enamorado del vallenato clásico que le inculcaban su tío Flaminio Cárcamo Núñez y su primo Luis Alfonso Molina Parra, quienes se la pasaban interpretando las canciones que le han dado vida al pentagrama del folclor.

Esa fue la cuota inicial para que su corazón tomara el rumbo de la música y más adelante tuviera la suficiente fortaleza para componer obras que hoy hacen parte de los llamados clásicos vallenatos, pero antes de eso, siendo muy joven, se aventuró en la Universidad Libre de Barranquilla por su propia iniciativa y al lado de varios estudiantes a crear en el año 1984 el Festival Vallenato Zona Norte que se realizó por varios años.

El experimento resultó excelente porque el vallenato se metió en ese importante claustro universitario y muchos supieron de paseos, merengues, sones y puyas. Y hasta de esos juglares que tuvieron la osadía de andar tocando y cantando por los caminos de la región Caribe.

Tiempo después, año 1987, la llama del amor lo arropó en el pueblo de Juan de Acosta, Atlántico, y para darle a entender a su novia que también amaba al vallenato gestionó con las autoridades y amigos cercanos la creación del Festival Cóndor Legendario en homenaje a Alfonso Molina, compositor de esa clásica canción.

Alaín va contando la historia con esos bríos folclóricos y se remite a San Alberto, Cesar, donde estuvo haciendo el año rural. Efectivamente fue en ese pueblo donde nació en el año 2002 el Festival Vallenato del Sur del Cesar. No contento con lo anterior, llegó ese mismo año hasta Aguachica, y al lado del exalcalde José Antonio Bermúdez, arrancaron con el Festival Morrocoy de Oro.

Hace una parada y se emociona porque dice que todavía se hace en aquel lejano pueblo de sus añoranzas, Juan de Acosta, el Festival Cóndor Legendario.

“Valió la pena sembrar esa semilla de folclor y eso me llena de orgullo porque he contribuido con la causa vallenata que iniciaron en Valledupar, Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Escalona”.

En total suma cuatro festivales vallenatos, además de otros que no ha creado, pero ha estado ocupando diversos cargos, caso del Festival Nacional Folclórico y Recreativo de Juegos y Rondas Infantiles, de Curumaní, Cesar, que llega a 28 versiones, donde por varios años ofició como presidente. En este certamen tienen cabida los concursos de acordeón infantil, acordeón juvenil, piqueria y canción inédita vallenata.

“No tuve la oportunidad de crearlo, ya que cuando lo hicieron me encontraba estudiando, pero he desempeñado cargos, como presidente y coordinador. Donde me pongan trabajo con el mismo cariño por sacar adelante la cultura y el folclor de nuestro municipio de Curumaní”, anota Alaín Cárcamo.

Con el paso de los años muchos certámenes vallenatos han desaparecido por diversos factores. El médico hace un rápido análisis y anota. “Yo digo que es el factor económico porque las cosas han ido cambiando y eso a veces no permite que se tenga el recurso fluido para realizarlo. Otro factor es la falta de promoción, y por ende no se obtienen los resultados esperados”.

Parranda en el cielo

Estando en esa etapa de médico y de organizador de certámenes vallenatos, cierto día del año 1991 comenzó a componer, y logró invitar a la inspiración naciendo la célebre canción ‘Parranda en el cielo’ que le grabó Jorge Oñate.

Cuál será la parranda

Que en el cielo se oye,

yo la quiero escuchar.

Oigo gente que canta,

oigo gente que toca,

yo quiero parrandear.

“Todo sucedió en Media Luna, Cesar, donde estaba como médico, y logré dársela a conocer a Jorge Oñate. La canción fue afortunadamente bien lograda, convirtiéndose en todo un suceso musical”, expresa Alaín Cárcamo.

Añade que hace poco el cantante Silvestre Dangond le sumó una nueva estrofa a la canción donde figuran nuevos artistas fallecidos. “Le agradezco al artista por sumarse al homenaje a estos hombres que dejaron huellas en el folclor vallenato”.

Después de aquel suceso llegaron más de 50 canciones y 17 de ellas han sido grabadas como ‘Las hijas de mama’ (Carlos Narváez y Dagoberto ‘El Negrito’ Osorio), ‘El más rico’ (Emiliano y Toba Zuleta), ‘Eterno adiós’ y ‘El amor es rosa’ (Silvio Brito), ‘Los mandamientos’ e ‘Igual que yo’ (Los Chiches Vallenatos, entre otras.

Entrando en el campo del momento que vive la música vallenata manifiesta que “Ojalá la declaración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, sirva para corregir algunos problemas. Es que hoy la mayoría de canciones las componen por encargo, o con poca inspiración, y no sucede como antes que se componía por lo que se sentía y la inspiración era clave. Ahora las canciones se escuchan 2 o 3 meses como máximo y llega otra y pasa lo mismo. No se puede perder la esencia y la pureza del vallenato”.

Destacó de igual manera el trabajo cumplido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. “Ha dado la talla y ha sacado adelante el Festival Vallenato que ya suma 50 años. Hay que reconocer todos los méritos a sus creadores porque tuvieron la visión de proyectarlo de la mejor manera. Los que han seguido al mando están por la misma línea. A la Fundación Festival se le debe que el vallenato tenga ese ensanchamiento global”. 

Señor Homenaje

Alaín, por estos días anda feliz porque en Curumaní, su tierra, le harán el mejor homenaje en el festival que ha ayudado a edificar, que ha tomado de la mano para guiarlo por la mejor senda.

Sus paisanos le agradecerán todo su aporte en el campo de la medicina y del folclor, porque ha sido un hijo noble, bueno y como en una de sus canciones no es el más rico, sino el que ha dado todo por su pueblo.

Él, en la entrevista dejó escapar varias lágrimas y con ellas intentará regar el corazón de todos lo que han conocido las gestas del hijo de Allan Cárcamo Sánchez y María Isabel Parra Carvajal, quienes le inculcaron el amor a los suyos y lo guiaron para que entregará la mejor fórmula de cariño.

Al final se quedó cantando nuevas canciones que son el mejor escape del sentimiento. Y muy bien lo reseñó. “Cuando uno lleva la música vallenata en las venas, la llama no debe apagarse”.

 

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